Ilustrados comunidad mundial educativa
Inicio | Escribenos
User: Pass: Recordar ó (Registrate!)

| !Publicar Articulo¡

Lambayeque, un pueblo Mochica en la sociedad colonial del norte del Perú

Resumen: En este trabajo presentamos en forma sistemática algunos problemas de la historia de Lambayeque, una ciudad de origen colonial, surgida como reducción indígena en el siglo XVI, convirtiéndose en la época colonial en la capital de la provincia o corregimiento de Saña, perteneciente al extenso obispado de Trujillo.
5,573 visitas
Rating: 0
Tell a Friend
Autor: Lic. José Gómez

En este trabajo presentamos en forma sistemática algunos problemas de la historia de Lambayeque, una ciudad de origen colonial, surgida como reducción indígena en el siglo XVI, convirtiéndose en la época colonial en la capital de la provincia o corregimiento de Saña, perteneciente al extenso obispado de Trujillo. Fue al finalizar este periodo que se realiza la visita del célebre obispo Baltasar Jayme Martínez Compañón, cuyo documento nos permite escudriñar en las características sociales de este espacio del norte peruano. 

Vista de la Plaza de Armas de Lambayeque

1. La ciudad de Lambayeque colonial: Siglo XVI 

La actual ciudad de Lambayeque, se inició como simple reducción indígena, fue organizada a partir del agrupamiento de algunas parcialidades indígenas por el Oidor de la Audiencia de Lima, Doctor Gregorio González de Cuenca, en su visita que con intenciones de reordenamiento jurídico y administrativo, hiciera al norte de la audiencia de Lima, en la segunda mitad de los años sesenta del siglo XVI.
El Oidor Gregorio González de Cuenca fue el “fundador” de Lambayeque, aunque estrictamente este adjetivo no es correcto en este caso, ya que la “fundación de ciudades” es un proceso que tanto ritual como sustancialmente es muy diferente a la de creación de una reducción o pueblo indígena, como fueron los casos de Chiclayo, Lambayeque, Ferreñafe y tantos otros antiguos “comunes de indios” del actual departamento de Lambayeque. 

Desde mediados del siglo XVI (1566) ya existía el fundamento legal de la fundación de los pueblos de Lambayeque, por las Ordenanzas de los indios dictadas por el Doctor Cuenca en agosto de 1566. Cuando Toledo dicta sus Ordenanzas sistematizadoras a partir de 1571, en Lambayeque ya estaban estructuradas las poblaciones de Lambayeque, Ferreñafe y Chiclayo, probablemente desde 1566 ó 1567. Así, la población de Jayanca que según Sebastián de la Gama estaba dispersa en más de 200 aldeas y ranchos, fue distribuida y reducida por Cuenca en tres grandes centros urbanos indígenas: Jayanca, Pacora, Mochumí. Dentro de la lógica de la labor de González de Cuenca, y de acuerdo a las órdenes que cumplía en su visita, instituyó la organización municipal en Chiclayo, dado el éxito de modelo ensayado en el Valle de Jayanca, y que luego sería difundido en el Perú por Toledo.

Iglesia de Lambayeque, vista frontal

El proceso de formación urbana que fuera uno de los pilares de la reestructuración de lo que sería el sistema colonial hispanoamericano, y hoy América Latina se realizó por dos formas urbanas excluyentes, antagónicas, y sin embargo complementarias de acuerdo a la racionalidad colonial: la ciudad de españoles y el pueblo de indios. La ciudad es un núcleo mixto de población, que reúne al europeo, al africano y al aborigen, y tiene una tipología fácilmente discernible: funcionalmente podían ser centros administrativos, políticos, militares; productivamente podían ser ciudades mineras, agrícolas o ganaderas; por último, una tipología de función regional las clasificaría en centros de relación, comercio y de mercado (Cf. GUARDA 1972, HARDOY 1979).

Las reducciones indígenas o pueblos de indios serán el complemento rural que entorne el núcleo medular, con la participación de la población autóctona, regido por sus propios pobladores a través de autoridades elegidas entre ellos, y gozando de cierta autonomía. De este modo, desde el siglo XVI se instaló en América un ordenamiento espacial y una jerarquía urbana que perduraría por varios siglos, hasta la actualidad (SIMPSON 1970). Hay, por supuesto permanencias de espacios económicos y culturales que en alguna medida son recogidos por los conquistadores: la presencia de núcleos de población susceptibles de ser aprovechados como mano de obra y fuente de tributo es uno de los requisitos importante de la instalación de las encomiendas. 


Tumi de oro, reliquia arqueológica emblemática de Lambayeque

Hay varias etapas del proceso urbanizador de la población indígena. El primero es el período entre 1492-1519, caracterizado por una intensa actividad desplegada en torno al Mar Caribe y por la necesidad del contacto permanente con España y Santo Domingo, así como por la incertidumbre por el riesgo que implicaba el absoluto desconocimiento geográfico, obligaron a la fundación de los centros urbanos en las costas o cercanos a ellas. Estos centros urbanos representan el tránsito de la factoría al propio núcleo urbano, pero además son focos desde los que se comienza la colonización agrícola, ganadera o/y minera de cada zona y sirven de base de aclimatación del europeo, de sus animales y plantas, así como de aprovisionamiento. Ejemplos: Navidad, Isabela, Santa María de Urabá, San Germán y Caparra, Santo Domingo, Santiago de Cuba, La Habana, Nombre de Dios, Panamá, entre otras.

Los sistemas tradicionales de cultivo de los aborígenes les llevaba a un poblamiento disperso, por lo que se estructuró su concentración lo más cercanamente posible a las ciudades y villas, por razones económicas y algo que es recurrente en la historia colonial de América: La necesidad de facilitar la aculturación. Como decían las Ordenanzas para el buen tratamiento de los indios (Valladolid, 23 de enero de 1513, conocidas como “Leyes de Burgos”).

“El principal estorbo que tienen los indios para enmendar sus vicios y que la doctrina no les aproveche, ni en ellos imprima, es tener sus asientos y estancias tan lejos como los tienen y apartados de los lugares donde viven los españoles”.

Otra disposición dada en Madrid el 13 de setiembre de 1516 (Instrucción dada a los Jerónimos), señala que “debéis mirar la disposición de la tierra, especialmente la que es cerca de las minas de donde se saca el oro”. Puntualiza esta disposición la manera precisa en que deberían estructurarse los pueblos indígenas:
“...débense hacer los pueblos de trescientos vecinos, poco más o menos, en el cual se haga tantas casas nuevas fueren los vecinos, en la manera que ellos las suelen hacer, aunque se aumente la familia, como Dios, mediante se aumentará, puedan caber todos ellos.

Que se haga una iglesia, lo mejor que pudieren, y plaza y calles en tal lugar. Una casa para el cacique, cerca de la plaza, que sea mayor y mejor que las otras, porque allí han de concurrir todos sus indios, y otra casa para un hospital; (...) en cada pueblo, término conveniente apropiado a cada lugar, antes más que menos, por el aumento que se espera Dios mediante; término que habéis de repartir entre los vecinos del lugar, dando de lo mejor a cada uno de ellos parte de tierra donde pueda plantar árboles y otras cosas y hacer montones para él y su familia, y al cacique tanto como a cuatro vecinos, lo restante quede para el pueblo para tejidos y pastos y estancias para ganados”.

Estas disposiciones incluían el mando del cacique sobre todo el pueblo, pero eran complementadas con el régimen municipal para que los indígenas “vivan y estén seguros y de la manera que tienen los vecinos de estos Reinos”. La catástrofe demográfica de la zona del Caribe evidentemente rompió todas las expectativas de aculturación y organización de las poblaciones indígenas, pero aportó elementos importantes de experiencia a ser tenidos en cuenta en las siguientes etapas del proceso urbanizador en América.
El segundo período es el de 1520 a 1572. Es el período de la urbanización hispana netamente continental. En este período los europeos se encuentran ya con culturas prehispánicas que han conocido un desarrollo urbano traducido en algunos casos en estructuras ordenadas (casos de los Valles de México, Pátzcuaro, Texcoco, Oaxaca, el Altiplano Andino y Costa del Perú: Chan Chan). En ciertos casos hallamos trazados de calles y densidades comparables a ciudades europeas. En otros casos, hallamos más bien un poblamiento disperso, desordenado alrededor de centros ceremoniales, con trazados no propiamente urbanos, como sucede con el mundo maya, y probablemente el reino Sicán o Lambayeque, donde encontramos muchos pequeños pueblos ordenados en función del control teocrático/hidráulico de pirámides o huacas significativas políticamente (Cf. SCHAEDEL 1951, SHIMADA 1987). 

En ambos casos hay una alta densidad demográfica. Así, el patrón urbano traído por los europeos y previamente probado en el período anterior va a ser modificado y adaptado: Se van a constituir las ciudades en los núcleos preexistentes o cerca a zonas con una crecida densidad demográfica. Ahora casi siempre al interior, sin recursos mineros, pero con una importante población aborigen, muy valiosa en términos económicos, y cuyo adoctrinamiento religioso, vigilancia militar y control fiscal había que organizar.

En esta etapa se instalan también centros urbanos en zonas poco pobladas, para crear puntos de relación y de conexión con España. En cualquier caso siempre fue una norma la colaboración de la población aborigen. Para ello fue preciso al tiempo que se estructuraba la ciudad (Ordenanzas de vecinos, formación del cabildo, reparto de solares y tierras, delimitación de los bienes comunales), seguir con el doble objetivo iniciado en la anterior etapa: Concentrar la población indígena dispersa y formarla municipalmente.

Como dice la Real Cédula al Gobernador de Guatemala y al Obispo don Francisco Marroquín (Madrid, 10 de junio de 1540):
“...porque estando como están ahora, cada casa por sí, no pueden ser doctrinados, como convendría, ni promulgarles las leyes que se hacen en su beneficio, ni gozar de los sacramentos de la Eucaristía y otras cosas de que se aprovecharían y valdrían, estando en pueblos juntos y no derramados.”
Esta política sirve de modelo para los otros territorios en proceso de colonización, a los que se ordena regularse del mismo modo: La Nueva España en 1538, 1540 y 1949; Yucatán y Cozumel en 1548; Perú en 1540 y 1551 (Por Real Cédula al Presidente y Oidores de la Audiencia de Lima, Valladolid, 9 de octubre de 1549 (Cedulario Indiano, Tomo IV, p. 272), y Tierra Firme. Este modelo de urbanización está muy teñido del clima ideológico de la primera mitad del siglo XVI, en que cristianización y urbanización, religiosidad evangélica y “policía” formaban una entidad única. Es en esta etapa en que se enmarca el problema de la fundación de la ciudad de Chiclayo, objeto de este trabajo. 

El tercer período es el de 1573 hasta 1753. Es la última etapa, enmarcada por las Nuevas Ordenanzas de 1573, y las Instrucciones sobre composiciones de tierras de 1574. Está caracterizado por el fin de la conquista y por el clima de estancamiento económico, así como, concomitantemente, por el ansia de posesión de tierras. Características de esta etapa son: El desarrollo ganadero, las pandemias, las crisis agrícolas, que provocan una serie de hechos que van a dañar la propiedad comunal de los pueblos indígenas. Todo ello lleva al sostenimiento de una segregación de la población indígena para salvaguardarla. Muchas disposiciones legislativas provenientes del Consejo de Indias y de las autoridades indianas pretenderán corregir estas irregularidades y sus defectos, intentando limitar la usurpación indebida en diversas ocasiones. Se atenderá así a que aumenten los bienes comunales y en general a solucionar los problemas y las necesidades de la población indígena, tan maltratada por la expansión de la propiedad y los cultivos hispanos, la contraparte rural de la formación urbana antes reseñada.

2. La ocupación del suelo en Lambayeque en el siglo XVI.
Desde el punto de vista de la expansión de la frontera agraria del Perú del Siglo XVI, íntimamente vinculada al fenómeno de la expansión urbana, R. Mellafe nos plantea tres etapas claramente definidas, cuya cronología es interesante contrastarla con las etapas de la formación urbana reseñadas más arriba (MELLAFE 1972). 

Una primera etapa es la que va entre los años 1532 y 1548 (con la derrota de Gonzalo Pizarro), período de expansión fundamental, con pocos cambios estructurales en la sociedad indígena y con guerras civiles entre los conquistadores.

Un segundo momento (1548 a 1564), caracterizado por el predominio de las actividades tendientes a conocer la cultura y el área geográfica que se había conquistado, al tiempo que se intenta introducir nuevas estructuras en el sustrato aborigen.

Por último, entre 1564 y 1581 (con el fin del gobierno del Virrey Toledo, se daría la extensión de los anteriores ensayos al tiempo que se dan ya cambios profundos en la sociedad conquistada.

Hay algunos hitos que hay que tener en cuenta: Hacia 1546 ya se habían fundado las principales ciudades españolas; hacia 1545 se abría ya el horizonte minero de Potosí, junto con su importantísima red agraria comercial; hacia 1543 y años posteriores el gobierno colonial se preocupa por la revitalización y reacondicionamiento del sistema vial del territorio. Entre 1570-1580 se término de organizar el sistema laboral legal que aseguraba el aprovechamiento de mano de obra para todas las actividades económicas, con un severo control de la sociedad indígena, europea, negra y mestiza (MELLAFE, op. cit.).

En el norte del Perú, Lambayeque actual estaba en la época prehispánica formando el llamado por Waldemar Espinoza, reino de los mochica (ESPINOZA 1975), formado por los valles de Jayanca, Túqueme, Cinto, Collique y Pacasmayo. Más arriba ya hemos hecho mención suficientemente detallada de los rasgos sustantivos de la sociedad mochica lambayecana. En el resto del siglo XVI se va a potenciar la disminución de la población, como refiere Fray Domingo de Santo Tomás, que fuera fundador del Convento de Chicama y recorriera el norte peruano en afán catequista, en una carta al príncipe Felipe (1º de junio de 1550), en los últimos diez años de su permanencia en estas tierras: 
“... no ay al presente la mitad y de muchas cosas dellas [se refiere a las gentes , ganados, pueblos, edificaciones, etc.] ni aun de tres de partes la una... ”
La lógica de la conquista concebía a la población indígena y sus propiedades como mero botín de guerra, sin pensar en asegurar en lo mínimo las condiciones de su subsistencia. Frente a esta situación de desorden es que surgen un conjunto de alternativas desde el Consejo de Indias y la Corona española, incluyen una política de población y de protección de las tierras indígenas, disposiciones que son compiladas en el Cedulario Indiano y en la Recopilación de Leyes de Indias, las que son asumidas por la Audiencia de Lima, para proteger la supervivencia de la población indígena y asegurar su reproducción, así como adecuadas condiciones para su control ideológico, catequización y aprovechamiento económico y laboral (mitas, tributos). 

3. La Visita de Gregorio González de Cuenca (1566 - 1567) 
La situación de los indios, caciques y principales mereció no solo la atención del Derecho indiano, dictado desde la metrópoli española, sino también hubieron múltiples disposiciones emanadas de las autoridades residentes en el Nuevo Mundo, que conplementaban y afinaban el alcance de las disposiciones generales planteadas desde el Consejo de Indias. En el Perú, son famosos los pareceres y ordenanzas del Doctor Gregorio Gonzáles de Cuenca sobre múltiples aspectos, como derechos de los caciques, conflictos y derechos de aguas, etc., que tendían a ordenar o legitimar situaciones más o menos vigentes, desde la época prehispánica, siempre adaptando esos derechos a la situación colonial y a la herencia cultural e histórica peninsular. Posteriormente el Virrey Toledo sistematiza, ordena y generaliza el conjunto de disposiciones más o menos desordenadas en sus famosas Ordenanzas, que dan un modelo definitivo al sistema colonial peruano.

González de Cuenca llega al Perú en marzo de 1556 en el séquito que acompañaba al Virrey Andrés Hurtado de Mendoza, segundo marqués de Cañete. Fue Oidor de la Audiencia de Lima, y como tal participó en un conjunto de actividades como la visita de las provincias de Trujillo. Permaneció como Oidor hasta 1572, luego fue Presidente de la Audiencia de Santo Domingo hasta antes de 1576, en que había retornado a su original villa de Roa, falleciendo en 1576, después de una larga carrera como importante funcionario colonial.

El Oidor Gregorio González de Cuenca recibió el encargo del Presidente de la Audiencia de Lima, Lope García de Castro, de visitar Trujillo, Huánuco, Chachapoyas y Piura. Parte en 1566 a Trujillo y en una carta dirigida al rey del 12 de diciembre de 1567, manifestaba haber cumplido la visita de Trujillo, así como la de Huánuco.

Alegaba motivos de salud para no continuar con la visita, que debía continuar por Piura, además que las personas a quienes había aplicado justicia se quejaban contra él y no se le agradecía el celo al servicio del rey.

Las más importantes Ordenanzas, publicadas, a nuestro respecto son sus “Ordenanzas sobre Caciques e Indios Principales” u “Ordenanzas de los Yndios”, que fueron dictadas en la villa de Jayanca el 29 de agosto de 1566.

En estas Ordenanzas, publicadas en 1975 por María Rostworowski, a partir del reconocimiento de los derechos de los caciques e indios principales, se ordenan el funcionamiento de la vida cotidiana de la población indígena. Se crea un orden colonial indígena sobre la base del modelo de las comunidades de Castilla, con sus alcaldes, regidores, oficiales, juez de agua, nombrados en el caso de Jayanca por el mismo Oidor Gonzáles de Cuenca, pero realmente serían cargos elegibles entre los mismos naturales 

“... en cumplimiento de lo que por su magestad me ha sido mandado yo visité los yndios del dicho repartimiento y moderé los tributos que aveis de pagar a vuestro encomendero y los que se an de dar a vos el dicho cacique y la comida para los sacerdotes que os an de doctrinar y lo que para ello y los demás gastos para la comunidad cada yndio en particular a de pagar y mande reducir en tres pueblos todos los yndios deste repartimiento y por que su magestad manda que entre los yndios de cada repartimiento se elijan alcaldes y regidores y juez de aguas y los demás oficiales necesarios asi para la administración de la justicia como para el buen recaudo y guarda de los bienes de la comunidad donde se recojan los tributos y demas bienes del común...”

“... yo he nombrado los dichos alcaldes y regidores y juez de aguas y he dado la horden que para adelante se ha de tener en la eleción de los dichos oficios y al huso y exercicio dellos y he hecho ordenancas que vos el dicho cacique y los alcaldes y regidores y demás oficiales aveis de guardar en el huso de los dichos oficios y cargos y ordenancas generales y a todos los yndios de ese repartimiento...”.

Normaba así cómo se debía elegir a los alcaldes y regidores, y otros oficiales que se debían elegir cada año; los cargos elegibles iban desde escribano, alcaldes, juez de aguas; estos últimos podían nombrar sus auxiliares o aguaciles (“cargos de confianza”), así como el carcelero y verdugo. Se fijan así mismo todo el conjunto de atribuciones la jurisdicción y limitaciones del poder de los aguaciles, alcaldes, regidores; tendrían un papel muy importante en el control ideológico y el cumplimiento de las normas cristianas, así como en el manejo de, los recursos de la comunidad (la caja de Comunidad). Es muy escrupuloso también al precisar los derechos y atribuciones del Cacique, tratando de que “los caciques y principales, por el cargo y mando que tienen sobre los indios a ellos sujetos, no les agravien”.

Es entre 1566 y 1567 que González de Cuenca estableció el orden urbano a las antiguamente dispersas parcialidades o “valles” de esta región. Esto se demuestra con toda claridad cuando el 3 de marzo de 1567, en las Ordenanzas de Riego del Taimi, el Oidor Gonzáles de Cuenca señala que :
“... en cumplimiento de lo que por su magestad me ha sido cometido y mandado, yo he visitado y tasado los repartimientos de indios de Chuspo, Reque, Coyque, Sinto, Lambayeque y Firriñafe, los cuales todos riegan sus sementeras y tierras y algodonales con una acequia muy antigua del tiempo del Ynga, llamada el Taymi, de la cual se sacan acequias y regaderas para los dichos repartimientos...” (Cf. BRÜNING 1923).

Entre agosto de 1566 y marzo de 1567 el doctor Gregorio González de Cuenca visitó los repartimientos de indios de Chuspo (Monsefú), Reque, Coyque y Sinto (Chiclayo), Lambayeque y Ferreñafe, y seguramente como eran sus instrucciones señaladas explícitamente en las Ordenanzas de los Yndios dictadas en Jayanca, redujo varias parcialidades en el pueblo de Lambayeque, ya desde 1560 por lo menos.

Susan Ramírez nos informa además que la población de Cinto pasó mayoritariamente al pueblo de Lambayeque y San Miguel; parte de Collique al pueblo de Eten y el resto de “pueblezuelos” a Chiclayo (RAMIREZ 1981, MOGROVEJO 1920).

4. El común de indios de Lambayeque colonial
De este modo el “Común de indios va a ser la institución representativa de la población indígena a lo largo de la época colonial, ante la cual se tramitaría la solución nativa. Igualmente sería la entidad que plantearía los reclamos por reivindicaciones de derechos de tierras y aguas ante las entidades dominantes en la colonia (Cabildo de Epañoles. Corregimiento, Audiencia de Lima. Virrey).

Dentro del “Comúm de Indios” se expresaba también la organización social de la población indígena, ya que estaban representandas las parcialidades que al parecer agrupaban a los campesinos con derechos a determinada porción territorial. Ya hemos señalado algunos nombres parcialidades reducidas en el pueblo de Lambayeque (Ñan. Corñan, Xacap, Eten, Esquén). La situación se complica cuando observamos las parcialidades de origen de los feligreses de las cuatro parroquias de Lambayeque, como vemos a continuación:

Cuadro 1:

Parcialidades en parroquias de Lambayeque colonial

Ramadas

Santa Catalina

Santa Lucía

San Roque

San Pedro

Parcialidades

comunes

Forasteros

Forasteros

Forasteros

Forasteros

Yanaconas

Yanaconas

Yanaconas

Yanaconas

Del cacique

Del cacique

Del cacique

Del cacique

Parcialidades

Pares

Yéncala

Fill

Fill

Yéncala

 

Jacap

 

Jacap

Lizeros

Huerta

Huerta

Huicop

Parcialidades

Singulares

Segundos

Nonchuc

Xieloc

Olleros

 

Chanlobo

Enec

Jicloc

 

Hebsquen

 

Sensiac

 

Collocsil

 

 

Fuente: Elaborado a partir de información de los libros parroquiales de Lambayeque.
Dejando de lado las parcialidades que se repiten en las cuatro ramadas, encontramos que el término “parcialidad” se aplica a conocidas toponimias locales (Yéncala, Huerta, Chalobo, Collocsil) así como apellidos de mandones o nobles yungas locales (Hebsqen o Esquén, Huicop, el mismo Huerta, p.ej.); y por último se refiere a algunas especialidades laborales muy concretas (chicheros, olleros, “ lizeros” (sic). Hasta donde estas connotaciones del término parcialidad corresponden a contenidos o adaptaciones hispanas es algo que no podemos responder aquí, pero la evidencia nos sirve para conocer algo de la organización interna de nuestro común de Indios de Lambayque. Señalemos de paso que las parcialidades detectadas en pueblos vecinos como Chiclayo Ferreñafe tienen sentido similar.

En Chiclayo son conocidas las parcialidades se Sinto. Collique y Forasteros, mientras en Ferreñafe las de Chiclef, Serquén. Falén Chanamé , Siensiec. Calansec, Senseg, Luchfac. (Vinculadas a apellidos de mandones indígenas y toponimias locales), así como las especializadas de Pescadores, Carpinteros, Alcabaleros, al lado de las siempre comunes del Del Cacique, forasteros y Segunda Persona..

El padre Justo Modesto Rubiños y Andrade, quien en los años sesenta del siglo XVIII estaba a cargo de una de las ramadas de Lambayeque, señalaba que desde la época de la gentilidad (prehispánica) fue Lambayeque “matriz de todos los cacicazgos de estos valles que fueron ramos del tronco principal, que se plantó en este pueblo”. 
En efecto, la leyenda de Naymlap contendida en la Miscelánea Antárquica de Miguel Cabello Valboa -tantas veces citada- recogida dos siglos antes que la versión de Rubiños, coincide en señalar que al desembarcar estos semimíticos inmigrantes, levantaron un templo llamado Chot y fundaron la ciudad de “Ñampallec” (CABELLO 1951), a partir de la cual se irradiaron los descendientes de Naimlap en un conjunto de unidades étnicas que durante la época colonial se denominarían como “parcialidades”.

Durante la llegada de los españoles al norte peruano, en tránsito hacia Cajamarca, el cacique Efquempisan dio buena acogida a los conquistadores, supuestamente ya existía Lambayeque como centro poblado y con ese nombre, según la versión de Ricardo Miranda(MIRANDA 1927). Según el expediante “Querella de los indios, caciques y principales contra los encomenderos, desde el Callejón de Huaylas al pueblo de Olmos” que se formó en 1578 (Cf. ALCOCER 1987), el río que lo regaba se llamaba Collique (hoy Lambayeque y antiguamente Faquisllanga), hasta que después de la reducción de esta unidad étnica en Chiclayo, paulatinamente desaparece el nombre antiguo hasta imponerse el de Lambayeque. 

De este modo, la fundación española de Lambayeque en 1566 por el Oidor Gregorio González de Cuenca no sería sino un acto simbólico, muy propio de la mentalidad española, que le daría al centro urbano una utilidad diferente: sede de la fuerza de trabajo para la mita y eficaz medio de control de la población para el cobro del tributo, así como para la catequización de la población indígena. La antigua población de Lambayeque fundada por el Oidor Gregorio González de Cuenca fue destruida, así como muchas otras pueblos, entre los que destaca Zaña, por las inundaciones de 1578 causadas por las abundantes lluvias de ese verano. Producido el traslado, se rehace la economía y se ubica la población en el actual Lambayeque.

A pesar de su importancia hay pocas visitas conocidas, lo que hace muy oscura nuestra visión de la población colonial. La primera visita que conocemos con valor demográfico para Lambayeque es la de Toribio de Mogrovejo. Antes de él sabemos de la existencia de la visita de Cuenca en los años sesenta, que hasta ahora es inédita. Para el área vecina, tenemos publicadas la de Sebastián de la Gama a Jayanca, de 1540, publicada por Waldemar Espinoza en 1975; y la de Ferreñafe, publicada por Jorge Cevallos (1568).

La importante visita general de Francisco de Toledo (1570 - 1575) no ha dejado testimonios para el norte. Queda sólo una relación resumida de población tributaria hecha por Luis Morales y Figueroa, que se recoge en la monografía de Carlos J. Bachmann (1921), en que consta que en la encomienda de Lambayeque habían 1453 tributarios que debían pagar 5396 pesos tributo anual y 1079 de quinto real.

El Arzobispo Toribio de Mogrovejo realizó tres visitas pastorales a lo largo de su período pastoral. Durante la primera hemos encontrado evidencias de su presencia en nuestra región hacia 1.590, aunque no hemos hallado la parte correspondiente al pueblo de Lambayeque. Ha sido un ligero análisis de laos datos demográficos de esta segunda visita de Toribio de Mogrovejo, que fuera publicada por el padre Domingo Angulo en 1.920, tenemos que la población tributaria se había reducido desde la época de la visita toledana a 1.009 indios de edad de tributar (entre 18 y 50 años). Pagaban efectivamente tasa y tributo 966 indios, después de descontar los 23 ausentes fugitivos y forasteros en otro pueblo lejano, así como 10 mandones y 10 pachacas que no pagaban tributo. Además habían unos 10 indios que no pagaban tributo, quizá por excederse de la edad límite de 50 años. 

En total la población del pueblo de Lambayeque en sus tres ramadas a cargo de los curas Roque Zejuela, Francisco Sánchez y Diego Alfonso Gironda, llegaba a 5.256 “ánimas chicas y grandes”, de los cuales 3.170 eran “ánimas menores”. La disminución de la población en los seis años siguientes fue muy significativa, si tenemos en cuenta los datos que nos proporciona el Licenciado Martínez, quien hiciera la visita Pastoral de Lambayeque dentro de la tercera Visita Pastoral de Toribio de Mogrovejo en 1.599. 

A pesar del evidente carácter estimativo de las cifras de la visita de Mogrovejo, se observa una reducción de más del 25% de la población en el lapso de 6 escasos años, lo que no es raro si tenemos en cuenta la dinámica de la población en sociedades arcaicas, en que las epidemias y los fenómenos climáticos calamitosos tenían incidencia muy fuerte en la elevación brusca de la mortalidad. Otro hecho notable en estas dos visitas de la última década del siglo XVI es la organización de los indígenas en tres “ ramadas” o “parroquias que en alguna medida responden en su estructura interna a la herencia prehispánica, como veremos más adelante.

En fecha posterior, según nos refiere el padre Menéndez Rúa, ya se hablaba -antes de 1.606- de la existencia de las cuatro ramadas o curatos hoy conocidos de Santa Catalina, San Roque, Santa Lucía y San Pedro. Debemos recordar que ésta es la época de apogeo de Zaña, en que importantes familias trujillanas van a ser atraídos por el desembarco de mercancías y la exportación de productos locales, forma esta expansión y florecimiento de Zaña influía negativamente en Trujillo, la que exigía continuamente -a través de su cabildo- medidas proteccionistas especiales a su actividad comercial y agrícola.
A pesar de que en el siglo XVII han habido varias visitas, no hemos hallado datos demográficos relevantes . Recién hacia fines del siglo XVII hallamos valiosos datos que nos permiten evaluar parcialmente las tendencias de la población en el siglo. 

Según una retasa realizada en el repartimiento del pueblo de Lambayeque testimoniada por Antonio de Rivas, Escribano Público, Unico Registro y Real Audiencia de la ciudad de Zaña y sus jurisdicciones, tenemos que en Lambayeque había una población de 2116 indígenas. De los que estaban en edad de tributar hay que descontar 18 que no pagaban tasa, ocho de ellos por ser caciques (primera y segunda persona a la usanza de la época), cuatro por ser cantores de cada parroquia respectivamente y el resto por ser maestro de capilla y maestros de escuela (MENENDEZ RÚA 1935).
En el auto de esta doctrina, se indican los tributos a pagar tanto para el Hospital del pueblo de Lambayeque, como se establecen los derechos del Cacique a la tributación de sus dependientes. Se señala por ejemplo que “les han de sembrar y cojer y cada uno media fanega de trigo maíz por mitad y darles para su servicio a cada uno un indio viejo, un muchacho y una india vieja sin sospecha y todo y según y con las cualidades expresadas en las partidas de dicho cassique principal...”

5. La población indígena del pueblo de Lambayeque, siglo XVIII
De este modo el “Común de indios va a ser la institución representativa de la población indígena a lo largo de la época colonial, ante la cual se tramitaría la solución nativa. Igualmente sería la entidad que plantearía los reclamos por reivindicaciones de derechos de tierras y aguas ante las entidades dominantes en la colonia (Cabildo de Epañoles. Corregimiento, Audiencia de Lima. Virrey).

En Chiclayo son conocidas las parcialidades se Sinto. Collique y Forasteros, mientras en Ferreñafe las de Chiclef, Serquén. Falén Chanamé , Siensiec. Calansec, Senseg, Luchfac. (Vinculadas a apellidos de mandones indígenas y toponimias locales), así como las especializadas de Pescadores, Carpinteros, Alcabaleros, al lado de las siempre comunes del Del Cacique, forasteros y Segunda Persona. Los trabajos que están haciendo César Sevilla, Alfonso Samamé y Pedro Chimoy en la actualidad, contribuirán a eludicidar la naturaleza y características de éstas parcialidades y su función dentro del orden colonial indigena.
La población tributaria indígena se desenvolvía en actividades agrícolas que eran su fuente principal de ingreso, de donde conseguía recursos para el pago del tributo.

La población indígena que residía en el pueblo de Lambayeque estaba disponía de cuatro parcialidades o "suertes de tierras" llamadas Culpón, Chancay, Cadape y Sialup, que en 1712 tenían un total de 6888 fanegadas, conforme lo establece una visita de deslinde de tierras hecho por el Visitador Antonio Sarmiento de Sotomayor ese año. Teniendo en cuenta esta extensión de tierras este visitador debía asignar la cantidad de tierras adecuadas para la población indígena, y según sus instrucciones, acordes con la política vigente entonces, rematar las tierras sobrantes a los vecinos españoles que ofrezcan las sumas adecuadas de dinero.

Según la información proporcionada por los curas de Lambayeque, la que fuera confrontada con el padrón de tributarios del pueblo existía una población de 1134 indios originarios, de los cuales 596 eran tributarios por lo que les correspondía, de acuerdo a las reales ordenanzas dos fanegadas de tierras a cada uno; 538 eran indios reservados, a los que les correspondía una fanegada a cada uno. De esta manera, se distribuyó las tierras, en tal forma que se repartieron 2136 fanegadas de tierras a la población indígena, de las 6888 disponibles en las cuatro parcialidades. Quedaron 4721 tierras “vaças o realengas”, para las cuales se hizo una composición y remate, en que se favorecieron vecinos criollos. 

Esta distribución se ejecutó el 5 de agosto de 1712 ante el cacique principal Don José Bernardino Temoche Farrochumbi, así como ante el Procurador y alcaldes, y en presencia del Protector de Naturales, quien al requerírsele por los sitios en que se les asignaría las 2167 fanegadas para la población indígena, en
nombre del “común de indios” señaló se les asigne en las tierras Cadape y Sopillent. 

En estas mismas tierras de Cadape y Sopillent se realizó la composición y venta de las tierras realengas, las que fueron adjudicadas a los siguientes personajes:

Cuadro 2

Composición y venta de tierras realengas en Lambayeque, 1712

Adjudicatario

Extensión

Capitán Diego de Soto Mayor                 

120 fanegadas

Lic. Don Julián Ternero Mingolla            

122 fanegadas

Lic. Don José de Vera y Escobar             

123    

Don Sebastián de Azabache                      

26

Don Tomás Huycop del Risco                   

64

Colegio de la Compañía de Jesús              

20

Don Francisco Antonio Infuc                            

7

Mujer de Fco. Antonio Infuc                    

10

Herederos de Don Miguel Huerta              

8

Herederos de Miguel de Azabache           

66

Sobrante

19 fanegadas

El sobrante sumado a las otras “suertes de tierras” vacías suman un total de 4,147 fanegadas de “tierras vacas y realengas”.

Un detalle interesante es que varios de los rematistas de las tierras realengas fueron caciques indígenas: Azabache, Huycop, Infuc y su esposa, los herederos de Huerta, lo cual es sumamente interesante y nos demuestra el estatus especial que conservaban todavía los herederos de los antiguos caciques lambayecanos, ahora seguramente más “españolizados”, como anunciaba, en los años setenta del siglo XVI Fray Reginaldo de Lizárraga. 

Como vemos, de haber ocupado antes de la llegada de los conquistadores todo el espacio agrícola disponible, como lo señalan evidencias histórico demográficas y arqueológicas, la población indígena de Lambayeque de había visto reducida a una “suerte de tierras”, a un área geográfica que incluso no llegaban a ocupar completamente. 

Es evidente la caída en estos casi doscientos años de presencia colonial, de la población cíclicamente, así como la sujeción a los fenómenos ecológicos, frente a los cuales habían perdido mucho de su capacidad resistencia por la relativa desarticulación social que implica la presencia colonial, que impedía o dificultaba, por ejemplo, la limpia y mejora de las acequias existentes, frente a lo cual la abundancia de aguas rea fatal y generaba quiebras de las acequias y las consiguientes inundaciones y pérdidas de las cosechas, con lo que permanentemente se sensibilizaba más la población a las epidemias. 

Jorge Zevallos señala para el siglo XVIII epidemias en los años 1758,1760-66 y 1775, 1784 que tuvieron influencia significativa en el estancamiento de la población (ZEVALLOS 1959). La explicación común a la mortandad era la que daba José Ignacio de Lequanda en 1793, quien señalaba que la causa era que los indios no se habían desprendido de la idolatría, lo que los hacía muy infelices, 
“... así se han visto unas pestes que los han desolado, naturalmente permitidas por la providencia para su castigo” (LEQUANDA 1793)
A pesar de esto, hacia el último tercio del s. XVIII la situación tendía a cambiar, al parecer. Según la “Matrícula de Tributarios de la Provincia de Lambayeque (Zaña) en 1780” hecha por la Comisión de la Visita General había habido un significativo aumento de la población.
Frente al evidente incremento de la población indígena de Lambayeque que así llegaba a igualar al volumen de población de fines del quinientos (muy menor, sin embargo, del volumen de la población prehispánica), el cacique principal Eugenio Victorio Temoche Farrochumbi Puiconsoli con fecha 4 de abril de 1781 pide se haga un deslinde de medida y repartición de tierras de Sialupe, que se hallaban “vacas y realengas”, adjudicándoseles a los tributarios de Lambayeque. Denunciaba el cacique Temoche la usurpación del cura Villada quien, sin derecho alguno, ocupaba Sialupe. Fundamentaba el cacique que había habido un considerable aumento de la población, que llegaba a 4108 entre originales y forasteros, por lo que se requería ampliar las tierras asignadas.
El pedido fue acogido por el señor Juan Muñoz y Villegas, juez Comisionado para la Visita General de la Provincia de Zaña, cuyo máximo director era el hoy famoso José Antonio de Areche.
De acuerdo a las Ordenanzas Reales, a los tributarios de tasa entera se les debía asignar dos fanegadas de tierras y a los de segunda categoría (media tasa) se les asignaba una fanegada, mientras que a los otros grupos no se les asignaba cantidad alguna de tierra,
Para completar los requerimientos de tierras de acuerdo a esta nueva dimensión de la población eran necesarias 3781 fanegadas (incluidas las tierras del cacique y según la persona). Las tierras de Sialupe y Cadape sumaban 4,150 fanegadas sobrando 369 fanegadas.
Hay que recordar que la parcialidad de Corñian o Corñán, la que según algunos testimonios estuvo reducida en la ramada de San Roque, y tenía algunas peculiaridades por la posesión de algunas salinas en sus tierras, lo que le daba a esta parcialidad un estatus especial al interior del común de Lambayeque. Corñán poseía 61 fanegadas en Culpón. Otros indios de Lambayeque poseían 230 fanegadas en total, lo que significaba que la población indígena de Lambayeque poseía 4.441 fanegadas. 
El reparto de estas tierras en las áreas o “suertes de tierras solicitadas”, se hizo a cargo del propio cacique Eugenio Victorio Temoche Farrochumbi Puiconsoli, previa convocatoria del común de indios de las cuatro ramadas de Lambayeque. Así, el 25 de noviembre de 1.781, Eduardo Uchofan, secretario del Cabildo de los Naturales del Pueblo de Lambayeque hizo saber al común de indios del auto de Juan Muñoz y de Villegas en que se asignaba las tierras mencionadas a la población. Previamente el pregonero público Antonio Pisfil hizo la convocatoria para esta reunión, en las cuatro ramadas, “donde estaban juntos en sus respectivas doctrinas” Así se realizó el reparto de tierras dentro de los linderos indicados por Juan Muñoz de Villegas en 1.781.
En esta provisión se señala claramente los límites de la propiedad de las tierras asignadas en hitos doblemente interesantes pues se trataba de huacas que entonces conservaban sus nombres originales. Estas tierras no podían enajenarse, ni venderse, salvo comunicando a la autoridad del Juez Real y “solo para los efectos de pagos de tributos ú otras necesidades del común”. Estas operaciones no menoscababan el derecho de propiedad perteneciente a su Majestad : sólo se asignaba el derecho de uso y usufructo a los indios.
A manera de balance, podemos decir que el siglo XVIII fue un siglo de expansión de la población de Lambayeque, expansión poblacional que probablemente sea un fenómeno colonial en general (SÁNCHEZ-ALBORNOZ 1985, WACHTEL 1980). En el caso de Lambayeque, este crecimiento fue tan notable que motivó a los caciques hacer el reclamo que permitió quede documentada una serie de informaciones que hemos anotado.
Este proceso debe haber sido lento, pero sostenido. Se habría consolidado a partir de 1720, por razones de ordenamiento urbano-político, al convertirse Lambayeque en sede regional del poder colonial, por el traslado de éste desde la arruinada Zaña, que sufrió una catastrófica inundación, que es ilustrada en un acta que es transcrita por Carlos J. Bachmann en 1921.

6. Cambios en la población de Lambayeque entre 1784 y 1853
El Partido de Saña o Lambayeque, era ya en el Siglo XVII una de las poblaciones de más importancia en la Costa, según Ricardo Miranda el corregimiento de Trujillo fue desmembrado para crear el de Saña, al que se le agregó el Partido de Chiclayo,
"...pues es fama que muchos habitantes de esta Ciudad dejaron sus casas y sus comodidades para ir a vivir en aquella Villa donde residían muchos españoles ricos y linajudos..." (Miranda 1927: 27).
La actual ciudad de Lambayeque, se inició como simple reducción indígena, fue organizada a partir del agrupamiento de algunas parcialidades indígenas por el Oidor de la Audiencia de Lima, Doctor Gregorio González de Cuenca, en su visita que con intenciones de reordenamiento jurídico y administrativo, hiciera al norte de la audiencia de Lima, en la segunda mitad de los años sesenta del siglo XVI.
El Oidor Gregorio González de Cuenca fue el “fundador” de Lambayeque, aunque estrictamente este adjetivo no es correcto en este caso, ya que la “fundación de ciudades” es un proceso que tanto ritual como sustancialmente es muy diferente -tal como indicamos más adelante- a la de creación de una reducción o pueblo indígena, como fueron los casos de Chiclayo, Lambayeque, Ferreñafe y tantos otros antiguos “comunes de indios” del actual departamento de Lambayeque . 
La población indígena que residía en el pueblo de Lambayeque estaba disponía de cuatro parcialidades o "suertes de tierras" llamadas Culpón, Chancay, Cadape y Sialup, que en 1712 tenían un total de 6888 fanegadas, conforme lo establece una visita de deslinde de tierras hecho por el Visitador Antonio Sarmiento de Sotomayor ese año.
El Partido de Saña o Lambayeque, era ya en el Siglo XVII una de las poblaciones de más importancia en la Costa. Según Ricardo Miranda el corregimiento de Trujillo fue desmembrado para crear el de Saña, al que se le agregó el Partido de Chiclayo,
El Partido de Lambayeque tenía un activo comercio por mar y tierra, realizándose el trabajo marítimo por el Puerto de Chérrepe (en la desembocadura del río Zaña), exportando a Panamá (harina, arroz, maíz); y otros productos a Lima (jabón, cueros, azúcar). Este apogeo de la provincia estuvo ligado al de la Villa de Santiago de Miraflores de Saña, el que duró hasta fines del Siglo XVII.
La mayor parte de la población de esta Villa, pasó a vivir a Lambayeque, antigua capital del corregimiento de Saña, por haber sido saqueada en 1686 por el pirata flamenco Eduardo Davis, quien desembarcó en la Caleta de Chérrepe, permaneciendo siete días robando templos y casas. A esta calamidad siguió 34 años más tarde otra mayor: la inundación del 15 de marzo de 1720, determinando así su completa ruina (Bachmann 1921: 16).
El pueblo de Lambayeque quedó desde esta época erigido en capital de la provincia o Partido de Saña. En el año 1753, la Ciudad de Lambayeque, llegó a contar con más de 10,000 habitantes, contribuyó a este progreso el tener a San José como Puerto Mayor, pues canalizaba la exportación que partía de la ciudad de Lambayeque; existían también más de 50 tinas y trapiches con importantes volúmenes de producción (Menéndez Rúa: 39 - 40).
La población era conformada por habitantes de diferentes castas: españoles, que incluían a los eclesiásticos, aunque en la información estadística aparecen desagregados; hacendados y comerciantes; mestizos en menor cantidad, dedicados al arrieraje, algunos vivanderos, artesanos y agricultores. En cuanto a los negros se veían muy pocos libres, casi todos eran esclavos de las haciendas, de fábricas de jabón, azúcar y panllevar, como también de servicio doméstico; los mulatos y zambos ligados algunos al cautiverio y otros se mantenían en diferentes oficios (Lequanda 1793: 62).
La industria y el comercio, era grande y poderoso, los Lambayecanos se dedicaban a cultivar los campos, arroz, caña de azúcar, etc., a la fabricación de jabones y cordobanes, llegando a abastecer a Lima, al Valle de Cajamarca y otros, incluso se exportaba a Chile, España, Guayaquil, asimismo se producían vinos, obrajes de tejidos de algodón, hilazas y contaban con factorías de tabaco y sal etc. (Lequanda 1793: 76 - 83).
Sin embargo, con el advenimiento de la República, la situación cambió. El geógrafo y naturalista Antonio Raimondi quien pasó por la región en 1868, comentaba que en Lambayeque se observaban muestras de una antigua opulencia, pero 
“si actualmente Chiclayo progresa todos los días Lambayeque va al contrario, decayendo un poco; se diría que la primera población le absorbe toda su vida; aún su principal industria la fabricación de jabón, tan floreciente en el siglo pasado, está actualmente abatida...” (Raimondi 1956). 
En el cuadro siguiente observamos las tendencias de cambio de la población de esta provincia en dos en que ya se dio el impacto de la dominación colonial:

Cuadro 3

Población indígena del partido de  Lambayeque, siglos XVII - XVIII

 

Año

Condición

1628

1754

1795

Varones

7144

5834

 

Mujeres

8470

5538

 

Muchachos

3804

2601

 

Tributarios

3340

2722

1542

Viejos

1032

471

 

Total

16646

11332

22333

Fuentes: Elaborado de Vásquez de Espinoza, pp. 703-720; Memorias de los Virreyes, IV, Ap. 6-15.

Haciendo un análisis, encontramos que en el período 1628 - 1754, la población decreció a una tasa promedio anual de -0,251, es decir, tendía a reducirse lentamente. Posteriormente más bien vemos una tendencia marcadamente creciente de la población: en el período 1754 - 1795 la población de esta provincia creció a un ritmo alto, según estos datos estadísticos: una tasa promedio anual de 2,35. Estas tendencias pueden apreciarse en el gráfico siguiente.


















La organización fiscal colonial tenía una preocupación especial por conocer la configuración poblacional de la masa tributaria indígena. Gracias a esta preocupación, podemos apreciar ahora las características de la masa indígena adulta de algunos repartimentos, incluido el pueblo de Lambayeque, como puede apreciarse en el gráfico 2 siguiente . 




















Se observa la presencia de una masa mayoritariamente de originarios. Lo cual indica que no hubo una movilidad de la fuerza de trabajo excesiva, aserto que coincide con los hallazgos de Ronald Escobedo Mansilla 

Cuadro 4

Matrícula de la población indígena del  partido de Lambayeque, 1788

Forasteros sin tierras

Mixtos quinte-ros

Sambaigos sin tierras

Total de contribu-yentes[1]

 

94

21

14

1199

 

0

12

0

598

 

0

0

0

51

 

0

2

1

13

 

0

0

1

283

 

1

0

0

254

 

37

1

13

715

 

0

0

1

98

 

0

0

0

301

 

0

11

1

300

 

0

22

6

173

 

0

0

3

53

 

0

0

0

16

 

9

0

0

48

 

141

69

40

4102

 

Fuente: Archivo General de la Nación. “Secretaría de Cámara y Superintendencia General de Real Hacienda. Matrícula del Partido de Lambayeque”. Lima, octubre 2 de 1787, 3 ff.

En la misma época, tenemos otra fuente interesante que nos hace ver las características demográficas de las parroquias o repartimientos de la provincia de Saña o Lambayeque. Se trata de los informes del obispo Baltazar Jayme Martínez Compañón, quien hace recoger interesante información demográfica, que nos da ocasión de comparar con los datos de nuestros censos, y ensayar una interpretación de los cambios ocurridos entre 1784 y 1853. Los datos de la visita de Baltazar Jayme Martínez Compañón fueron resumidos y publicados por su sobrino Josep Ignacio de Lequanda, que es la fuente que utilizamos más adelante. Lamentablemente no contamos con información más detallada que nos diga de la estructura de edades, otros datos como ocupación, etc., de esta población en esa época.

Cuadro 5

Población de la provincia de Saña o Lambayeque, 1784

PARROQUIA

Religio-sos

Espa-ñoles

Indios

Mixtos

Pardos

Negros

Totales

Saña

10

73

0

39

370

90

582

Chérrepe

1

0

139

0

0

0

140

Santa Lucía

3

487

1256

646

286

338

3016

San Pedro

8

316

1577

523

461

83

2968

Santa Catalina

13

303

1134

381

379

305

2515

San Roque

11

406

1935

475

538

160

3525

Jequetepeque

2

86

720

259

76

0

1143

Chiclayo

9

408

4244

883

635

0

6179

Mocupe

1

0

110

0

0

0

111

Mochumí

1

0

350

0

0

0

351

Ferreñafe

6

248

3160

798

166

60

4438

Mórrope

1

4

1317

67

0

13

1402

Jayanca

2

89

313

228

0

84

716

Íllimo

1

0

54

10

0

0

65

Reque

1

2

481

4

7

0

495

Monsefú

1

0

1516

16

0

0

1533

San Pedro de Lloc

1

54

746

213

72

0

1086

Ingenios

2

17

0

8

14

319

360

Chepén

11

100

356

318

148

308

1241

Pueblo Nuevo

1

0

343

6

0

0

350

FUENTE: Elaborado de: “Estado que demuestra el número de habitantes del Obispado de Trujillo del Perú, con distinción de castas, formado por su actual Obispo”, 1784. En: Trujillo del Perú en el siglo XVIII. Ediciones de Cultura Hispánica, Instituto de Cooperación Iberoamericana, Madrid, 1978-1980, Vol I.

FUENTE: Elaborado de: “Estado que demuestra el número de habitantes del Obispado de Trujillo del Perú, con distinción de castas, formado por su actual Obispo”, 1784. En: Trujillo del Perú en el siglo XVIII. Ediciones de Cultura Hispánica, Instituto de Cooperación Iberoamericana, Madrid, 1978-1980, Vol I.

Para una mejor apreciación de los volúmenes y proporciones, hemos elaborado el gráfico 3, que nos permite apreciar la real diferenciación existente en estos pueblos indígenas de común origen, pero que ya en 1784 se habían desarrollado en forma diferenciada. Observamos así la mayor importancia absoluta de la ciudad de Lambayeque, formada por las parroquias de San Roque, Santa Lucía, San Pedro y Santa Catalina, con un total de 12024 habitantes, entre indios, mixtos, pardos, españoles y negros (en ese orden de volumen poblacional), de lejos siguen Chiclayo (más de la mitad de la población de Lambayeque), y luego Ferreñafe, Monsefú, Mórrope y las demás doctrinas. En todos estos pueblos el mayor volumen demográfico está dado por la población indígena.

En las páginas siguientes observamos seis gráficos analíticos que nos permiten apreciar las dimensiones específicas de esta diferenciación de las doctrinas por cada una de las castas, y en el total de la población.

La población total en el año de 1784 de Lambayeque fue de 12024 habitantes. En el censo de 1853 se registraron 8551 habitantes, lo que indica, independientemente de las deficiencias metodológicas de ambas fuentes, que la población disminuyó en más del 20%%. Es difícil de explicar las razones de este suceso en forma definitiva, pero influye mucho la crisis del sistema colonial, la reestructuración económica de la región por la emergencia de la industria azucarera y un nuevo comercio articulados por Chiclayo ; así mismo se reestructura el sistema de puertos: en el siglo XVIII el mayor volumen del tráfico comercial se hacía por San José, entonces puerto mayor. Sin embargo la decadencia de Lambayeque, a pesar de ser evidente a partir de la Independencia, no fue un fenómeno que repercutió inmediatamente en el florecimiento de la ciudad de Chiclayo. Entre 1820 y 1840 aproximadamente la situación se mantendría en un punto muerto por la profunda desarticulación interna de la economía peruana. Este cambio de importancia entre las ciudades de Lambayeque y Chiclayo, también fue influido por las graves inundaciones que prácticamente arrasaron la ciudad entre 1791 y 1828 (Velarde 1902, Miranda 1727) . Una explicación más de conjunto indica que alrededor de mediados del siglo XIX los nuevos vapores exigían mejores puertos que la deficiente rada de San José, por lo que paulatinamente Pimentel y Eten van a convertirse en los puertos de desembarque y embarque de mercaderías, situación que se consolida en los años 1870 con la formación de las empresas ferroviarias y portuarias de Eten y Pimentel .

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
FUENTES PRIMARIAS
Biblioteca Nacional - Sala de Investigaciones
1787 C 3028 “Secretaria de Cámaras y Superintendencia General de Real Hacienda, Matrícula del Partido de Lambayeque”. 
Biblioteca José Acosta de la Orden Jesuita, Lima, Sección Archivo
Colección de manuscritos Rubén Vargas Ugarte
Archivo Arzobispal de Trujillo
Padrones, Legajo 3, Expediente 14, Censo del pueblo de Lambayeque, 1838
Archivo Departamental de Lambayeque
1712 - 1782 "Expediente del común de indios de Lambayeque"
1853 "Censo Político de la Benemérita y Generosa Ciudad de Lambayeque". 
Archivo de la Parroquia de Lambayeque
Libros de bautismos, entierros y matrimonios, de 1830 a 1853.

BIBLIOGRAFÍA 
ALCOCER, Francisco. Provanças de indios y españoles referentes a las catastróficas lluvias de 1578, en los Corregimientos de Trujillo y Saña. Versión paleográfica y comentarios de Lorenzo Huertas Vallejos. CES Solidaridad, Chiclayo, 1987.
ANGULO, Domingo. “Fundación de la Villa de Zaña”. En: Revista del Archivo Nacional. Lima, 1920, I.
ANÓNIMO. “Fragmento de una historia de Trujillo”. En: Revista Histórica, Tomo VIII, Entregas I-II, Lima, 1925, M, 88-118.
BACHMANN, Carlos J. Departamento de Lambayeque. Monografía Histórico geográfica. Imprenta Torres Aguirre, Lima, 1921.
BASADRE, Jorge, "Los Censos Nacionales del Perú". En: Revista Histórica, Lima 1945.
BAZÁN, Inés y José GÓMEZ. Capitalismo y formación regional. Chiclayo entre los siglos XIX y XX. Instituto Población y Desarrollo / Concytec, Chiclayo, 1989.
BONILLA, Manuel C. “LLampallec”. En: Boletín de la Sociedad Geográfica de Lima. Tomo 36, 4º Trim., Lima, 1920, pp. 245 - 282.
BRÜNING, Enrique. “Lambayeque”, Estudios Monográficos del Departamento de Lambayeque; Fascículo I, Chiclayo, 1922.
BRÜNING, Enrique. “Reglamentación de las Aguas del Taimi”, Estudios Monográficos del Departamento de Lambayeque; Fascículo IV, Chiclayo, 1923.
CABELLO VALBOA, Miguel. Miscelánea Antárquica. Una Historia del Perú Antiguo. Instituto de Etnología. UNMSM, Lima, 1951.
CABERO, Marco Aurelio. “El corregimiento de Saña y el problema histórico de la fundación de Trujillo” En: Revista Histórica, Nos. 2, 3 y 4, Lima, 1906, pps. 151-191, 336-373, y 485-514.
CACHO, Artidoro. "Crónica de Zaña", En: APCICN, Vol. IV, Lima, pp. 1184 -1185.
CIEZA DE LEÓN, Pedro. Crónica del Perú. Primera Parte [Sevilla 1553]. PUCP / ANH, Lima, 1984.
CIEZA DE LEÓN, Pedro. Crónica del Perú. Segunda Parte. PUCP / ANH, Lima, 1985.
COLLIN-DELAVAUD, Claude. Las regiones costeñas del Perú septentrional. CIPCA / PUCP, Fondo Editorial. Lima, 1984.
ESPINOZA SORIANO, Waldemar. "Mitmas yungas de Collique en Cajamarca, Siglos XV, XVI y XVII, En: Revista del Museo Nacional, T. XXXVI, 1969 -1970, Lima, M. 9-57.
ESPINOZA SORIANO, Waldemar. “El valle de Jayanca y el reino de los mochica. Siglos XV y XVI”. En: Boletín del Instituto Francés de Estudios Andinos. Lima, 1975, Tomo IV, Nº 3-4, pp. 243-274.
ESPINOZA SORIANO, Waldemar. Artesanos, transacciones, monedas y formas de pago en el mundo andino. Siglos XV y XVI. BCRP, Lima, 1987, 2 Tomos.
GOMEZ, José. "El Oidor Gregorio Gonzáles de Cuenca y los orígenes de Chiclayo: Un capítulo de la política urbana colonial del siglo XVI". En: Alternativa Nº 11, CES Solidaridad, Chiclayo, 1989.
GONZÁLEZ DE CUENCA, Gregorio. “Ordenanzas de los indios” [1566]. En: Historia y Cultura 9, Lima, agosto de 1976, pp. 126-154.
GONZÁLEZ DE SAN SEGUNDO, Miguel Ángel. "El Doctor Gregorio Gonzáles de Cuenca, oidor de la Audiencia de Lima". En: Revista de Indias, Vol. XLII, Nms.169-170, Madrid, 1982, pp. 643-667.
GUARDA, Gabriel, O.S.B. "Tres reflexiones en torno a la fundación de la ciudad indiana". En: Revista de Indias, Año XXXII, Madrid, 1972, Nms. 127-130, pp. 89, 106.
HARDOY, Jorge Enrique. "Las formas urbanas europeas durante los siglos XVI al XVII y su utilización en América Latina". En: Actas y memorias del XXXIX C.I.A. Vol. 2, Lima, 1979, pp. 157-190.
LEÓN BARANDIARÁN, Augusto y Rómulo PAREDES. A golpe de arpa. Folklore lambayecano de humorismo y costumbres. Homenaje de los autores a Chiclayo por su Centenario. Lima, 1935.
LEÓN BARANDIARÁN, Augusto. Mitos, tradiciones y leyendas lambayecanas. Contribución al folklore peruano. Editado por el Club de Autores y Lectores de Lima, Lima, 1938.
LEQUANDA, José I., "Descripción del Partido de Saña o Lambayeque". En: Mercurio Peruano. Tomo IX Nos. 1.2.3.4. Lima, 1793.
MÁLAGA M., Alejandro. "Las reducciones en el Perú (1532-1600)". En: Historia y Cultura 8, Lima, 1974, pp. 141-172.
MARTÍNEZ COMPAÑÓN, Baltasar Jayme. Trujillo del Perú en el siglo XVIII. Ediciones Cultura Hispánica, Madrid, 1978-1980. 9 volúmenes.
MELLAFE, Rolando. "Frontera agraria; el caso del Virreinato Peruano en siglo XVI". En: Álvaro Jara 1972.
MENENDEZ RÚA, Ángel, Boceto Histórico de la Iglesia de Lambayeque. Imprenta La Gaceta, Lambayeque, 1935.
MIRANDA, Ricardo, Monografía General del Departamento de Lambayeque. Talleres de El Tiempo, Chiclayo, 1927.
MOGROVEJO, Toribio Alfonso de, Arzobispo de los Reyes. “Libro de Visitas, 1593. Diario de la Segunda Visita Pastoral, que hizo de su Arquidiócesis el ilustrísimo señor Don Toribio Alfonso de Mogrovejo Arzobispo de los Reyes”. En: Revista del Archivo Nacional, Tomo I, Lima, 1920.
PARDO, Manuel. “El Partido de Saña o Lambayeque el siglo pasado” En: Jacinto López, Manuel Pardo, Lima, 1947.
PERALTA, Víctor. “Estructura agraria y vida campesina en el valle de Lambayeque, siglo XVIII”. En: FLORES-GALINDO, Alberto (Compilador). Comunidades campesina. Cambios y permanencias. CES Solidaridad / CONCYTEC. Lima, 1987.
RAIMONDI, Antonio. El Perú [1868]. Tomo I. Parte Preliminar. Lima, 1956.
RAMIREZ, Susan E. "Chéperre en 1532: Un análisis de la Visita General del Virrey Francisco de Toledo". Historia y Cultura, Lima, 1978, pp. 79-95. 
RAMIREZ, Susan. “Fronteras sociales y base territorial de los curacazgos”. En: Alternativa Nº 4, CES Solidaridad, Chiclayo, setiembre de 1986, pp. 27-38.
RAMIREZ, Susan. “La organización económica de la costa norte: Un análisis preliminar del período prehispánico tardío”. En: A. CASTELLI, M. KOTH y M. MOULD (Compiladores). Etnohistoria y Antropología Andinas. Segunda Jornada del Museo Nacional de Historia. Lima, 9-12 enero 1979. Lima, 1981, pp. 280-297.
RAMOS PEREZ, Demetrio. "La doble fundación de ciudades y las huestes". En: Revista de Indias, Año XXXII, Número 127 - 130, Madrid, Enero-Dic, 1972, pp. 107 - 138.
RAIMONDI, Antonio, El Perú. Tomo I. Parte preliminar, Lima, 1956.
ROSTWOROWSKI, María. “Algunos comentarios hechos a las Ordenanzas del Doctor Cuenca”. En : Historia y Cultura 9, Lima, 1976, pp. 118-125.
ROSTWOROWSKI, María. “La voz parcialidad en su contexto de los siglos XVI y XVII”. En: A. CASTELLI, M. KOTH y M. MOULD (Compiladores). Etnohistoria y Antropología Andinas. Segunda Jornada del Museo Nacional de Historia. Lima, 9-12 enero 1979. Lima, 1981, pp. 35-45.
ROSTWOROWSKI, María. Costa peruana prehispánica. Instituto de Estudios Peruanos. Lima, 1989.
ROSTWOROWSKI, María. Curacas y sucesiones. Costa Norte. Lima, 1961.
ROSTWOROWSKI, María. Etnia y sociedad. Costa peruana prehispánica. Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 1977.
ROSTWOROWSKI, María. Recursos naturales renovables y pesca, siglos XVI y XVII. Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 1981.
ROWE, John. H. “El reino de Chimor”. En: Roger Ravines (Comp.). 100 años de Arqueología peruana. IEP - Petróleos del Perú. Lima, 1970.
RUVIÑOS, Modesto. “Sucesión Chronológica: O Serie Historial de los Curas de Mórrope y Pacora en la Provincia de Lambayeque del Obispado de Truxillo del Perú ... Año de 1782”. En: Revista Histórica, Órgano del Instituto Histórico del Perú. Lima, 1936, Tomo X, Entrega III, pp. 289-363.
SÁNCHEZ - ALBORNOZ, Nicolás. La población de América Latina. Alianza Editorial, Madrid, 1985.
SCHAEDEL, Richard. "Major Ceremonial and Population Centers on Northern Perú". En: The Civilizations of Ancient América, Chicago, 1951.
SHIMADA, Izumi "La cultura Sicán". En: E. Mendoza (Comp.). Presencia histórica de Lambayeque, Lima, 1986. 
SIMPSON, Lesley Bird. Los conquistadores y el indio americano. Ediciones Península. Barcelona, 1970.
SOLANO, Francisco de. "Política de concentración de la población indígena: Objetivos, proceso, problemas, resultados". En: Revista de Indias, Madrid, Año XXXVI, 1976, pp. 7-29. 
SOLANO, Francisco de. "La tenencia de la tierra en Hispanoamérica: Proceso de larga duración. El tiempo virreinal". En: Revista de Indias, Madrid, 1983.
STIGLICH, Germán. Diccionario Geográfico del Perú, 3 Tomos, Imp, Torres Aguirre, Lima, 1922.
TEMOCHE FARROCUMBI PUICONSOLI, Eugenio Victorio. Informe sustancial sobre el cacicazgo de Lambayeque. Lima, 1780.
TRIMBORN, Hermann. El Reino de Lambayeque en el Antiguo Perú. Collectanea Institute Anthropos. Vol. 19 Hans Volkerund Kulturun, St. Augustinn, 1979.
VARGAS UGARTE, Rubén, S.J. Historia General del Perú. Ed. Carlos Milla Batres, Lima 1966, T. II.
VARIOS AUTORES. I Seminario de Población y Desarrollo. Centro de Estudios de Población y Desarrollo. Lima, diciembre, 1965.
VILLARÁN, Manuel Vicente. Apuntes sobre la realidad social de los indígenas del Perú ante las Leyes de Indias. Lima 1964.
VON HAGEN, Víctor N. The desert kingdons of Perú. New American Library. New York, 1968.
WACHTEL, Nathan. Visión de los vencidos. Alianza Editorial, Madrid, 1980.
ZEVALLOS QUIÑONEZ, Jorge. "La visita de Ferreñafe". En: Historia y Cultura Nº9, Lima, 1982.
ZEVALLOS QUIÑONEZ, Jorge. "Lambayeque en el siglo XVIII". En: Revista Peruana de Estudios Genealógicos. Lima, 1959
ZEVALLOS, Jorge. Los caciques de Lambayeque. CONCYTEC, Trujilllo, 1989.

Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo, Lambayeque (Perú), marzo 2002.

Autor: 
José W. Gómez Cumpa 
Mail: jwgc_xxi@hotmail.comCel.: 51-74-9713296
Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo
Licenciado en Sociología, Maestro en Ciencias, 
Doctor en Ciencias de la Educación, 
Coordinador de la Maestría en Evaluación y Acreditación Educativa, UNPRG, 
Lambayeque

[1]  Cf. nuestro trabajo sobre el origen de Chiclayo (Cf. GÓMEZ 1989).

[2] En: Col. Vargas Ugarte, En: Sección Archivo, Biblioteca José Acosta de la Orden Jesuita, Lima

[3] En este parágrafo usamos ampliamente, aparte de las fuentes citadas, las referencia documentales de Waldemar Espinoza Soriano (1987).

[4] Las “visitas” Eran inspecciones de funcionarios ya sea eclesiásticos o gubernamentales a áreas determinadas para conocer los problemas locales, así como para hallar soluciones a ellos. generalmente están vinculados a los aspectos de la catequización de la población indígena, y al volumen y estado de la población indígena tributaria. Adicionalmente debemos señalar que las visitas son testimonios “fríos”: son respuestas a cuestionarios o informes cuantitativos, de la situación de la población indígena principalmente, o de algún asunto contencioso.

[5]  En un testimonio de un juicio por el cacicazgo de Lambayeque, publicado como “Informe sustancial...” -cuyo original se conserva en la Sala de Investigaciones de la Biblioteca Nacional del Perú-  por el cacique Victorio Temoche Farrochumbi en el siglo XVIII, se mencionan como pruebas testimoniales numerosas visitas, que deben encontrarse, en copias, en archivos extranjeros (quizá en Sevilla). No se hallan en Trujillo, Lima, ni menos en el Archivo Departamental de Lambayeque (Cf. TEMOCHE 1780).

[6]  Convertido en ciudad, al darse la ruina de Zaña por la inundación de 1720 (Cf. BACHMANN 1921).

[7]  Los historiadores lambayecanos Víctor Iturregui y Jorge Izquierdo dudan de la intervención del Oidor Gregorio Gonzales de Cuenca en el origen del asentamiento indígena de Lambayeque, e incluso plantean un origen más antiguo como centro urbano, pero lamentablemente se trata sólo de sugestivas hipótesis, mientras no se pruebe documentalmente. Sin embargo, según Ricardo Miranda, durante la llegada de los españoles al norte peruano, en tránsito hacia Cajamarca, el cacique Efquempisan dio buena acogida a los conquistadores, y supuestamente ya existía Lambayeque como centro poblado y con ese nombre (MIRANDA 1927)

[8]  Convertido en ciudad, al darse la ruina de Zaña por la inundación de 1720 (Cf. BACHMANN 1921).

[9] Los datos en que se basa están en el Cuadro 2.

[10]   Escobedo, 1978

[11]  Al año debían pagar por tributo, capital y fondo de bienes de comunidad dos reales cada uno (originarios y forasteros  con tierras, dando un total de 28,032.2  a tributar en 1788, lo que representaba un incremento de casi cuatromil pesos respecto a la recaudación del año 1782).

[12] Los testimonios de muchos viajeros, entre ellos Próspero Gamboa y Antonio Raimondi,  coinciden en ese sentido.

[13] El ilustrado sacerdote Ángel Menéndez Rúa en su estudio sobre la Iglesia de Lambayeque señala que en el período 1791-1925 esta ciudad sufrió graves inundaciones en los años 1791-1815-1828-1835-1857-1871- y 1925, que prácticamente arrasaron la Ciudad (Menéndez  1953)

[14] Este proceso es uno de los ejes de nuestro trabajo sobre l;a formación regional de Lambayeque, cf. Bazán y Gómez 1989

Articulos relacionados:
Bizancio en España
Resumen:
Roma y su civilización regresan a la Hispania Romana, de donde en realidad nunca se habían ido. ¿Cómo era la vida en la Hispania romana a mediados del siglo VI?. ¿Qué pod...
Estudios Puertorriqueños y Caribeños
Resumen:
Historia de Puerto Rico II. Historiografía II. Historia de Puerto Rico I. Historiografía I. Investigación Histórica. Investigación Histórica II.
La Guerra Hispanoamericana en Puerto Rico
Resumen:
"Esta breve campaña de 1898, de diecinueve días, fue un modelo de guerra culta, moderna y humanitaria. La invasión de Miles revistió todos los caracteres de un paseo triu...
Historia Unidad 3
Resumen:
La Restauración Principios fundamentales de la Restauración, ¿Porqué los liberales se oponen a la Restauración, Liberalismo, Liberalismo político y social, Liberalismo económico.
La Hacienda Caujerí. Un sitio de interés histórico para el estudio de las luchas campesinas en el período neocolonial.
Resumen:
El presente trabajo recoge un conjunto de datos sobre las condiciones geográficas e histórica de la Hacienda Caujerí, sitio que fue escenario de violentas luchas campesin...
Copyright © 2011 ilustrados.com, Monografias, tesis, bibliografias, educacion. Tofos los temas y publicaciones son propiedad de sus respectivos autores ©