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Formación profesional por competencias: Una perspectiva crítica
“En el mundo impera una tendencia en la formación profesional: la formación por competencias” (Cejas, 2004; p. 1), sin embargo, su implementación no ha resultado tan inmediata como se quisiera y su desarrollo ha discurrido entre la critica contumaz y el triunfalismo ingenuo.. “El debate sobre el significado, alcance y
limitaciones de este nuevo enfoque ha sido y sigue siendo vivo e intenso”
(Centro de Investigación y Documentación sobre problemas de la Economía, el
Empleo y las Cualificaciones profesionales <<CIDEC>>, 2004; p.24), algunos
autores (v. gr. Morfín, 2000 y Tejada, 2005) consideran que el concepto de
competencia ha permitido superar modelos formativos precedentes, mientras que
otros consideran que el enfoque por competencias es positivista, reduccionista,
conservador y carece de base teórica (Prestón y Walker, citados por Gonczi y
Athanasau, 2000). Es a partir del auge de los modelos de desarrollo de la globalización cultural y la apertura económica que el término (competencia) toma fuerza en las políticas educativas, máxime para definir lo que se espera de la formación de los individuos para asumir los nuevos tipos de organización del trabajo y la inserción laboral (Ruiz, 2005; p.3) La subordinación de este enfoque a fines eminentemente empresariales no ha podido ser superada a pesar de la pretensión, en el ámbito discursivo, de algunos autores que plantean fines más amplios como la ciudadanización, el desarrollo personal, etc. Por otra parte, la manera en que es concebida la
formación en el ámbito empresarial, tiene ese carácter pragmático, ya que “la
búsqueda de eficacia se revela como algo prioritario y se habla de ingeniería de
la formación como conjunto coordinado de acciones para concebir, realizar y
evaluar proyectos optimizando los costes de concepción y de gestión” (Moreno,
2005; pp.2-3)Este énfasis, en la práctica, en el utilitarismo y en la inmediatez
ha permeado todo el discurso del enfoque de competencias como se manifiesta en
las siguientes citas: “El propósito básico de la formación profesional por competencias es ayudar al participante a lograr las conductas requeridas o las competencias necesarias para tener éxito en el trabajo” (Instituto Salvadoreño de Formación Profesional <<INSAFORP>>, 2001; p. 11). Una noción de competencia en la que se privilegia
el desempeño, entendido como la expresión concreta de los recursos que pone en
juego el individuo cuando lleva a cabo una actividad, y que pone énfasis en el
uso o manejo que el sujeto debe hacer de lo que sabe, no del conocimiento
aislado, en condiciones en las que el desempeño sea relevante. (Malpica, 2000;
p. 133) Habermas (1993) distingue dos tipos de acciones susceptibles de racionalización: la acción orientada al éxito y la acción orientada al entendimiento. La acción orientada al éxito o con arreglo a fines es en la que el actor se orienta exclusivamente por la consecución o logro de su objetivo global y somete a cálculo todas las demás consecuencias de la acción, considerándolas, simplemente, como condiciones secundarias del éxito al que aspira. “El éxito viene definido por la ocurrencia de un estado en el mundo, que en una situación dada puede ser causalmente producido mediante acción u omisión intencionadas” (Habermas, 1993; p.384). Este tipo de acción se divide a su vez en dos: la acción instrumental y la acción estratégica. Un acción orientada al éxito se denomina instrumental cuando se considera bajo el aspecto de la observancia, o cumplimiento, de reglas técnicas de acción que descansan en un saber empírico y cuya eficacia de intervención se evalúa en un estado físico u objetivo. La racionalidad que subyace a este tipo de acción se le denomina racionalidad instrumental. Estas características de la racionalidad instrumental explican por que la mayor parte del discurso que existe sobre el enfoque de formación profesional por competencias es de carácter prescriptivo y enfatiza los procedimientos y técnicas, sin olvidar su insistencia en el desempeño y la evidencia del mismo. A manera de cierre, y en consonancia con la línea argumentativa desarrollada en los párrafos anteriores, se puede afirmar que la prevalencia del enfoque por competencias en la formación profesional conduce a una racionalidad instrumental que enfatiza la tecnificación de la realidad social y educativa..
REFERENCIAS Arturo Barraza Macías
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