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El enemigo con rostro sonriente: ¿Pasó de moda?
Resumen
En
el presente trabajo se pretende abordar una
de las aristas de la hegemonía
global del gobierno de los Estados Unidos de América: la ideo-cultural, que
pasa por el control de las tecnologías de la
información y las comunicaciones y constituye un complemento
extraordinariamente importante en su proyecto de dominación internacional. “Se
domina mucho mejor si el dominado no tiene conciencia de ello. Los colonizados y
sus opresores saben que la relación de dominación no se basa solo en la
supremacía de la fuerza. Pasado el tiempo de la conquista, llega la hora del
control de las mentes. Por esa razón, a largo plazo, para todo imperio que
desee perdurar, el principal desafío consiste en domesticar las almas.” .Ramonet. Aunque
el contexto internacional parezca
demostrar lo contrario y sea el uso de la fuerza tecno-
militar el método de dominación preferido por el imperio en estos tiempos para
verificar su hegemonía planetaria, sería dolorosamente ingenuo pensar que este
por sí solo haya podido garantizar un dominio a largo plazo en un mundo donde
cada minuto que pasa, la indignación provocada por el exterminio sistemático
de inocentes despierta las sensibilidades mas remolonas. El poderío militar norteamericano como el resto de los imperios que el mundo ha conocido no hubiera podido por sí solo mantener una dominación como la que (muy a nuestro pesar) ostenta si no fuera gracias a la existencia de una poderosísima maquinaria ideológica que conquista mentes y paraliza espíritus. Esa maquinaria ha existido siempre, constituyendo un complemento esencial del poderío económico, militar y científico de la nación norteña, aunque naturalmente se ha desarrollado y diversificado a lo largo de la historia, abarcando hoy todas las esferas de la vida espiritual del individuo y la sociedad en su conjunto. Su objetivo capital: eternizar el status del “vecino de los altos” como única potencia hegemónica en el mundo, para lo cual la utilización de la fuerza bruta resulta insuficiente. Es
gracias a ello que una supremacía militar, económica y tecnológica tan
aplastante no suscita mayores críticas o resistencias, pues los
Estados Unidos ejercen, por añadidura, una hegemonía en el campo cultural e
ideológico. Ese dominio ideo-cultural se evidencia hasta en el control de lenguaje, de los conceptos y del sentido de estos, a tal punto que imponen la utilización de palabras y frases que han creado para denominar los mismos problemas de los que ellos son responsables. ¿Qué son por ejemplo los “daños colaterales” o las “intervenciones humanitarias” sino construcciones verbales para disimular (lo que ya hoy es indisimulable) la barbarie y el genocidio? Esta claro que para ello ha debido desarrollarse una nueva clase de tecnología: la de la manipulación, a la que el escritor uruguayo Eduardo Galeano denomina como “la máquina de traicionar palabras” y que sirve para disfrazar las verdaderas intenciones del poder y de paso sumir al individuo en un marasmo que lo incapacite para emprender cualquier acción contraria al orden de cosas establecido. Para ese propósito disponen de un dispositivo, que contempla un amplio espectro de instituciones y centros de investigación con las cuales colaboran miles de analistas y expertos (tanques pensantes) que se dedican exclusivamente a generar información sobre cuestiones económicas, jurídicas, sociales, militares, culturales y de toda índole con un sentido favorable a los intereses de dominio global que han perturbado el sueño de los inquilinos de la Casa Blanca y de sus representados (entiéndase Capital transnacional). Esa información una vez producida circula como reguero de pólvora por el mundo, avalada por el tremendo desarrollo de las Tecnologías de la información y las comunicaciones y es consumida como una mercancía más por el ciudadano común, para que cause el efecto resigno-idiotizante que se espera de ella. Al apoyarse en el poder de la información y de las tecnologías, los Estados Unidos establecen con el asentimiento tácito de sus vasallos globales un dominio mas sutil y “benévolo” pero indudablemente mas eficaz y duradero pues no es sobre el cuerpo donde incide sino sobre el espíritu, máxime cuando ese poder está sustentado asimismo en el control de las industrias culturales y del entretenimiento a nivel mundial. Es por ello que el papel de los medios (radio, TV, prensa escrita, Internet) ocupa un lugar preponderante en este sentido pues el mundo de la comunicación está organizado para funcionar como una máquina de reproducción y expansión de la ideología dominante. Su
función primordial hoy en día no
es servir a los intereses de la sociedad como contrapoder frente a los desmanes
del poder político, sino por el contrario reforzar los tres que componen aquel
con un 4to poder que sextuplica sus
posibilidades de éxito frente a cualquier idea divergente. Las posibilidades de Estados Unidos para ello son más que evidentes pues disponen del control indiscutible de los principales megagrupos que dominan todos los sectores mediáticos a nivel mundial: es el país de los gigantes de la informática como Microsoft, IBM o Intel y de los monstruos de Internet como Yahoo. Hiper-empresas como AOL-Time-Warner, News Corp Viacom o NBC tienen la capacidad para seguir concentrando cada vez más poder gracias a la absorción de otras, incapaces de competir con estas. “La repetición, (declaró unos directivos de la Coca-cola en una ocasión) puede acabar con todo. Una gota de agua terminará atravesando una roca. Si golpea en el lugar exacto y de forma continua, el clavo se hundirá en la cabeza”.Es ese justamente el principio rector en virtud del cual se propaga el dominio mediático norteamericano por el planeta. No importa que el sano juicio indique por ejemplo, que Cuba no es una amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos; de acuerdo a este principio, si se divulga que lo es (como efectivamente se ha hecho) por todas las formas y vías posibles, de seguro que el disparate que ello supone tendrá innumerables partidarios que lo asumirán como una sólida verdad. El
resultado de todos estos factores combinados conduce a la entronización de un
pensamiento único como consecuencia directa del compadreo entre
los medios de comunicación y el “establisment” político. Ahora
siguen ya estrategias convenidas previamente. En determinados casos, establecen
incluso campañas conjuntas para crear determinados estados de opinión: la
Prensa pone en circulación con aire de espontaneidad tal o cual idea, los políticos
se hacen eco de ella, la Prensa se hace eco del eco de los políticos, los
informativos lo reflejan, las tertulias lo comentan y, en un santiamén, ya está
en marcha el clamor popular deseado. Llegado el caso, el poder legislativo se
hace cargo de su conversión en ley, y el judicial, de su aplicación. Un
mecanismo diabólico sin dudas, pero efectivo. Pero,
por si no bastara esas empresas mediáticas al servicio del poder imperial
complementan eficientemente su labor desmovilizante incorporando los
video-juegos, los DVD, los CDS musicales, la música popular, las distracciones,
las ciudades de ocio tipo Disneyland por ejemplo, y también pueden integrar el
cine de diversión, la televisión, los dibujos animados, las tiras cómicas, el
deporte-espectáculo, la edición de libros, etc. Todo
ello dirigido a construir símbolos (Súper-héroes como Rambo,) identidades,
patrones de vida, formas de actuar que potencien al consumidor ingenuo y
desideologizado que busque a cualquier costo ser un “ganador”sin preocuparse
de los medios para obtenerlo. En tal sentido El propio Galeano ha referido: «El número de quienes tienen derecho a escuchar y ver no cesa de acrecentarse, en tanto se reduce vertiginosamente el número de quienes tienen el privilegio de informar, de expresarse, de crear. La dictadura de la palabra única y de la imagen única, mucho más devastadora que la del partido único, impone en todas partes el mismo modo de vida, y otorga el título de ciudadano ejemplar a quien es consumidor dócil, espectador pasivo, fabricado en serie, a escala planetaria, conforme al modelo propuesto por la televisión comercial norteamericana. (...) En el mundo sin alma que los medios de comunicación nos presentan como el único mundo posible, los pueblos han sido reemplazados por los mercados; los ciudadanos, por los consumidores; las naciones, por las empresas; las ciudades, por las aglomeraciones. Jamás la economía mundial ha sido menos democrática, ni el mundo tan escandalosamente injusto. » Es
verdaderamente indignante como manipulan y confunden a su propia opinión pública
en aras de lograr sus propósitos hegemónicos.Ya en 1898 al intervenir en la
Guerra hispano-cubana aprovechando los sentimientos de simpatía que dentro del
pueblo norteamericano existían hacia la lucha emancipadora del pueblo cubano,
redactaron la Resolución conjunta en la que reconocían el derecho de este a la
plena independencia y proclamaron la intervención para contribuir a ese loable
propósito. El mencionado documento unido a la explosión del acorazado Maine le
otorgó la certeza al pueblo norteamericano de que su gobierno actuaba de buena
fe y dieron su apoyo a una intervención que perseguía todo lo contrario. A lo
largo de su historia las administraciones de turno repetirían (con sus lógicas
variantes) una y otra vez ese procedimiento. Después
de los atentados de Nueva York y Washington y con “baby” Bush instalado en
la Casa Blanca, la dinámica de esta maquinaria se intensificó , pues el
“U.S. government” apostó a la
fuerza como herramienta principal expresada en la “lucha contra el
terrorismo”, lo que le otorgaba una mayor libertad de acción, al tener la
oportunidad de trasladar de un lugar a otro del planeta el escenario de su lucha
“contra el mal”. Se desató en EE.UU. una suerte de Neomacartismo que
virtualmente mutiló la potencial capacidad de penetración sutil de los medios
por la burda y primitiva cultura del miedo. El
Imperialismo Norteamericano, erigido en virtud de su inobjetable poder en
sacerdote (además de verdugo) de la humanidad no ha dejado a un lado su
capacidad de encantar, al proponer mediante la “hipnosis” que generan los
medios, entretenimientos, juegos, oportunidades de “tocar el cielo” mientras
insertan (o al menos lo intentan) en nuestros cerebros pensamientos que difieren
con mucho de los que una lógica
propia de razonamiento nos proporcionaría. Les es muy necesario que una parte
de la humanidad se les someta mansamente, pues de ello depende el control de un
mundo cada vez más ingobernable. La
buena noticia es que en buena medida esos mismos medios
pueden (y de hecho lo están haciendo) erigirse en contra-poder y dar la
batalla por salvar la inteligencia y la dignidad humana como se ha demostrado
con los últimos acontecimientos internacionales. La
revitalización del papel de la izquierda, el protagonismo creciente de
movimientos que comprometen desde una perspectiva militante y activa a grupos
sociales que ven en el
cambio la única opción, así como la
multiplicación de espacios para potenciarlos son signos evidentes de que el
“pensamiento único” esta cada vez mas “acompañado” y cada día será
mas difícil manejar los destinos
de tanta gente inconforme con un mundo tan disparejo. Como
la guerra, con la muerte y
destrucción que esta genera, es
capaz de movilizar a tanta gente sensible en el planeta lo que urge es recordar
las palabras de Aldo Huxley en su libro”un
mundo feliz”cuando nos alertaba de que: "En una época de tecnología
avanzada, el mayor peligro para las ideas, la cultura y el espíritu puede
provenir más de un enemigo con rostro sonriente que de un adversario que
inspira el terror y el odio."Hoy, aunque parezca casi absurdo, ese
pensamiento está más vivo que nunca. Marzo
26 de 2004. Autor: Lic.
Vero Edilio Rodríguez Orrego. La Habana. Cuba Bibliografía
y Webgrafía -Ramonet
I.”Un delicioso despotismo”.Conferencia impartida en el teatro Karl Marx en
la Habana .Febrero 2002. -________.”Información
y democracia en la era de la globalización (www.cubadebate.cu). -Alarcón
de Quesada, R.”La mentira y la prensa en Estados Unidos”
(www.rebelion.org) -
Chomsky, N.”El control de nuestras vidas”. (www.rebelion.org). -González
Ruiz, M. “Ideología y nueva derecha” (I). (www.rebelion.org)
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