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Los retos del deporte y el profesorado cubano en el nuevo milenio

Resumen: El convulso, polémico y revolucionario siglo XX que recién terminó ha dejado marcada la incuestionable ruta que en lo adelante seguirá el desarrollo de la humanidad. El desenfrenado desarrollo tecnológico y la inevitable ruptura por parte de este, de toda frontera o límite ha comenzado a ser y en lo adelante será una tendencia sin un visible retroceso.
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Autor: Lic. Javier Alfredo Romero González

Resumen
El convulso, polémico y revolucionario siglo XX que recién terminó ha dejado marcada la incuestionable ruta que en lo adelante seguirá el desarrollo de la humanidad. El desenfrenado desarrollo tecnológico y la inevitable ruptura por parte de este, de toda frontera o límite ha comenzado a ser y en lo adelante será una tendencia sin un visible retroceso.

El siglo XX acaba de pasar a la historia y con él, el surgimiento en algunos casos, o el afianzamiento en otros de muchos fenómenos que la humanidad ha erigido como “los nuevos mitos”. Fenómenos como el cine, la música y las artes en sentido general, el dinero, las drogas, el sexo, las tecnologías, etcétera han pasado a ser hoy una parte inseparable y en algunos casos determinantes de la vida de las sociedades actuales.

El deporte, sin lugar a dudas comienza esta nueva centuria no solo formando parte indiscutible de ese selecto e idolatrado grupo de nuevos mitos. Es evidente que ha sido precisamente esta institución una de las que en el transcurso de los últimos cien años ha logrado un nivel de influencia social y capacidad movilizativa difícilmente alcanzable por otra. El ámbito deportivo al mismo tiempo, se ha desarrollado y complejizado a tal punto que podamos decir que el deporte actual no tiene nada que ver ni jurídica, ni técnica, ni como fin social con aquel incipiente deporte que dio origen hace poco mas de un siglo al Movimiento Olímpico Moderno.

Índice
Introducción.
Desarrollo
Bibliografía, 

Introducción
El movimiento deportivo actual como quizás ninguna otra institución ha asumido como parte de su dinámico desarrollo, inconfundibles matices de la vida social, política y sobre todo económica de los estados. Sin lugar a dudas, el deporte ha asimilado todo un caudal de relaciones que han hecho de este no solo una parte inseparable de las sociedades sino una expresión miniaturizada de estas. En este sentido, para bien en algunos casos, para mal en otros, esta sana y beneficiosa práctica que hasta un momento fue el deporte, ha comenzado una nueva etapa de cambios y rupturas que sin lugar a dudas obligan a científicos, políticos, y estrategas deportivos a admitir la inevitabilidad de comenzar a pensar el deporte de una manera totalmente diferente.

En este contexto, no podíamos esperar que el deporte, atendiendo precisamente a la naturaleza que lo distingue de un tiempo a esta parte, y que tanta similitud tiene con relación al esquema global reinante, se resistiera ante la nueva avalancha globalizadora que cambia la vida económica, política y cultural del contexto mundial actual.

En este sentido, podemos distinguir en el panorama deportivo actual algunas situaciones que lo han convertido en algo extraordinario para muchos en todos los ámbitos.

El deporte hoy está marcado por un elevado desarrollo tecnológico: los primeros síntomas o la primera brecha abierta por el deporte al fenómeno de la globalización fue justamente la ineludible necesidad de asumir por este las nuevas tecnologías, vitales sin dudas ante el enorme desarrollo alcanzado por el propio el deporte a través de su historia. Esta indiscutible realidad abrió las puertas para que en desenfrenada batalla las novedosas y sofisticadas tecnologías de punta entraran al mundo deportivo determinando en algunos casos la propia existencia de este. 

Actualmente no queda ninguna duda de la casi total dependencia del deporte con relación a la tecnología. El deporte se ha convertido en un receptor seguro de todo nuevo avance tecnológico traducido, en nuevos y sofisticados implementos para la preparación física de los deportistas, nuevas generaciones de sustancias farmacológicas tanto para la preparación de los deportistas como para la detección de sustancias prohibidas tan en boga en el deporte actual, la aplicación de los adelantos informáticos, así como la implementación de novedosas metodologías y sistemas de dirección dentro de este tan complejo y dinámico escenario.

El deporte ante todo constituye hoy lucrativo y poderoso negocio. Del rentable pero hasta cierto punto sano producto que fue el deporte en sus primeros retozos con el mercado –cuando solamente era un espectáculo- este ha pasado a ocupar un lugar sin dudas privilegiado entre las conocidas industrias del entretenimiento y sobre todo, dentro de aquellas que mayor cantidad de dinero y mercado genera en el mundo desarrollado actual. El vínculo del deporte con sectores tan poderosos como el de los medios de comunicación, las grandes transnacionales del negocio de los servicios, las industrias de confecciones textiles y calzado, las de implementos deportivos o las más influyentes compañías publicitarias, entre otros, desafortunadamente determinan en muchos casos el incierto rumbo del Movimiento Deportivo Internacional.

El deporte ha experimentado grandes cambios jurídicos en favor de su mercantilización: los enormes cambios suscitados concretamente en el seno mismo de las instituciones deportivas internacionales y que responden por supuesto a la propia lógica del sistema reinante y no a la necesaria democratización que tanto el tercer mundo exige de estas, vienen a ser, lo que podríamos definir, el factor medular en la nueva arquitectura del Movimiento Deportivo Internacional. 

Solamente los fatales – pero económicamente ventajosos- cambios jurídicos y de reglamentación dentro de organismos como el Comité Olímpico Internacional constituyen palpables ejemplos de cómo se manifiesta esta variante del “antiolimpismo institucional”. En este sentido, temas históricamente tabúes dentro del Movimiento Olímpico Internacional como por ejemplo lo referido al profesionalismo, la comercialización o el uso por un país de los deportistas de otro, han sido “tratados” y cambiados pisoteando incluso muchos de los más sagrados ideales olímpicos como aquel que abogaba por “un deporte olímpico que no debía servir para satisfacer intereses ajenos a este“. Hoy aquellos principios olímpicos de los cuales tanta apología se ha hecho a través de poco más de cien años de existencia de dicho movimiento, han sido transformados en políticas comerciales alrededor del deporte. 

No nos asombremos ante la posibilidad de que en cualquier momento el Comité Olímpico Internacional sea jurídicamente privatizado y entonces adquiera de esa forma el status que en la práctica desde hace mucho viene desempeñando. El deporte ha seguido asumiendo funciones ajenas a su finalidad: a las tradicionales funciones del deporte como profesión, trampolín para escalar socialmente, incluso para hacer carrera política, este ha pasado a desempeñar otras como la de trampolín migratorio de los países pobres a los del primer mundo. 

La situación económica del tercer mundo, conjuntamente con la cobertura actual que permite a los países desarrollados robar talentos al mundo periférico, abre una puerta a este tipo de migración. Esta variante actual de un fenómeno que no es reciente ha tenido su expresión anterior en el saqueo de científicos, artistas y otros recursos humanos importantes del tercer mundo.

En sentido general podemos resumir hasta aquí que el deporte -como señalara en una ocasión el comandante en jefe Fidel Castro- ha entrado “en una época nueva, en que por influencia de grandes poderes económicos se ha ido comercializando cada vez más”. Paralelamente, esta filosofía del dinero como único y determinante dios verdadero ha penetrado y corroído los niveles más altos de los organismos deportivos internacionales más importantes. 

El simple hecho de que los eventos deportivos –a cualquier nivel- se han convertido en una jugosa fuente de ganancias ha bastado para que la corrupción y los sobornos constituyan hoy la mayor erosión del maltrecho prestigio de muchas de estas instituciones. De aquí que en más de una ocasión a cambio de prebendas y sobornos fruto de la epidémica corrupción reinante, se hayan escamoteado y robado sobre todo a los países del tercer mundo, sus derechos a ser sedes de eventos deportivos.

A estas realidades tan evidentes como son la dependencia casi absoluta del deporte de los factores económicos y la corrupción, inevitablemente tenemos que adicionarle lo que sin lugar a dudas constituye la cara del paradigma neoliberal de esta nueva era: La pérdida de poder e influencia de los estados ante el libre flujo del sacrosanto capital. Este complemento sumado a la nociva falta de voluntad política para con el deporte, han sido sin lugar a dudas los factores fundamentales que limitan el desarrollo actual de este.

Paradójicamente, hoy el deporte nos da evidencias concretas de retornar, por lo menos en cuanto a su función social, a lo que fue en los inicios del siglo que recién termina cuando fue su práctica, un lujo que solo podían darse quienes tuvieran posibilidades económicas. En la actualidad, salvando la enorme distancia de 100 años que va de entonces acá, el deporte se ha convertido en un privilegio de unos pocos estados que cuentan con la capacidad económica de mantener un sistema deportivo con las exigencias de nuestra época. 

Hoy el nuevo escenario deportivo evidencia de una manera mucho más clara las enormes diferencias ya no entre los individuos sino, entre naciones, regiones geográficas e incluso, continentes. Evidentemente las cosas han cambiado de inicios del siglo XX a la actualidad pero la esencia sigue presente, el factor económico en primera instancia sigue marcando la diferencia.

En tal situación, ¿dónde quedan las posibilidades de los países subdesarrollados ante esta inevitable realidad del deporte actual? ¿puede un país del tercer mundo en las condiciones actuales dedicarle al deporte el capital que requiere? ¿tienen posibilidades reales?. La realidad sin dudas es sumamente cínica. Jurídicamente, los derechos de practicar deportes y participar en los grandes eventos no limitan a ningún estado o nación pero la lamentable y determinante realidad económica es otra. Resulta al mismo tiempo muy lamentable el papel que le ha tocado desempeñar al mundo subdesarrollado dentro de esta “nueva época olímpica”. 

El primer mundo mutila abiertamente las posibilidades del tercer mundo en lo que a deporte de alta competición se refiere; compran deportistas, importan de contrabando talentos de estos países que luego explotan en ligas profesionales o representando a un país y a una bandera que no es la suya, y lo más vergonzoso es la forma en que pisotean el orgullo y la identidad nacional de muchas naciones que –teniendo un gran potencial- no han visto y en un futuro inmediato no podrán ver su bandera en lo más alto de la cumbre deportiva mundial.

El ritmo del Movimiento Deportivo actual, sin lugar a dudas, le impone a las naciones económicamente más pobres, es decir, a la mayoría de las naciones, la impostergable necesidad de repensar las estrategias a seguir en torno al deporte si es que de alguna forma guardan la esperanza de tener ya no la remota posibilidad de poder organizar un evento deportivo importante o el orgullo de alcanzar una presea con independencia de su color en uno de estos, sino el elemental derecho de participar y tener quien las represente.

Por otra parte, amparado en el dominio casi absoluto de ese sinónimo de poder que son los medios de comunicación, el primer mundo legitima e institucionaliza cada lenguaje y código comunicativo que se ajuste y responda a sus intereses. En este sentido, términos como mercado, oportunidades o capital, han invadido la privacidad de las naciones intentando a toda costa hacernos ver las virtuales ventajas del modelo global propuesto al mundo actual.

En el caso específico del deporte – o lo que va quedando de este – la ofensiva ha estado centrada en imponer la ridícula falacia de que los actuales fenómenos vinculados a este, como la profesionalización o la comercialización, constituyen en materia deportiva una oportunidad para estos países, todo ello sustentado sobre la base de que cada país puede hacer uso en determinado evento, de sus deportistas rentados en ligas profesionales.

¿A qué oportunidades se refiere este cinismo si tenemos en cuenta que los países del tercer mundo prácticamente pierden todo derecho jurídico de usar a sus propios ciudadanos?

La belleza que en alguna ocasión distinguió al deporte como actividad con un marcado sentido humano, capaz de unir en una batalla simbólica y amistosa a personas y naciones con independencia de cultura, raza, credo político o religioso, ha perdido ante esta realidad matizada por el gigantismo, el mercantilismo, la comercialización desenfrenada y la corrupción institucional, la posibilidad de identificar uno de los movimientos sociales más apasionantes e impresionantes que ha conocido la historia de la humanidad. El primer mundo apologista y defensor a ultranza del modelo neoliberal que nos proponen e imponen como la vía para el desarrollo, no ha perdido la oportunidad de incluir al deporte como una pieza más dentro de ese esquema propuesto.

El marcado interés del primer mundo por los preciados recursos naturales de los países, objetivo fundamental de su desigual relación con el mundo subdesarrollado, ha pasado en este nueva etapa neoliberal a un proceso de saqueo y robo de otros recursos mucho más preciados y vitales para nuestros países: los recursos humanos. La situación específica en torno a la desenfrenada mercantilización de que son objeto los deportistas de países pobres, constituye no un ejemplo más, sino, la consecuencia misma de un proceso que comenzó con el robo de cerebros y que no pretenden frenar hasta tanto no hayan absorbido cada ápice de cultura e identidad de esas naciones.

Desafortunadamente para la gran mayoría que representamos los países menos desarrollados, el primer mundo hoy determina cual es el sistema económico y financiero, político o militar e incluso cultural que debe regir en toda la tierra. Para ello posee los medios económicos y los utiliza con este fin, minando la identidad de las naciones, manipulando los organismos e instituciones internacionales, lanzando mísiles en el país que se le antoja, robando científicos y deportistas del tercer mundo, determinando cual, como y donde son los deportes, las reglas y las naciones con derechos dentro de su esquema de funcionamiento del orden mundial.

Desarrollo
El panorama de la Educación Física ante esta situación es todavía más difícil. La descentralización de la educación, la ausencia de apoyo estatal a esta, la privatización de los sistemas de enseñanza, la implementación de modelos globales de enseñanza - desconociendo en la mayor de las veces los escenarios sociales y los intereses de los países- , la influencia del mercado en la educación y en sentido general; la ruptura del diseño nacionalista que ha regido los sistemas de enseñanza hasta la llegada de la globalización, con la consecuente influencia que ello ha tenido sobre la Educación Física, han sido factores fundamentales que sumados al desconocimiento, en ocasiones manifiesto, de la Educación Física por parte de estados e instituciones internacionales importantes, condicionan hoy la necesidad de que sea incluida en congresos, eventos científicos, políticos y demás foros importantes, un sólido y serio debate en torno al futuro y objetivos de esta ante el hostil nuevo escenario internacional. Un ejemplo de ello es la declaración por parte de la ONU del año 2005 como el Año Internacional de la Educación Física y el Deporte.

En materia deportiva, la necesidad de buscar alternativas se hace cada vez más evidente. En este sentido, no sería del todo desacertado presumir que esta necesidad, prácticamente convertida en obligación, es interés común no para un estado o región en particular, la evidente heterogeneidad económica, política, de influencias, de poder de decisión, etcétera, incluso dentro de los propios países desarrollados, evidencia sin lugar a dudas la posibilidad de que sufran ellos mismos los efectos de esta corrupta y sucia realidad deportiva actual que de alguna forma copatrocinaron. Ahora, es incuestionable que los efectos e impactos sobre el tercer mundo son mucho más letales, de aquí que la necesidad de alearse - dado los intereses y las realidades prácticas- sea ineludiblemente entre los olvidados países subdesarrollados.

La experiencia cubana, una alternativa
En este contexto, la experiencia cubana en materia deportiva, motivo para muchos de satisfacción y esperanza; para otros, de ira e impotente rabia, muestra a los ojos del mundo unos índices en este campo que constituyen la mejor respuesta al enorme reto que las nuevas condiciones imponen al desarrollo deportivo de los países.

Para Cuba el recién terminado siglo, sobre todo sus últimas cuatro décadas, fue determinante en materia de desarrollo deportivo. La maratónica tarea que a favor de este tan abandonado ámbito asume la revolución apenas comenzado en el año 1959 difícilmente podrá ser superada por otra nación en vías de desarrollo. El deporte cubano entra al nuevo milenio con un nivel deportivo insuperable incluso por naciones del llamado primer mundo. Solamente ubicarnos contra todo pronóstico dentro de las diez primeras naciones a nivel de Juegos Olímpicos constituye una utopía para muchos de estos países.

Sin embargo, esta privilegiada posición dentro del deporte elite – aunque así lo parezca- no constituye el más sobresaliente éxito del modelo deportivo que hemos asumido. El éxito en el deporte de alto rendimiento cubano es el reflejo de todo un programa que tiene como base fundamental para su desarrollo la participación, expresada esta en los planes populares, la Educación Física, el deporte masivo y la recreación, por ello, es que no podemos limitarnos a ver en el deporte de alto rendimiento y sus éxitos un resultado independiente, se trata ante todo del resultado de un sistema bien engranado que comienza en los consejos populares pasando por la escuela como institución medular de este, hasta llegar a la cumbre que en este caso es el alto rendimiento.

A diferencia de muchos países, sobre todo del contexto latinoamericano en el que nos insertamos como espacio cultural, en Cuba el Sistema de Cultura Física y Deportes se desarrolla sobre la base de un estrecho vínculo con el proceso político que vive el país.

Cuba posee un modelo del ejercicio del poder del pueblo cuya característica esencial considera al hombre como sujeto determinante de su propio destino y realización como nación. El hombre ha sido la razón de ser del sistema y a el se debe su éxito. Ha sido precisamente en el rico potencial humano de la comunidad donde el estado, a través de sus políticas sociales en torno a la actividad física, encontró la solución al subdesarrollo que en materia deportiva existió hasta el año 1959.

En este sentido, la mayor riqueza de nuestra política deportiva radica en el hecho de haber podido desarrollar en condiciones económicas no siempre favorables un sistema de Cultura Física y Deportes sustentados ante todo, sobre el principio vital de un deporte como derecho del pueblo y en favor del desarrollo humano de este. La lucidez de haber encaminado nuestra política en la dirección de ver al hombre primero y el deporte después, ha sido sin dudas de mucho valor para este sistema.

La colosal labor de más de 40 años a favor del desarrollo del Deporte y la Cultura Física en sentido general, tuvo y sigue teniendo en Cuba un pilar fundamental en la real y consecuente voluntad política de desarrollar y mantener a toda costa un sistema de Cultura Física y Deportes sobre la base de los valores y los principios morales que sustentamos.

La eliminación del profesionalismo y la desenfrenada comercialización desde el propio año 1959, la masificación y obligatoriedad gratuita de la Educación Física dentro del Sistema Nacional de Educación, la programación y desarrollo de actividades recreativas en las comunidades incluso en aquellas más intrincadas, el vínculo del INDER con otros sectores como el de la salud y el desarrollo de todo un sistema de Cultura Física Terapéutica a través de áreas terapéuticas, el desarrollo de la Medicina Deportiva, la elevación del nivel escolar y cultural de nuestros deportistas, la creación de escuelas e Institutos de Cultura Física y Deportes en todo el país y sobre todo, el hecho de masificar el derecho al disfrute de los espectáculos deportivos y el desarrollo de toda una cultura deportiva en la sociedad, entre muchos otros logros palpables en la práctica, son los que desde hace más de cuatro décadas prestigian a Cuba en materia deportiva a nivel mundial.

La experiencia cubana en materia deportiva ha roto sobre todo en los últimos diez años la válida pero no absoluta teoría de que para tener éxitos en el deporte necesariamente tiene que estar sustentado en un sólido desarrollo económico. Hasta finales de la década del ochenta cuando termina brusca y radicalmente el apoyo que recibíamos de los países del antiguo campo socialista esta teoría contaba con cierta validez.

Pero... ¿cómo se explica que sea justamente durante la década económicamente más difícil para el país que hayamos logrado los mejores resultados en materia de deporte? ¿cómo se explica que pese a las limitaciones económicas, agudizadas por un bloqueo que nos imposibilita acceder al mayor mercado del mundo y a otros que por temores no comercializan con Cuba, dificultando de esta forma el acceso a tecnologías de punta, reactivos, alimentos y demás insumos deportivos, el sistema no ha dejado de funcionar?, ¿cómo se explica que nuestros deportistas soportando las mayores presiones y las más tentadoras ofertas económicas a cambio de la deserción, le respondan a la patria no solo regresando a ella sino regresando victoriosos?

Para muchos estas interrogantes constituyen eternas paradojas. Para otros –los mal intencionados y nunca ausentes enemigos - con el solo animo de desprestigiar al deporte cubano y con ello a la revolución. Las explicaciones están en criterios nunca fundamentados como “la politización de que es objeto el deporte en Cuba y la supuesta utilización de este como un instrumento de la política.” Se ve al deporte como un instrumento de la política cuando realmente sucede a la inversa. Es el deporte un fruto de nuestra política, una consecuencia de nuestro sistema y por ello un fin y no un medio de este.

No obstante, cabría preguntarnos en este sentido ¿tiene para Cuba algún valor político el desarrollo del deporte y los éxitos alcanzados en la arena internacional? Para Cuba en particular y para el tercer mundo discriminado y explotado en materia deportiva en general, demostrar al omnipotente primer mundo que existe en lo que ellos han pretendido convertir su traspatio, un sistema deportivo alternativo y diferente, capaz – sin necesidad alguna de comprar, sobornar o robar deportistas- no solo de codearse en cualquier lid sino de arrancarle medallas en condiciones
por lo general adversas y hostiles, significa la única victoria política que sin vacilación asumimos ante el mundo. 

Cuba, convencida por la realidad palpable que muestra el tercer mundo, está totalmente segura de que el futuro del deporte y la Educación Física no está – como quieren hacernos ver- en la despiadada privatización de que es objeto este ámbito en todo el mundo. No es posible desarrollar un sistema deportivo justo y con resultados reales, con un alto nivel científico y técnico en favor del desarrollo humano, si no es a través del vínculo y el serio comprometimiento político de los estados para con el deporte.

Esa es sin lugar a dudas una “politización” que no solo permite el deporte, sino que la necesita para su desarrollo y el desarrollo de las sociedades que lo practican. La otra politización, la de los boicots de eventos deportivos con fines políticos, la manipulación de pruebas, los sobornos a jueces con fines de desestabilización, la de intervenir en los asuntos de los estados a través del deporte, esa si que no es nada beneficiosa para el futuro de este y esa es la que Cuba no acostumbra a practicar.

En resumen el éxito alcanzado por el deporte cubano se resume muy sintetizadamente en la lucidez del Comandante en Jefe Fidel Castro cuando señaló que “...nuestros atletas llevan adentro algo más que la preparación física...”,...“porque hay principios que están por encima de todos los demás, están por encima, incluso de todas las medallas de oro...” y es sin lugar a dudas en la esencia de esos pensamientos donde está la explicación de cualquier interrogante en torno a nuestro deporte.

Estos más de cuarenta años de revolución han servido a Cuba no solo para alcanzar el desarrollo logrado en el campo del Deporte y la Cultura Física en sentido general. Al igual que en otros también vitales campos como el de la salud, esta pequeña y aparentemente insignificante isla del Caribe ha conceptulizado en la práctica lo que realmente debe ser la globalización.

En la actualidad Cuba brinda en materia deportiva su colaboración a un sin número cada vez más creciente de naciones de todo el mundo incluso desarrolladas. El alto nivel alcanzado en el campo de la Educación Física y el Deporte ha permitido a nuestro país darse el lujo de brindar a otros países, técnicos con un nivel profesional igual o superior a los de nuestros propios equipos nacionales.

La globalización solidaria que profesa nuestro sistema deportivo no se limita hoy solamente al apoyo técnico que se presta en otros países. La mayor expresión de esa voluntad de contribuir sobre todo con el tercer mundo está igualmente y mejor expresada en acciones concretas como:

- La apertura en Cuba de una Escuela Internacional de Educación Física y Deportes que formará profesionales capaces de asumir los retos que tiene ese campo en sus respectivos países.
- Está expresada en la gigantesca voluntad política de crear un laboratorio antidoping en Cuba que ofrecerá servicios a países pobres, potenciales víctimas de las bajezas y/o “errores” de los caros laboratorios primer mundistas.
- Está en la intransigente posición de denuncia asumida por Cuba ante la necesidad de reformas en los organismos e instituciones deportivas internacionales, como justo apoyo a los más de 120 naciones que no cuentan con un representante del Comité Olímpico Internacional, ni tienen la posibilidad de hacer llegar sus criterios y puntos de vista o expresar sus intereses a dicho Comité.
- Está en la constante oposición de Cuba a la manipulación de que es objeto el COI por parte de los países más desarrollados, que amparados no solo en el número de votos con que cuentan dentro de este sino en su enorme peso político y económico, ejercen un dominio total de ese organismo como lo demuestra el evidente hecho de haber sido sedes de 22 de los 23 Juegos Olímpicos del siglo que termina.
- Está en la voluntad de Cuba – contra toda lógica primer mundista – de solicitar en nombre de los países del tercer mundo y como legítimo derecho de estos la sede para unos Juegos Olímpicos.
- Está en la inquebrantable posición asumida por Cuba en defensa de los ignorados intereses del tercer mundo ante el injusto, discriminatorio y antidemocrático modelo deportivo actual.
- Está en el hecho de representar y prestigiar con nuestros logros al tercer mundo en cada evento que participamos.
- Está en la posición de Cuba en defensa de un deporte humano y participativo frente al agonismo del modelo globalizador mercantilizado y deshumanizado que se intenta imponer al mundo actual.

No resulta nada difícil suponer que el siglo recién estrenado seguirá imponiendo retos al desarrollo deportivo. El deporte seguirá su constante metamorfosis y las estrategias en torno a él seguirán siendo una necesidad vital y objetiva para todo aquel que de una forma u otra tenga relación con esta actividad.

Mientras el tercer mundo en su totalidad entra al siglo XXI con la enorme preocupación de responderse a sí mismos la interrogante de ¿qué hacer?. Ante esta realidad, Cuba recibe el siglo mostrando al mundo un sistema de Cultura Física y Deportes cuyos resultados prácticos, palpables y objetivos hacen de este una alternativa viable ante el reto de la globalización actual.

Es por ello que si de retos se trata, no seriamos consecuentes asumiendo para el nuevo siglo una posición diferente a la asumida durante estos poco más de cuatro décadas. Mantener y perfeccionar nuestro Sistema de Cultura Física y Deportes sobre las bases que hasta hoy lo sustentan, contribuir con el desarrollo solidario del Deporte y la Educación Física del tercer mundo, así como brindar nuestro incondicional apoyo en defensa de los intereses de la mayoría tercermundista que somos, ha sido y será, el único y posible reto que con las armas de la moral asumiremos. Para ello contamos con la mayor riqueza posible: el potencial humano y el poder de su inteligencia. Hemos aprendido en el transcurso de estos años que “para ganar medallas olímpicas no hacen falta solo músculos y reflejos, hace falta inteligencia”.
¿Cómo tendrá que ser el profesional del Deporte y la Educación Física del nuevo milenio?
Nicolás Negroponte, fundador y director del mayor y más importante instituto de estudios e investigación de futuras formas de comunicación, el Laboratorio de Medios del MIT (Instituto Tecnológico de Massachussets), visualizaba en 1995 en su libro Ser digital que a principios del próximo milenio: 
Las escuelas cambiarán, transformándose en museos y lugares de juego para los niños, que armarán rompecabezas de ideas y tendrán intercambio social con otros niños del mundo. 
Y de cara a todo esto, ¿qué características deberá tener el profesional en el inicio del siglo XXI a fin de no ser rebasado por esta avalancha de tecnología?
En primer lugar estos profesionales que deseamos para nuestro sistema de Educación Física y Deportes deberán convertirse en "APRENDEDORES". 
La gran cantidad de información que se genera día a día para todos hace imposible que puedan terminar una carrera profesional y pensar que ya aprendieron todo lo que requerirán para ser profesionales exitosos. Hoy más que nunca será necesario que estén en constante actualización, no sólo actualizando los conocimientos ya adquiridos, sino adquiriendo otros que, a causa de las nuevas tecnologías, serán necesarios para seguir siendo competitivos en el área de su especialidad. 
La universidad, en este sentido, deberá transformarse. Algunas ya lo están haciendo y las demás lo empezarán a hacer muy pronto. Es indispensable ofrecer a los estudiantes las herramientas necesarias para desarrollarles la habilidad de aprender por su cuenta. Las clases deberán evolucionar y dejar la metodología expositiva por parte de un profesor para pasar a una metodología donde el alumno genere el conocimiento. De esa forma, desarrollará las habilidades necesarias para no supeditar su aprendizaje a la transmisión de información que un profesor pueda darle, ya que, la mayoría, al graduarse, no tendrán a sus profesores a un lado para que sigan enseñándoles lo que deben saber. 

Desarrollar la habilidad de aprender por su cuenta no es una opción. Será una necesidad imperiosa para todo profesional que busque ser el mejor en el campo de su especialidad. Quien no lo haga, pronto se dará cuenta que es experto en, y que conoce perfectamente, un mundo que ya dejó de existir. 

Lo educativo hoy en día ha alcanzado espacios y motivos de reflexión, análisis, confrontación y toma de decisiones que van desde los que consideran el acto educativo como un fin y quienes conceptúan la educación como elemento principal para el desarrollo humano.

Esto conlleva, que cada día la dinámica social actual exija que este complejo accionar sea manejado no por la colectividad, sino, por especialistas y técnicos cada vez más y mejor formados así como la utilización de los mejores medios para lograr una mejor educación de los niños sin desconocer que en este proceso participan activamente como comunidad educativa.

Hoy, los cambios vertiginosos a los cuales somos sometidos suponen la defensa de un estilo de escuela reflexiva, fundamentado, muy próximo y condicionado por la situación socioambiental en que se encuentra inmersa. Pero en definitiva la educación va a depender fundamentalmente del concepto que se tenga de persona. Este es el que va a condicionar la manera de intervenir en el proceso docente educativo. Según entendamos lo que es un hijo, un alumno, así vamos a establecer un tipo u otro de relación educativa. Si en nuestro devenir educativo consideramos que ese individuo a educar es un ser débil, desobediente, probablemente egoísta, casi siempre irresponsable y sin dudas alguien a quien hay que moldear, instruir, preparar, decidir para el, para que su futuro sea coherente y seguro a partir de ser fuerte, dócil, generoso, responsable y decidido, como docentes y padres vamos a tener una actitud y disposición diferente que si consideramos al sujeto como un ser decidido, autonómico en su voluntad para saber vivir, responsable, generoso consigo mismo y con los demás, interesado en los demás.

Estas situaciones anteriores conllevan a obtener una opinión antecedida de nuestros estudiantes condicionando en gran medida nuestro accionar como docentes, pero, a pesar de esto, aún encontramos en gran cantidad de educadores y padres enfrascados en la utilización de las teorías X o Y, para a partir de estos principios determinar el alumno o hijo que queremos formar.

Desde el inicio de la pasada década, varios pensadores vienen hablando de los cambios que se producen en los finales de siglo a través de la historia y como el renacer de un nuevo siglo, que trae consigo un halo de esperanzas del advenimiento de mejores épocas, suele dar lugar a nuevos valores, nuevos seres humanos y nuevas formas de hacer escuela.

El siglo XIX finalizó dando paso a la segunda ola, la revolución industrial, determinada por un gran cambio en la estructura temporal del ser humano. El 8+8+8 ( 8 horas de trabajo, 8 horas de descanso y 8 horas de tiempo libre) y el nuevo milenio se inicia con un desajuste de este tiempo en donde debe predominar en mayor cantidad el tiempo libre.

A pesar de este aumento del tiempo libre la escuela no lo ha tomado en consideración, muchos son los informes y los análisis al respecto pero la crisis en este sentido sigue galopando cual jinete a través del campo sin vislumbrar algún obstáculo que detenga tan dislocada carrera.

La forma de paliar esta crisis es presentando reformas educativas que buscan cambios superficialmente en los sistemas de enseñanza sin afrontar el fondo de los hechos. Estas reformas se limitan a teorizar sobre la infinidad de aspectos y motivos relativos a la enseñanza.

Estos cambios que ofrecen las susodichas reformas se limitan a cambios de currículo, aumento de áreas de escolaridad o conocimientos, sistemas de evaluación, sin llegar al fondo de la problemática y sin poder abogar por cambios sólidos que permitan que la escuela tenga más iniciativa que coadyuve a la solución de estos problemas.
Sin embargo pese a que todavía en nuestro sistema educativo se encuentran arraigados muchos de los aspectos antes mencionados y todavía adolece de nuevos y futuros cambios debemos recalcar que estas situaciones alarmantes no se ven, pues se trata de llegar al fondo de los problemas y lo demuestran los resultados de pruebas de comprobación realizadas por la UNICEF y la UNESCO en nuestros estudiantes y los resultados están entre los primeros no solo del área sino también comparados con el resto del mundo y entre los primeros junto a países del primer mundo.

Esto aparejado a la inclusión en el sistema educativo en todas las enseñanzas de una serie de actividades y programas que han elevado el nivel cultural ,el aprovechamiento del tiempo en la escuela y la adquisición del conocimiento mediante nuevas formas de enseñanza.

La pedagogía en muchos lugares, incluyendo en nuestro país, gira en torno a la pasividad, llevando con ello a la irresponsabilidad y por otro lado el autoritarismo, que no es más que otro camino que confluye en los actos irresponsables de los estudiantes, debido a que solo se analizan los casos de momento y por salir del paso, cumplir con la orden emanada del profesor y obtener un buen criterio evaluativo, lo que se hizo o dejó de hacer no tiene ninguna importancia , solo interesa el “deber cumplido”, sin tener en cuenta cual fue el proceso a seguir para cumplir ese deber.

Para afrontar este nuevo futuro debemos desterrar de la escuela elementos planteados por Escolano Benito Agustín en ¿Para que futuro educamos?, estudios pedagógicos # 17-18, Universidad Salomónica, como son los peligros inherentes al ejercicio fanático de la razón, la utilización de la educación como factor de sumisión o manipulación, el fetichismo cientificista, las socializaciones académicas y la inutilidad social del estudio. Frente a esto debemos abogar por una educación más racional, crítica y libre, más universal y diversificada a los diferentes contextos sociales y una educación no modernista, pero si más modernizada en lo referente a la utilización de las técnicas avanzadas de la difusión cultural que nos daría las bases para un ajuste permanente del conocimiento y capacidades exigidas por una sociedad que evoluciona aceleradamente.

La sociedad del futuro, ante las demandas de este nuevo siglo se presenta con una característica de vertiginosos cambios cualitativos y cuantitativos, en donde nosotros, los profesores tenemos que estar con los ojos bien abiertos y en continuas reflexiones para no quedarnos estancados en conocimientos caducos y de mera transmisión de saber.

Las características de este nuevo siglo se van a enmarcar en la tecnología, la extensión del ocio, la necesidad de cultura y la necesidad de compartir, y estas características se pueden resumir en las que plantean Medina y Domínguez (1989) en su artículo “La formación del profesorado en una sociedad tecnológica”.
-El incremento del consumo y materialización progresiva de las relaciones entre las personas.
-La insistencia en los procesos de control y eficiencia.
-La forma de vivir, relacionarse con el entorno, estructurar espacios y realizar las actividades profesionales.

A partir de la consideración de estas características, la educación debe tratar de desarrollar en los individuos, los siguientes aspectos según Combs, citado por Trigo (1995).
-Aprender a aprender.
-Aprender a prever y enfrentarse a problemas nuevos.
-Aprender a sintetizar lo fundamental extraído de diferentes fuentes.
-Dominar y llevar a cabo relaciones funcionales entre lo aprendido en la escuela y el mundo real.
-Alcanzar un estilo de pensamiento integrador.

De otra parte nos encontramos en un mundo cada día más globalizado en donde paulatinamente se comienzan a perder las fronteras, el vertiginoso adelanto tecnológico, y la veloz y cada día mayor red de información. Lo que conlleva a la necesidad de estructurar y formar un nuevo ciudadano acorde a las condiciones actuales.

Por esto la nueva escuela deberá preocuparse y ocuparse por desarrollar en los alumnos aquellas capacidades que les permitan enfrentar y afrontar este nuevo siglo XXI. Estas capacidades las podemos concretar en las siguientes, según las presenta “La escuela del futuro” en la Revista La voz de la escuela, Madrid, 1999.
- La habilidad de conseguir acceso a la información, esto además de saber leer, escuchar y observar supone el manejo de almacenar y elaborar datos a partir del uso del computador.
- La habilidad de razonar con claridad.
- La habilidad de comunicar con eficacia.
- La habilidad para comprender el entorno y la sociedad.
- La habilidad para conseguir el desarrollo personal.

Si todos estos elementos analizados con anterioridad son las características que presentará la nueva sociedad, toca a los profesores prepararnos para afrontar este nuevo reto y nuestra responsabilidad de abrirnos a nuevos cambios en los procesos docentes educativos, en donde dejaremos de ser los meros transmisores de conocimientos, para convertirnos en gestores del mismo y en donde la cantidad de este será el principal motor del sistema educacional.

Si hablamos de que la escuela no es el sitio en donde se aprenden cosas, sino el lugar donde se aprende a aprender, en donde la escuela deja de ser cuatro paredes y se extiende aún fuera de sus fronteras, es indudable que la figura del profesor transmisor de datos tiende a desaparecer.

El profesor de hoy, debe ser un gestor del conocimiento, un diseñador de modelos de aprendizaje en donde lo importante no sea solo lo que enseña sino como lo enseña, como se aprende y en que calidad se da este aprendizaje. El profesor que esperamos de hoy y el futuro, necesita elaborar el mismo los materiales didácticos a utilizar en cada actividad para poder adaptarlos a su propia realidad.

Para que todo esto se produzca necesitamos un docente que:
- Comprenda las bases psicopedagógicas del marco curricular.
- Emprenda el contenido de las nuevas propuestas curriculares y las lleve a la realidad concreta en la que se desarrolla su actividad educativa.
- Trabaje en equipo.
- Oriente, guíe, sugiera trabajos, se conozca a si mismo, adopte decisiones propias y no sea solo un gestor adiestrado.
- Controle afectivamente la clase.
- Sea conciente de la naturaleza de su profesión y considere la escuela como una organización social y política 
- Que pueda conocer una o más materias de las que figuran en los programas escolares.

Para el logro de estas características y la posibilidad de enfrentar a la sociedad se hace imprescindible cambiar nuestra forma de pensar, es necesario buscar un pensamiento más complejo que contemple dimensiones de crítica, apretura cognoscitiva, técnica científica, creador, artístico, arriesgado, tolerante, profundo, comprometido con su labor, reflexivo, selectivo, etcétera.

En conclusión podemos decir que la formación del docente que queremos, debe estar enmarcada en las siguientes características.
- Sólida formación académica y profesional y formación permanente, teórica y práctica.
- Capacidad de reflexión sobre la práctica.
- Adecuación de los avances científicos tecnológicos y pedagógicos.
- Actuación en el aula y centro rigurosa, sistemática, reflexiva y coherente.
- Adquisición y desarrollo de la competencia profesional.

Además de contar con una serie de actitudes, aptitudes y capacidades como:
- Realizar un diagnóstico de cada alumno.
- Aplicación y adaptación curricular a situaciones cambiantes del aula.
- Diseñar y desarrollar instrumentos, técnicas y materiales didácticos.
- Formular y experimentar estrategias metodológicas y de evaluación .
- Organizar el espacio y el tiempo en el aula.

En definitiva busquemos los caminos para hacernos profesores más competentes y que ofrezcamos una educación de calidad, que conlleve al desarrollo humano y a la formación de mejores sociedades.
Estas son las perspectivas en el inicio del nuevo milenio. Quienes tomen el reto hoy (porque no existe un momento mejor que éste), serán los profesionales que tendrán éxito el día de mañana. Pero no olviden que nunca el mañana estuvo tan cerca como hoy.

Bibliografía.
- Cole Martín,(2000). La enseñanza hasta el año 2000. La conciencia de los profesores en épocas de crisis. Revista Educación y Cultura # 87. Bogotá Colombia.
- Medina A. y Domínguez, M. (1989). La formación del profesorado en una sociedad tecnológica. Cincel. Madrid, España.
- Trigo, A Eugenia. ( 1905). Aplicación del juego tradicional en el currículo de Educación Física. Editorial Paidotribo. Madrid, España.
- Revista La voz de la escuela, # 4 Año 1999. La escuela del futuro. Madrid, España.

Datos del autor.
Nombres y Apellidos: Javier Alfredo Romero González.
- Licenciado en Cultura Física (1992), Instituto Superior de Cultura Física Manuel Fajardo
- Máster en Didáctica de la Educación Física Contemporánea (2003), Instituto Superior de Cultura Física Manuel Fajardo
Centro de trabajo: Facultad de Ciencias Médicas Julio Trigo López.
Ocupación: Profesor de Educación Física.
- Profesor Instructor de Educación Física Facultad de Ciencias Médicas Julio Trigo López.
- Profesor Instructor Adjunto de Gimnasia Básica, Instituto Superior de Cultura Física Manuel Fajardo
- Profesor Instructor Adjunto de Cultura Física Terapéutica, Instituto Superior de Cultura Física Manuel Fajardo

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