Índice
· Resumen
· Introducción
· Desarrollo
· Conclusiones
· Bibliografía
Resumen
El artículo es parte del resultado de una tesis de maestría en la que se fundamenta y valida una propuesta metodológica para la educación de la sexualidad en adolescentes.
En el trabajo se precisa el fin de la educación, su papel en el proceso pedagógico y el lugar que debe ocupar en el contexto de la sexualidad humana.
La educación sexual se aborda en toda su amplitud y en correspondencia con los principios morales de la sociedad , pero simultáneamente se exige desarrollar en las y los educandos actitudes y valoraciones, convicciones y conocimientos que les permitan aceptar y enfrentar su sexualidad individual como expresión vital y enriquecedora de su personalidad.
El trabajo no pretende brindar recetas, sino recursos didácticos a implementar con vías dirigidos a garantizar una dinámica gestora del autoaprendizaje a partir de las propias vivencias, para ello se debe crear un clima de confianza sobre la base de un afecto, de afinidad y de comprensión.
Se significa que el proceso educativo de la sexualidad debe tener un carácter sistémico con una adecuada organicidad y un alto nivel de creatividad, a través de la vía tanto curricular como curricular, dando el tratamiento adecuado a la optimización de las potencialidades educativas de los contenidos de las asignaturas que no se refieran solamente a la biología.
Se destaca la existencia de tabúes, estereotipos, prejuicios, costumbres y otras tendencias negativas de la sexualidad que entorpecen el proceso de educación de esta importante esfera de la vida .
De igual manera se sugieren condiciones positivas para la formación de valores no solamente en la escuela, sino en otros contextos, que la favorecen y consolidan.
Como elemento primario se concibe por el educador profesional el dominio de los contenidos del proceso de la ciencia en cuestión, los métodos y procedimientos para brindar salida a los objetivos de la educación de la sexualidad en el proceso docente-educativo.
INTRODUCCIÓN
La educación de la personalidad constituye un complejo fenómeno social que garantiza la apropiación por parte del ser humano de los frutos de la vida cultural, donde se le capacita para vivir en una determinada época de modo consecuente con tales fines. Este encargo social exige una adecuada formación pedagógica general y especial que se concreta de manera creativa en la dinámica del proceso de enseñanza aprendizaje, a lo cual la Didáctica ha dado grandes aportes por ser su objeto de estudio. Su desarrollo lleva según las exigencias pedagógicas actuales a un alto nivel de profesionalidad, de modo que se concrete en un sólido conocimiento a partir del cual el alumnado estructure su proyecto de vida.
En este sentido el Sistema Nacional de Educación (SNE) a través del perfeccionamiento educacional ha fortalecido los planes de estudio y programas dirigidos a la formación de las jóvenes generaciones en correspondencia con los objetivos de nuestra sociedad. Es el proceso docente educativo un marco propicio para educar acerca de las orientaciones normativas que enmarcan los principios que rigen nuestra sociedad, además de satisfacer las necesidades de aprendizaje y desarrollar sentimientos y emociones sobre la base de la razón e intuición en correspondencia con la esfera motivacional y particularidades psicológicas de este espacio vital humano en el que se muestra evolutivamente un distanciamiento considerable entre dos procesos básicos del desarrollo tales como: la maduración psicológica y la biológica, como un condicionamiento para el inicio de la actividad sexual íntima con un deficiente ejercicio de la respuesta sexual.
Precisamente la educación de la sexualidad de los y las adolescentes, sólo se logra mediante un proceso formador de saberes, normas, valores, actitudes, modos de comportamientos, cuya labor comienza con la sensibilización de los propios educadores y educadoras, con la interiorización de la necesidad de prepararlos con efectividad para enfrentar cada vez más independiente, esta trascendental etapa de su vida. De aquí los empeños educacionales en esta esfera emprendidos desde hace más de dos décadas, sin embargo los resultados del trabajo evidencian la existencia de insuficientes conocimientos, así como prejuicios, tabúes, estereotipos, a pesar de los innegables avances que se han operado en este campo.
De estas insuficiencias no escapa la escuela por lo que el proceso pedagógico ha de ocupar el lugar que le corresponde en la formación integral de las jóvenes generaciones y en particular en la esfera de la sexualidad.
Por tanto se impone la necesidad de proyectar acciones que contribuyan y fortalezcan esta importante esfera , donde los programas de asignaturas a través de sus contenidos potencien conocimientos y valores mediante alternativas viables dirigidas a mejorar actuaciones en la vida económica, política y social y por ende en la de pareja. Todo lo cual es posible sólo si en la dinámica de la clase se explotan al máximo y coherentemente sus potencialidades educativas respecto a la sexualidad, lo cual en la práctica no resulta ser así, entre otros factores por la carencia de acciones metodológicas que pueden instrumentarse en la práctica pedagógica.
DESARROLLO
Conocemos que el proceso docente educativo dispone de un sistema conceptual de leyes, categorías y de método general que abarca lo instructivo y educativo, con un carácter desarrollador, el cual responde a las exigencias sociales de formar una personalidad armónica y multifacético, pero además tiene un carácter social y se desarrolla como sistema en el que se expresan diferentes tendencias y manifestaciones de manera muy interrelacionada con los diversos elementos externos que lo hacen un complejo proceso. Dentro de este el contenido constituye una de sus configuraciones y este revela la selección de elementos culturales y científicos. Es en él donde se encuentra la potencialidad educativa, la cual constituye aquella dimensión del conocimiento que se entrama y se funde en otra dimensión de conocimiento disciplinar o de conflicto social que se revela como un mismo proceso, como una nueva cualidad que emerge de esta fusión.
Por otra parte, dentro de la Pedagogía como ciencia los aspectos referidos a la educación de la sexualidad tienen en cuenta la relación armónica entre cada uno de sus componentes y de los eslabones del proceso, tanto los que transcurren en el marco escolar como los que abarcan a la familia y a la comunidad de igual modo los eslabones, vistos como estadios de un proceso único y totalizador, constituyen momentos significativos en la dinámica de la clase y en la explicación de los mensajes educativos docentes.
Según las actuales consideraciones, “la educación es entendida como un proceso de preparación del ser humano para la vida, lo capacita en correspondencia con sus demandas y las de su contexto para enfrentar los retos vitales, crecer, realizarse y convertirse en artífice de su propia existencia, así como de las transformaciones sociales. Este proceso tiene un carácter permanente, se despliega recogiendo todas las etapas del eje vital y con la participación mancomunada de diferentes actores sociales: la familia, la escuela y el socium en general, por lo que implica, al mismo tiempo, la integración de los espacios formales, no formales e incidentales ”.
El compartir estos criterios nos permite reflexionar sobre las ideas concebidas en el sentido martiano, acerca de la preparación del ser humano para la vida: preparamos a nuestros niños y jóvenes para el trabajo, actividad fundamental del hombre, a través de la cual actúa creadoramente sobre el medio y lo transforma; cultivamos su inteligencia, enseñándoles a pensar; desarrollamos sus sentimientos morales, estéticos, formamos sus convicciones ideopolíticas. Sin embargo, no podemos olvidar que ese futuro hombre, que en el mañana será un trabajador, un creador, un constructor, establecerá en su actividad cotidiana, vínculos con personas de su mismo sexo y del otro, y también amará, sostendrá relaciones sexuales, constituirá una familia, procreará hijos.
Como se expresa en las Tesis y Resoluciones del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba:
“En las relaciones sociales entre el hombre y la mujer repercutirá favorablemente una adecuada educación sexual, que comience en el hogar y se refuerce científicamente en la escuela”. Así, el hecho de no concebir la educación sexual como una dirección del trabajo educativo, puede conducir a conflictos que afectan, no solo, el éxito de la vía sexual individual, sino que tienen grandes repercusiones para la sociedad en su conjunto. Al respecto Vilma Espín, Presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas, enfatizó en el hecho de que “ los índices de maternidad temprana, repercuten también en los suicidios – que ocurren en mayor medida entre las muchachas que fueron madres en edades tempranas – y en las manifestaciones delictivas antisociales, que son igualmente más frecuentes en estos casos”.
Por otra parte, si aceptamos que el comportamiento sexual humano es, ante todo, una forma peculiar de relación social entre personas de ambos sexos, comprenderemos al mismo tiempo que el sentido primero de la educación sexual es, precisamente, desarrollar adecuadas relaciones de cada sexo respecto al otro. Es por lo antes señalado que, al proponer un concepto de educación sexual, nos adscribimos a los criterios formulados en este sentido por Grassel, quien la define en su obra “ Juventud, Sexualidad y Educación”, como el proceso de preparación de las nuevas generaciones para el encuentro con el otro sexo y con la propia sexualidad, en concordancia con los intereses y exigencias del individuo y de la sociedad socialista.
Según nuestro punto de vista, esta definición comprende en toda su amplitud, la verdadera acepción de la educación sexual, ya que en ella se manifiesta directamente que este proceso se encamina a fomentar relaciones positivas entre ambos sexos, que se correspondan con los principios morales de la sociedad en cuanto a la igualdad, al respecto, la ayuda mutua, pero se refleja al mismo tiempo que la educación sexual requiere desarrollar en las y los educandos actitudes y valoraciones, convicciones y conocimientos que les permitan aceptar y enfrentar su sexualidad individual como expresión vital y enriquecedora de su personalidad.
También significamos que el eslabón esencial del proceso docente – educativo, lo constituye la escuela, en ella la sociedad deposita la máxima responsabilidad, tanto de la educación multifacética de las jóvenes generaciones, como de la integración de las influencias que sobre la personalidad en desarrollo ejercen los diversos factores sociales. Este proceso se convierte en el instrumento fundamental, dado su carácter sistémico, para satisfacer el encargo social. El modelo pedagógico de nuestro encargo social contribuye a organizar y orientar el proceso para el aprendizaje sexual, cuyas metas abarcan las exigencias y necesidades sociales, las del propio proceso educativo y la demanda individual y grupal según contexto.
Por otra parte la experiencia pedagógica evidencia que la veracidad constituye un requisito que permite preparar en esta esfera de forma más natural. La práctica pedagógica, al educar la sexualidad no aspira a suministrar recetas hechas pues lo más importante no es dar muchos argumentos teóricos, cargados de datos estadísticos, variables en breves lapsos de tiempo, sino en los recursos didácticos a implementar con métodos dirigidos a garantizar una dinámica favorecedora del autoaprendizaje a partir de las propias vivencias. Resulta significativo para este desempeño pedagógico saber que no existe un método universal, un estilo educativo único, una forma de organización estética ni un saber más importante que otro, pues todos los procederes empleados no están exentos de influir en el riesgo pedagógico.
Es decir, cada educador debe conocer los fundamentos básicos de la pedagogía sexual, sus principios, lo cual explica la posibilidad de que el educando se sienta incluido personal y emocionalmente en la situación pedagógica y que lo hace comprometerse activa y afectivamente en el proceso de su propia educación lo que promueve una actitud positiva y receptiva respecto a la influencia educativa. Para ello se debe crear un clima de confianza sobre la base de un afecto, de afinidad y de comprensión. Constituye entonces, la determinación y utilización de potencialidades, las acciones básicas del proceso docente educativo, la cual se sustenta desde el punto de vista pedagógico en los siguientes presupuestos:
Ø Todos los contenidos tienen potencialidades educativas para la educación integral de los educandos.
Ø Cada contenido tributa de forma particular según lo potenciado, de un sistema de conocimientos a las diversas esferas educativas.
Por otra parte, el proceso educativo de la sexualidad debe tener un carácter sistémico con una adecuada organicidad y un alto nivel de creatividad, a través de la vía curricular, dando el tratamiento adecuado a la optimización de las potencialidades educativas de los contenidos de las asignaturas que no se refieran solamente a la biología. Se significa además que el éxito o fracaso de las metas del proceso depende en gran medida de las circunstancias en que ocurre el proceso de enseñanza aprendizaje donde concurren una multiplicidad de situaciones que son extensivas a todos los marcos en los cuales los y las adolescentes aprenden a ser hombres y mujeres a partir de los contenidos de las normas que aprenden y que determinan su conducta.
Significamos que todavía tenemos muchas limitaciones para realizar cabalmente esta labor educativa, porque ni los padres, ni los maestros, ni los especialistas de las diferentes ramas de la medicina, Psicología y Pedagogía, fueron preparados en el pasado para incorporar en su labor educativa, orientadora y terapéutica los aspectos de la sexualidad humana. Esta deficiencia, unida a tabúes, prejuicios, costumbres y conceptos anacrónicos, heredados de cuatro siglos de dominio colonial, con su influencia de puritanismo religioso y medio siglo de neocolonialismo norteamericano, requiere un trabajo cuidadoso y sistemático para capacitar primero a los educadores y educadoras, que luego llevarán a la práctica otros aspectos de la preparación de las nuevas generaciones para el amor, el matrimonio y la familia.
Además, cabe señalar las transformaciones que tienen lugar en el sector educacional, preferentemente en la secundaria básica, tanto en sus programas como en el personal docente, cuya preparación hará posible la ejecución de los proyectos donde la educación de la sexualidad juega un importante papel. De igual modo las perspectivas en los preuniversitarios y los institutos politécnicos vislumbran progresos hacia esta meta. Por ello, a partir del curso 88-89 y hasta el 91-92 se introdujeron sucesivamente importantes cambios que implicaron una vinculación mayor y con un enfoque de sistema los contenidos de educación sexual en diversas asignaturas como ciencias naturales, historia, matemática, educación física, educación cívica, entre otras que mantienen hoy un mejor comportamiento.
En correspondencia con lo antes expuesto, la formación de valores a que aspiramos es posible desarrollarla desde la arista pedagógica, mediante un proceso de clarificación con los y las estudiantes, educadores y educadoras, padres y madres de familia y representantes de las organizaciones. Para estos propósitos en el proceso de formación y desarrollo de valores, pueden tenerse en cuenta las siguientes premisas, al analizar el problema desde la arista pedagógica, donde a la escuela le corresponde el papel importante:
§ La formación de valores sólo es posible mediante acciones conjuntas.
§ Cada individuo es una personalidad y se autodetermina.
§ Ayudar no es decidir por otros.
§ Se violenta la ética cuando se tratan de imponer los valores. Es necesario que adquieran, mediante la práctica, una significación social positiva en el individuo.
Al maestro y la maestra, aunque no únicamente a él y ella, les corresponde una función esencial con los estudiantes, en su labor diaria, es necesario tener presente qué valores se encuentran en formación, ya que la apropiación de éstos es un resultado esencialmente educativo. Asumimos el criterio que en el proceso de formación, es fundamental enfatizar en las cualidades estéticas del trabajo del maestro y la maestra, mediante el cultivo de la sensibilidad, ya que por esta vía se forman también valores que se identifican con el aspecto de la sexualidad.
Resulta menester para la formación de valores tener en cuenta una serie de condiciones positivas que la favorezcan, tanto en la escuela como la familia y otras instituciones y organizaciones sociales. Entre ellas tenemos:
§ La educación debe centrarse en las necesidades del proceso de formación del individuo en las diferentes etapas de su vida.
§ Respeto a la dignidad, amor y aceptar a cada uno como es y a partir de ahí conformar su personalidad.
§ Establecimiento de relaciones humanas de máxima comunicación.
§ Hacer de la escuela un lugar atractivo en el que el escolar sienta la necesidad de estar, lo que favorece que la escuela se convierta en el centro cultural de la comunidad.
§ Promover la autoactividad, el desarrollo del pensamiento creador y las potencialidades máximas del individuo.
§ Crear un clima que aliente el pensamiento autocrítico y divergente del educando.
§ Evitar la educación autoritaria y la enseñanza meramente informativa.
§ Evitar la inercia, el conformismo y la no participación.
§ Respetar y amar nuestras tradiciones, tanto en la escuela, como en la familia y en la sociedad. Cultivar otras que son necesarias en las nuevas etapas de desarrollo.
§ Aplicación de métodos productivos que encuentren la participación, el desarrollo del pensamiento creador y la independencia. Garantizar que los propios educandos elaboren sus proyectos de vida y desarrollo personal, asimilando una vez que comprendan las mejores experiencias de la sociedad en su proyecto revolucionario y transformador.
§ El contenido de enseñanza tiene un valor formador, se va logrando una actitud favorable hacia el conocimiento científico.
Somos del criterio además, que ni la educación, ni la pedagogía podrán resolver completamente los problemas presentes y futuros por sí solas, sino el trabajo conjunto de todos los factores integrantes de la sociedad para un mejoramiento general de la personalidad y todas las condiciones que la rodean. En correspondencia con estos presupuestos precisamos que para lograr un trabajo educativo con resultados satisfactorios, es fundamental tener en cuenta a la hora de realizar cualquier tipo de actividad lo siguiente:
§ Las necesidades individuales y grupales de realizar esta actividad y no otras, en función de sus características y edades, lo que determina su participación en la elección de la actividad a realizar.
§ El grado de satisfacción y el interés que se experimenta en la realización de la actividad, es decir, que constituya una vivencia agradable.
§ Que cada alumno, sea capaz de cumplir la tarea asignada y que se dé la posibilidad de trabajar en grupo.
§ La valoración crítica por parte del grupo de la calidad con que se realizó la actividad.
§ La explicación clara, objetiva y acertada del maestro, cada vez que sea necesario, de la naturaleza de la actividad que se realiza, del propósito, que con ella se logra y cómo debe ser la participación de cada alumno.
§ El dominio por parte del maestro del contenido ( núcleo central) de la actividad propuesta.
§ El contar con el ejemplo positivo del maestro ( u otro adulto) en la dirección de la actividad, así como su participación activa en su realización.
§ Que la actividad tenga un contenido valioso, de carácter social, moral y vinculado a las costumbres principales de su entorno.
§ Que en cada actividad los alumnos tengan la oportunidad de manifestar su iniciativa, independencia, creatividad, lo cual contribuye a que cada uno pueda desempeñar un papel activo.
Sin embargo, debemos partir de que la formación del hombre depende de la educación que recibe, es determinante entonces, establecer la diferencia entre la educación en su concepción más general y la educación como un proceso planificado, organizado y dirigido que se lleva a cabo, fundamentalmente en la escuela y que persigue un fin. Este sistema de educación tiene como centro de educación al educando para con su educación. Al respecto José Martí señaló: “ La educación es la habilitación de los hombres para obtener con desahogo y honradez los medios de vida indispensables en el tiempo en que existen, sin rebajar por eso las aspiraciones delicadas, superiores y educación de la mejor parte del ser humano”. La defensa que hace José Martí sobre la educación del hombre y en nuestro caso, la de la educación en el proceso docente – educativo guarda relación con la educación que expresa Juan Delval en su libro “ Los fines de la educación” . Manifiesta que la educación es un fenómeno amplio y complejo, que es realizado por diferentes factores. Entendido en su sentido más amplio, Delval hace coincidir en cierta medida socialización con educación, pues para él, la educación no es más que la educación de las conductas, actitudes y valores necesarios para participar en la vida social.
El proceso educativo que se realiza en la institución educacional, se caracteriza por un conjunto dinámico y complejo de acciones sistemáticas, mediante el cual se interrelacionan la acción de los educadores y los educandos, encaminados, tanto a la educación del grupo, así como a cada uno de sus miembros individualmente. Las investigaciones realizadas en la Academia de Ciencias de Cuba plantean que el proceso de socialización de la educación cubana actual se produce bajo la acción de siete agencias: la familia, la escuela, la comunidad, las Fuerzas Armadas, los medios de comunicación masivos, el arte, el deporte . De ellos, la escuela, por su encargo social asignado por la sociedad, y la presencia de tantos profesionales que laboran en ella, está llamada a ser el centro, ya que confluyen todas las influencias.
Ahora bien, la efectividad de la labor de la escuela y de los maestros no puede limitarse a los resultados docentes que alcanzan los alumnos en las diferentes asignaturas, la misma debe apreciarse en un objetivo más amplio, la formación de un hombre capaz de pensar, sentir y actuar en correspondencia con las exigencias de la sociedad en que vive, y el marco concreto de la comunidad en que se desarrolla. Apreciamos la afirmación que A. S. Makarenko hacía en su libro “ La colectividad y la educación de la personalidad”:.. “ Ni un solo educador tiene derecho a actuar en solitario... allí donde los educadores no están unidos en colectivo y el colectivo no tiene un plan único de trabajo, un modo único definido de abordar al niño, allí no puede haber proceso educativo”.
Intentando resumir, podemos plantear que desde el punto de vista pedagógico, la nueva forma de inclusión de los contenidos en los programas, permitirá asegurar el tratamiento multilateral sistemático de esta dirección en la labor educativa. Ello redundará, en una preparación más activa e integral de los educandos. Opinamos, sin embargo, que esta nueva modalidad fundamentada en el papel rector del proceso docente – educativo, no agota todas las posibilidades de influencia positiva sobre niños, niñas , adolescentes y jóvenes . En las actividades extradocentes y extraescolares se debe continuar la profundización en los temas y problemáticas de esta esfera de la personalidad. Para ello es necesario partir de los principios de la educación sexual y de las particularidades concretas de cada grupo escolar y utilizar los variados métodos de la educación comunista.
CONCLUSIONES
· Los fundamentos teórico-metodológicos para la educación de la sexualidad constituyen premisas que pertrechan al profesional de la educación de una plataforma sólida que le permite adecuadamente orientar los objetivos de esta importante esfera de la vida a través de los diferentes contextos de actuación.
· Constituye el proceso docente-educativo una vía fundamental para el desarrollo de saberes y consolidación de valores humanos en el contexto de la sexualidad.
· La creación de condiciones favorables en el proceso docente-educativo para la formación de valores son elementos determinantes para su alcance y éxito.
· Todo contenido de cualquier disciplina a tratar en el proceso de enseñanza-aprendizaje brinda infinitas potencialidades para la salida a la educación de la sexualidad.
· La preparación profesional del maestro y su ejemplo personal resultan imprescindibles para una educación de la sexualidad más efectiva, sana y responsable en sus contextos de actuación.
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Autores:
Ms.C. Roberto Hui Giró.
Ms.C. Idalmis López Sánchez.
Lic. María de los A. Romero Florit.
CENTRO: INSTITUTO SUPERIOR PEDAGÓGICO “RAÚL GÓMEZ
GARCÍA”, GUANTÁNAMO. CUBA.
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