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Los sectores populares en las guerras de independencia 1808-1824. Un olvido de la historiografía latinoamericana.

Resumen: La historiografía positivista se convertirá a partir del siglo XIX en el paradigma hegemónico definiendo como tema fundamental de la labor histórica la construcción del Estado-Nación, además de legitimar las relaciones sociales y simbólicas al desarrollarse y extenderse como una disciplina autónoma en todo el sistema educativo.
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Autor: Fernando Ciccarelli

La historiografía positivista se convertirá a partir del siglo XIX en el paradigma hegemónico definiendo como tema fundamental de la labor histórica la construcción del Estado-Nación, además de legitimar las relaciones sociales y simbólicas al desarrollarse y extenderse como una disciplina autónoma en todo el sistema educativo. De esta manera, los historiadores profesionales se convierten en un sector de intelectuales orgánicos abocados a dar legitimidad y fundamentación a lo que comúnmente se denomina “sectores dominantes”; es decir, se comienza a hacer una historia desde “arriba”2.

El problema principal de este proyecto radicaba en su tendencia marcadamente excluyente que respondía a una elite que intentaba imponer instituciones y modelos europeos en América sin alterar el statu quo; es decir impedir cualquier tipo de movilización social para las clases populares. Una de las razones por las cuales ciertos sectores eran tan reticentes a los cambios en las estructuras sociales era los beneficios que obtenían de su posición de privilegio, además sabían que cualquier cambio representaba una posibilidad de movimiento en la pirámide social, lo que significaría una amenaza para ellos. Esto motivó sin lugar a dudas la exclusión de las páginas de la historia de los sectores subalternos como protagonistas de los hechos trascendentales de la historia latinoamericana, de más está decir que el modelo se reproduce en los ámbitos académicos para los cuales los sectores populares sólo han sido parte del proceso de emancipación acompañando la figura de algún caudillo.

Para el caso que nos toca analizar, “Revolución e insurgencia en los Andes Meridionales. El caso de Salta en el proceso de emancipación” vemos que varios autores hacen referencia a esta problemática y la abordan observando ciertas particularidades que nos interesa subrayar porque marcan cambios en las pautas del desenvolvimiento social y político transformando las viejas instituciones; un fenómeno histórico, no estereotipado y dinámico cuyas características lo identifican como un movimiento social autónomo producto de la compleja realidad social del mundo colonial hispanoamericano y no como consecuencia del proceso de independencia necesariamente. 

Estos conflictos, previos a las guerras independentistas, aparecen como emergentes de éstas negando la situación de intensas desigualdades raciales y de clase que impulsaron la movilización de los sectores populares por reivindicaciones propias; es decir, la tradición historiográfica intenta imponer la inexistencia de una conciencia de clase en los sectores populares, que les permitiera articular reclamos como actor político. Sin embargo, de la coincidencia crítica de distintos trabajos realizados sobre el tema surge una relación conflictiva subyacente donde todas las clases y grupos étnicos lucharon para encontrar aliados y definir sus metas políticas y sociales. 

Estas investigaciones, desde su óptica vienen a reconsiderar aspectos y cuestiones establecidas acerca del carácter popular del proceso revolucionario y a completar un cuadro de situación más amplio para poder dilucidar así algunas de las claves más importantes de la dinámica y el sentido de la participación de los sectores populares en la independencia americana. 

Los movimientos populares en el proceso de independencia en los Virreinatos del Río de la Plata y del Perú
Los cambios en las perspectivas de investigación son generadores de un proceso de quiebre de las concepciones históricas tradicionales donde las complejas relaciones sociales coloniales aparecen veladas; los mecanismos habituales de diferenciación social que revelan una jerarquización horizontal de privilegios menores en el interior de la sociedad andina del siglo XVIII, relacionados con las condiciones sociopolíticas regionales son difíciles de identificar en aquellos trabajos historiográficos que buscaron la construcción ideológica de la nación a partir de ciertos grupos que participaban del poder; sin embargo, en sentido vertical, la fragmentación es resaltada como una necesidad de mantener las relaciones socioculturales y sociopolíticas entre la elite y los sectores populares. 

Estos supuestos de la historiografía liberal son el resultado de recortes motivados a partir de intenciones, implícitas o no, legitimantes de una historia que hoy es puesta en tela de juicio desde distintos trabajos académicos y que muestran como se han ignorado deliberadamente las protestas de los distintos grupos sociales, desde las luchas indígenas hasta las revueltas rurales. La idea es quitarles la importancia que adquirieron como movimientos sociales en sus diferentes concepciones: mesiánicos, bandolerismo social y eventualmente nuevas relaciones de poder; además de la búsqueda de ciertos grupos de la ampliación de la representación política, la disminución de las cargas y los excesos de poder.

Esta idea de no incluirlos ni en el debate histórico ni en el pacto político es negarles por un lado la posibilidad de constituir una clase social diferenciada y por el otro la posibilidad de una movilidad en la pirámide social. La sociedad hispanoamericana colonial es una sociedad estanca, sin dinamismo construida desde los sectores de la elite y en la cual sólo participan ellos. Una sociedad que aparece carente de conflictos al momento de la independencia y que se intenta sintetizar como anticolonial. Sin embargo es posible plantear una problemática nueva desde la emergencia de una gran diversidad de sujetos con una multiplicidad de causas en el proceso de independencia; movilizados a partir de distintas reacciones coyunturales y factores; esto ha generado un patrón particular en el análisis de la sociedad hispanoamericana, especialmente en los sectores rurales, que es el hecho de que la guerra se convierta en un medio para estos grupos de mostrar su insatisfacción, en tanto que su participación no está vinculada a la defensa de una ideología particular que esté en relación directa con sus intereses. Sin embargo, sería erróneo suponer que el sistema de dominación en las áreas rurales no producía reacción alguna en los sectores populares. Su adhesión a las guerras de independencia debe ser analizada según los espacios regionales con su problemática particular. 

Los movimientos mesiánicos
En algunas áreas el descontento de la población rural se expresaba a través de movimientos de tipo religioso liderados por algún cura sedicioso a quien se le unían gentes de diversos orígenes, entre las cuales estaban las víctimas del proceso de reformas económicas, tanto de áreas urbanas como rurales; expulsados de las tierras y miembros de las comunidades. Un movimiento sincrético que fundía en su interior prácticas cristianas y paganas con ideales liberales que no chocaban con los valores sociales establecidos y asumían características claramente mesiánicas. Esto se evidencia en la forma en que muchos miembros del movimiento permanecían fieles a la monarquía, la cual representaba para ellos el mundo del más allá, más que una institución política.

Marie-Danielle Demélas , en su análisis de los movimientos mesiánicos en los Andes muestra el carácter sagrado de las insurrecciones a través de las figuras utilizadas por los clérigos para instigar a sus fieles a la rebelión; la idea de pueblo elegido es una clara extracción de la Biblia como así también la del caudillo como guía que lleva a la liberación es un paralelo con el mesías. 

Para no caer en estereotipos la autora tomará en cuenta aspectos como el contexto histórico en el cual ha participado la masa, la composición de la misma, quienes fueron sus promotores, qué participación tenían lo sectores populares, cuáles eran los blancos o víctimas de las actividades de los movimientos, que objetivos tenían, los motivos e ideas subyacentes de esas actividades, la eficacia que tuvieron las fuerzas de represión en función del éxito o fracaso de las actividades de las guerras religiosas, y finalmente su significación histórica. Aspectos que se encuentran manifestados en sus preguntas de investigación

La autora para su investigación recurre a fuentes tradicionales como correspondencia; memorias y archivos de la guerrilla del Alto Perú. Siempre teniendo en cuenta que éstas no reflejan en su totalidad los aspectos que se propuso investigar, lo que la llevará a seleccionar otro material como los sermones, edictos pastorales y testimonios.

Estos movimientos pueden considerarse vinculados a los cambios acaecidos en la metrópoli, a los cambios socioeconómicos producidos en las diferentes áreas, y al propio desarrollo político de la nación; todos inmersos en el contexto del proceso de independencia sin ignorar la especial fuerza de estos fenómenos como demostración de las creencias religiosas populares. 

En el caso de Alberto Flores Galindo parte en su análisis de una doble crisis económica y social que afecta al sur andino para mostrar el descontento en los sectores populares y su cuestionamiento al orden imperante adquiriendo un carácter mítico; el derecho divino al poder de los indígenas, sostenido por un andamiaje religioso que aportan los clérigos en forma de profecías, sueños y revelaciones. 

El autor recurre a los archivos de la conspiración, a libros religiosos y a imágenes sacras para su investigación. 
Se develan los conflictos sociales existentes entre los sectores populares y la elite económicamente acomodada. Esta masa de gente descontenta sólo debía tener un líder que los encabezara para darle forma a los movimientos mesiánicos. Sus seguidores formaban parte de la población rural, en su mayoría, eran pobres y luchaban por el botín que obtenían del saqueo de las haciendas. En realidad eran milicias armadas que desafiaban la autoridad y el orden establecido movilizadas por alegorías religiosas.
Ambos autores, A.M. Deméllas y A. Flores Galindo, coinciden en la utilización de las movilizaciones de estos sectores populares sujetos a través de los mitos para explicar la destrucción del poder español. 

Bandolerismo social
El bandolerismo social paralelo a estos movimientos mesiánicos ha sido a veces como la evidencia de una rebelión por parte de la población rural y de los pequeños núcleos urbanos del interior. Nos estamos refiriendo aquí a un fenómeno de bandas guerreras de hombres armados que se extiende a esta el siglo XIX. Al principio estos movimientos estaban estrechamente conectados a lazos de parentesco, y su campo de actuación estaba limitado a una zona pequeña. Sin embargo, progresivamente, fueron apareciendo nuevas formas que se desarrollaron como milicias activas en las luchas de independencia, montoneros o, entrado el siglo XIX, como participantes en algunas de las facciones en pugna durante las guerras civiles.

Los ejércitos de bandidos se reclutaban entre los pobres, oscuros de piel, que formaban la masa de la población rural. Para ellos el bandidaje significaba la posibilidad de una mayor independencia individual, unida a incentivos materiales atractivos. 

Criminalizados por los sectores dominantes alternaron sus alianzas, bajo el liderazgo de algún caudillo regional, con estos mismos sectores y lucharon por una patria que representaba la región en la que vivían; buscaban doblegar la dominación española en tanto dominación pero sin espíritu patriota en un sentido ideológico que involucre la formación de una nación independiente o se rebelaron contra el reclutamiento compulsivo que los encolumnó en las filas realistas. Sin duda la fragmentación de la sociedad colonial dio forma a un sector popular ambiguo en cuanto a su participación en las luchas por la independencia, ya sea por los métodos coactivos para su reclutamiento o por la inexistencia de una causa que los impulsara a movilizarse.

Charles Walker hace especial énfasis en la participación de estos sectores populares en el Perú como bandoleros en las primeras décadas del siglo XIX enrolados en luchas civiles. Se refiere a su movilización en los conflictos políticos post independentistas y el temor que las clases dominantes tenían a una rebelión social por eso marca la carga valorativa negativa que estos le atribuyen a la plebe y su criminalización. En realidad el autor habla de conceptos racistas y atribuciones violentas a las clases bajas por parte de los sectores dominantes que observa en el análisis de los archivos judiciales; en ellos también presta especial atención al contenido político de estas causas diferenciándolos de la época colonial donde su accionar estaba más ligado a reacciones contra un sistema de dominación o imposición.

En el caso de Charles Arnade su estudio de caso se circunscribe a Bolivia y hace especial referencia a los líderes guerrilleros independientes y la formación de republiquetas. Además coincide en el carácter ambiguo de estos grupos guerrilleros al mostrarlos formando parte de ambos bandos, patriotas y realistas, y le atribuye su participación en las luchas de independencia a un espíritu aventurero y oportunista.

El autor utiliza como recurso analítico el diario de un soldado de una unidad de guerrilla para investigar el accionar de las bandas guerrilleras y sus motivaciones para movilizarse en las guerras de independencia.

José Luis Roca también hace referencia a la actuación de las masas en las guerras de la independencia boliviana y presta particular atención a las intensas luchas sociales que se dan en la región a principios del siglo XIX. A ellas atribuye las eventuales alianzas de clases que nos muestran las contradictorias acciones de las masas populares en un bando u otro coincidiendo con Arnade y Walker. 

Heraclio Bonilla en su estudio del fenómeno de las guerrillas en el Perú le atribuye a la fragmentación de la población indígena producto de la dominación española el surgimiento de facciones patriotas o realistas entre sus miembros. En este contexto advierte la compleja trama que lleva a la formación de montoneras hostiles a la dominación española o vinculadas a la causa realista; sin dejar de lado las formas de reclutamiento compulsivo a que eran sometidos. Una particularidad a la que alude el autor es a los obstáculos que encuentran las milicias guerrilleras, por un lado, porque estaban compuestas por pequeños agricultores que necesitaban trabajar para mantener a sus familias y por el otro, a los terratenientes locales que impedían el enrolamiento de sus dependientes en las filas de las montoneras.

Nuevas relaciones de poder
A la complejidad del espacio regional andino debemos sumarle el caso particular de Salta con sus nuevas relaciones de poder surgidas de las guerras de independencia y que pusieron al desnudo la conflictiva situación de los sectores populares. Las antiguas relaciones coloniales entre los sectores vinculados al comercio se resquebrajan con la guerra; aparecen grupos que cuestionan el poder político realista y otros que le prestan apoyo emergiendo líderes locales que articularon la movilización popular en la revolución. Sin embargo, estos sectores populares expresan su descontento especialmente en las áreas rurales, en las que las masas de la población dependían de los grandes hacendados. Esta población rural se diferenciaba horizontalmente de acuerdo a una jerarquía relacionada con las condiciones bajo las cuales estaba establecida y trabajaba la tierra. En sentido vertical, la fragmentación era aún mayor, debido a la necesidad de mantener relaciones de lealtad respecto a los grandes hacendados. Su organización social estuvo obstaculizada por varias circunstancias. Los grupos provenientes del ámbito rural altoperuano que entraban en estas tierras se dispersaban entre diversas haciendas aisladas. Este hecho entorpecía el tipo de contacto que hubiera podido conducir a una conciencia de su situación común y, por consiguiente, a una acción común. Dentro de los límites de su hacienda, el propietario gozaba de amplios poderes basados en el paternalismo y en la coacción. 

La guerra también impulsó la movilización de estos últimos al frente de milicias armadas ante el avance de los ejércitos que confiscaban sus ganados y hombres como reserva; estas circunstancias los encolumnaron a un lado u otro de los bandos en pugna. Más allá de la defensa de las fronteras estaba la defensa de sus intereses particulares. 

Este clima de creciente conflictividad previo a las guerras de independencia encuentra en estas la posibilidad de manifestarse en forma de focos de insurgencia social cuestionando el complejo orden social de la colonia de fines del siglo XVIII y principios del XIX en el espacio salteño. La presencia de Martín M. de Güemes al frente de estas milicias armadas es la garantía para los sectores dominantes de control de la plebe movilizada; interrumpe la posibilidad de una insurrección popular al lograr encauzarlas en la guerra. Es también su base social de construcción de un poder político y militar en Salta.

Los trabajos de Sara Mata abordan la compleja situación del caso salteño explicando de qué modo se van conformando los distintos grupos sociales en la región y como estos van a generar nuevas relaciones de poder en el marco de las guerras de independencia. Pone de manifiesto las motivaciones que llevaron a la militarización de la frontera donde hacendados y comerciantes se alinearon en los bandos patriotas y realistas protegiendo sus intereses y la importancia de Martín Miguel de Güemes como la figura que logra controlar a la plebe movilizada y articularla en las guerras de independencia. 

Conclusión
La militarización de los sectores populares no ha sido abordada por la historiografía tradicional argentina y latinoamericana desde un punto central sino por el contrario su ignorancia de las páginas de la historia respondió a motivaciones ideológicas legitimistas de un orden social excluyente. 

Estos movimientos sociales en todas sus variantes son considerados como manifestaciones de rebelión dentro del sistema de dominación prevalente durante la colonia y no constituyeron un intento de creación de formas de vida alternativas sino una búsqueda de reivindicaciones ante una sociedad fragmentada. Articulados en las guerras de independencia por los sectores dominantes como una forma de contener la insurgencia social y por los sectores populares como la posibilidad de su emergencia en un contexto de creciente conflictividad y disminución del poder coactivo español.

En síntesis, este estado de la cuestión, intenta tomar en cuenta distintos trabajos realizados desde distintas perspectivas, pero centrados en la participación de los sectores populares en sus diversas modalidades expresando además como estos autores habían abordado el tema. 

Bibliografía
Arnade, Charles: La dramática insurgencia de Bolivia, Librería Juventud, La Paz, Bolivia, 1964, cap. 2: “Los ejércitos de los guerrilleros”, pp. 47-72.
Bonilla, Heraclio: Metáfora y realidad de la independencia en el Perú, IEP, Lima, 2001, cap. 4: “Bolivar y las guerrillas indígenas en el Perú”, pp 131-148
Démelas, Marie-Danielle: La guerra religiosa como modelo en Revoluciones hispánicas.Independencias americanas y liberalismo español. Editorial Complutense, Madrid, pp. 11-38 y La invención política. Bolivia, Ecuador, Perú en el siglo XIX. IFEA-IEP, Lima, Perú, 2003. cap. IV: “Las insurrecciones americanas”, pp. 188-252. 
Duby, George: La historia continúa, Madrid, Editorial Debate, 1992, p. 177.
Estensoro Fuchs, Juan Carlos; “La plebe ilustrada: El pueblo en las fronteras de la razón” en Entre la retórica y la insurgencia. Las ideas y los movimientos sociales en los Andes, siglo XVIII, Charles Walker (comp), Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de las Casas, Cuzco, Perú, 1996, pp. 33 – 66.
Flores Galindo, Alberto: Buscando un Inca, Editorial Horizonte, Lima, Perú, 1988. CapV: “Gobernar el mundo. Trastornar el mundo”. Cap.VI: “Los sueños de Gabriel Aguilar” y cap VII: “Soldados y montoneros”, pp. 127-211.
Mata de López, Sara: Salta y la guerra de independencia en los Andes meridionales en Jahrbuch für geschichte lateinamerikas, Band 41, Böhlau Verlag Köln, Weimar, Wien, 2004, pp. 223-245. La guerra de independencia en Salta y la emergencia de nuevas relaciones de poder en Andes, Nº 13, año 2002, CEPIHA, Facultad de Humanidades, UNSa, y Tierra en armas. Salta en la revolución, en Persistencias y cambios. Salta y el noroeste argentino. 1770-1840, Pohistoria & Manuel Suárez editor, Rosario, 1999, pp. 149-176. 
Roca, José Luis: Las masas irrumpen en la guerra (1811-1821) en Historia y Cultura, Nº6, La Paz, Bolivia, 1984.
WalKer, Charles: Bandoleros, abigeos y montoneros. Criminalidad y violencia en el Perú, siglos XVIII-XX, Instituto de Apoyo Agrario, Lima, Perú, 1990.

Autor:
Fernando Ciccarelli
cfciccarelli@hotmail.com


1 Esta categoría es utilizada por Antonio Gramsci en sus Cuadernos de la cárcel, donde expone de manera concreta cuáles son sus funciones y atributos. Según este autor, los intelectuales son grupos especializados de gestión que operan a nivel superestructural de la sociedad, cuya tarea principal y excluyente es la elaboración de los lineamientos ideológicos generales a partir de los cuales la hegemonía de la clase dominante es legitimada

2 Los historiadores positivistas “se limitaban a reconstruir una cadena de acontecimientos grandes y pequeños, cuestionándose sus actores y causas accidentales, o bien considerando la evolución y el juego formal de las instituciones.”; George Duby, La historia continúa, Madrid, Editorial Debate, 1992, p. 177.

[2] “No obstante, algunos especialistas se han dejado llevar por la inercia y, en su ansia por mostrar el fracaso de los movimientos de masas y de la democracia, también han desechado la influencia o autonomía de los movimientos populares.”; Florencia Mallón, Los campesinos y la formación del Estado en el México del siglo XIX: Morelos, 1848-1858, Political Power and Social Theory, vol. 7, JAI Press Inc., Madison (Wisconsin), 1988, pp. 1-54. Trad. E. Lastra.

[3] Estensoro Fuchs, Juan Carlos; “La plebe ilustrada: El pueblo en las fronteras de la razón” en Entre la retórica y la insurgencia. Las ideas y los movimientos sociales en los Andes, siglo XVIII, Charles Walker (comp), Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de las Casas, Cuzco,  Perú, 1996, pp. 33 – 66.

[4] La guerra religiosa como modelo en Revoluciones hispánicas. Independencias americanas y liberalismo español. Editorial Complutense, Madrid, pp. 11-38 y La invención política. Bolivia, Ecuador, Perú en el siglo XIX. IFEA-IEP, Lima, Perú, 2003. cap. IV: “Las insurrecciones americanas”, pp. 188-252.

[5] Buscando un Inca, Editorial Horizonte, Lima, Perú, 1988. CapV: “Gobernar el mundo. Trastornar el mundo”. Cap.VI: “Los sueños de Gabriel Aguilar” y cap VII: “Soldados y montoneros”, pp. 127-211.

[6] Bandoleros, abigeos y montoneros. Criminalidad y violencia en el Perú, siglos XVIII-XX, Instituto de Apoyo Agrario, Lima, Perú, 1990.

[7] La dramática insurgencia de Bolivia, Librería Juventud, La Paz, Bolivia, 1964, cap. 2: “Los ejércitos de los guerrilleros”, pp. 47-72.

[8] Las masas irrumpen en la guerra (1811-1821) en Historia y Cultura, Nº6, La Paz, Bolivia,  1984.

[9] Metáfora y realidad de la independencia en el Perú, IEP, Lima, 2001, cap. 4: “Bolivar y las guerrillas indígenas en el Perú”,  pp 131-148.

[10] Salta y la guerra de independencia en los Andes meridionales en Jahrbuch für geschichte lateinamerikas, Band 41, Böhlau Verlag Köln, Weimar, Wien, 2004, pp. 223-245. La guerra de independencia en Salta y la emergencia de nuevas relaciones de poder en Andes, Nº 13, año 2002, CEPIHA, Facultad de Humanidades, UNSa, y Tierra en armas. Salta en la revolución, en Persistencias y cambios. Salta y el noroeste argentino. 1770-1840, Pohistoria & Manuel Suárez editor, Rosario, 1999, pp. 149-176.

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