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Discriminación y realidades. Formas de prejuicio en el Turismo

Resumen: El concepto de irracionalidad es clave para comprender el motivo de la siguiente investigación. Desde que comenzaron las primeros trabajos sobre el prejuicio hasta nuestros días, se ha escrito y dicho lo suficiente sobre el tema. ¿Pero (entonces) porque dedicarse a estudiar un fenómeno que ya ha sido explicado a la luz de miles de trabajos?. Ese es el primer punto, los resultados de los investigadores son totalmente encontrados y contradictorios. Por otro lado, dos o tres teorías presentan la misma evidencia o metodología de trabajo con resultados que llevan a presuponer causas totalmente antagónicas para explicar la génesis del prejuicio.
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Autor: Lic. Maxi Korstanje

INTRODUCCION
Quien alguna vez no ha presupuesto un concepto o idea que luego se desvaneció sometida al rigor de los hechos. En los escritores del siglo XVIII y XIX esta clase de pre-nociones eran llamadas “prejuicios”. Sin embargo, no tenían esos “prejuicios” mucho que ver con lo que hoy se entiende cómo tal. Para los pensadores de esa época una falacia o un error conceptual podía ser concebido como un prejuicio. En algún punto, mucha razón tenían pero el sentido de ese término daría un giro de ciento ochenta grados para mediados del siglo XX. 

En efecto, una vez terminada la segunda guerra mundial y colapsados los regimenes fascistas en Alemania e Italia, muchos investigadores se comenzaron a preocupar por “el prejuicio” pero no del mismo aquel que hacían referencia los padres fundadores de la sociología o la psicología. Los saldos eran particularmente impresionantes: 61 países involucrados en el conflicto, 110 millones de ciudadanos reclutados; 55 millones de personas perdieron la vida, se estimaba que 25 millones eran militares el resto civiles. En lo económico, la guerra costó un mil setenta y cinco millones de dólares aproximadamente. El impacto de lo que significó la segunda guerra mundial caló hondo dentro del pensamiento social de la época y hace que los investigadores sociales se preocupen del prejuicio pero en un sentido que hacía referencia a la discriminación, el racismo, la separación o la xenofobia. Ya había sido dotado de un sentido poco ingenuo y en cierta forma patológico y negativo. Nuestra investigación tiene como variable independiente al prejuicio. ¿Pero cual de los dos sentidos de la palabra estudiar es la cuestión?. 

Si bien, vamos a tomar el segundo sentido, cabe preguntarse ¿qué es el prejuicio?. Cualquier diccionario de habla castellana dirá “todo juicio u opinión preconcebida y arbitraria que tiene por objeto a una persona o a un grupo y puede ser de manera favorable o adversa”. 
Ahora bien, ¿tener una mala imagen de mi vecino es prejuicio?. ¿Si él no ha sido cortés conmigo estoy frente a un prejuicio o simplemente a un sentimiento de enemistad personal?. 

En principio, entonces habría que responder no, mientras el acto esté justificado por un hecho causal que lo explique. En otras palabras, la enemistad que yo siento por mi vecino se explica gracias a la descortesía que él tiene hacia mí todos los días desde hace cinco años. ¿si tuviera la posibilidad de encontrarme con él fuera de mi vecindario y dialogar que pasaría?. Una posibilidad primera, es que esa “mala impresión” se caiga, la segunda es que se afirme con más fuerza. 

El origen de esa mala imagen que yo tengo está originada en un hecho del pasado, uno que ha sido “estereotipado” de manera tal de relacionar la palabra “antipático” a mi vecino. Ese estereotipo no implica de por sí ningún tipo de prejuicio. Este toma el carácter de tal en el momento en el cual mi idea comienza a generalizarse a través de algún rasgo que lo diferencia; entonces afirmo “todos los vecinos son antipáticos”. Obviamente, que al momento en que conozca un vecino nuevo e interactúe con él por primera vez, ese pensamiento puede intensificarse o caerse. Podría ir más allá, y diría “todos los vecinos de más de treinta años son antipáticos”. Pero en el primer piso, vive otro vecino que es menor a los treinta y que según mi experiencia es amable, entonces afirmaría “todos los vecinos menores de treinta son amables”. Esta segunda sentencia ¿no es un prejuicio?. Afirmativamente es un prejuicio, pero positivo. 

En algún punto pueden bombardearme con datos que prueban que mi vecino es un excelente padre de familia, ciudadano y persona o en su defecto que mi otro vecino con el cual siento agrado es egoísta, pendenciero y conflictivo, sin embargo mi juicio sobre ambos se mantiene inmóvil o se afianza. Puntualmente, eso es un prejuicio; entonces es conveniente reformular la definición original de prejuicio de la siguiente manera “prejuicio es todo pensamiento, idea o sentimiento que influido por datos sesgados de la realidad me llevan a generalizar irracionalmente particularidades del otro en forma positiva o negativa y que se conserva o afianza en vistas de la evidencia que lo contradice”. 

El concepto de irracionalidad es clave para comprender el motivo de la siguiente investigación. Desde que comenzaron las primeros trabajos sobre el prejuicio hasta nuestros días, se ha escrito y dicho lo suficiente sobre el tema. ¿Pero (entonces) porque dedicarse a estudiar un fenómeno que ya ha sido explicado a la luz de miles de trabajos?. Ese es el primer punto, los resultados de los investigadores son totalmente encontrados y contradictorios. Por otro lado, dos o tres teorías presentan la misma evidencia o metodología de trabajo con resultados que llevan a presuponer causas totalmente antagónicas para explicar la génesis del prejuicio. Si bien, no nos vamos a ocupar de ellas en esta sección, cabe aclarar que hoy día entrado el siglo XXI aún no quedan claras las causas del prejuicio. En otro sentido, en aquello que hay consenso dentro de la comunidad científica es que el prejuicio es multicausal y que existen muchísimas clases de prejuicios tales como: étnicos, religiosos, por nacionalidad, de sexos, de edad etc.

Cada particularidad distintiva del individuo o su grupo puede se tomada y generalizada. Lo que dificulta el estudio del problema científicamente es su origen “irracional”. Su naturaleza emocional hace que los métodos racionales no puedan tomar su objeto de estudio en toda la dimensión que éste requiere. Si bien, puede haber algún tipo de manipulación poco ética o errores en los procedimientos, es en la mayoría de los casos por ese motivo que existen resultados totalmente encontrados a la hora de analizar el prejuicio. El segundo punto que dificulta su estudio es que en la actualidad es un hecho negado, oculto y que lleva consigo una sanción moral implícita que provoca una auto censura por parte del sujeto o su grupo de pertenencia. Cuando se le pregunta a un entrevistado que piensa de tal o cual colectivo, su respuesta es “me encantan” pero esa fachada se cae cuando se observa su comportamiento y manifestaciones dentro de su grupo de pertenencia. 

El prejuicio, es pues un hecho social, y debe ser estudiado tomando en cuenta todas las recomendaciones que hemos realizado. No obstante, surgen dos cuestiones que no habían sido tenidas en cuenta. ¿Dónde estudiar el prejuicio?, y ¿cómo hacerlo?. 

El presente artículo consta de dos objetivos, el primero es una recopilación teórica de lo que han dicho hasta hoy los principales investigadores que se ocuparon del tema. El segundo, más puntual está vinculado con precisar si el prejuicio es un hecho observable en el turismo, y describir según los casos cual es su dinámica. 

EL PREJUICIO NEGATIVO
La teoría de la identidad social
La tesis de la deprivación fue la base empírica que sustentó la teoría de la identidad social; los inicios de estos estudios tuvieron su origen en la crisis del treinta. Bajo ese contexto, algunos investigadores se preguntarán sobre las relación que existía entre el aumento de los conflictos raciales en los Estados Unidos y las privaciones económicas. Fue así que originariamente, Miller y Dollard (1941) y posteriormente Hovland y Sears (1966) realizaron diversas investigaciones en las cuales afirmaban haber encontrado una correlación entre la cantidad de linchamientos raciales y a las crisis económicas. Habían concluido entonces, que la frustración era un elemento por el cual se generaba un aumento en el prejuicio y la agresión (Billig, 1976). 

Davies (1969) había propuesto que los individuos proyectan su propia experiencia sobre la opulencia o la pobreza, y esperan que en el futuro sea similar. Según su explicación sobre la curva J, si los estandares de vida suben constantemente y repentinamente bajan, es más probable un grado mayor de insatisfacción al verse truncadas las expectativas que se habían originalmente proyectado. Esta caída, era la que teóricamente, generaba la brecha entre el nivel de vida real y el esperado. Sin embargo, investigaciones posteriores, revelaron que la deprivación basada en el grupo normalmente correlaciona con el deseo de cambio y militancia social (deprivación relativa fraternal) la cual en algunas ocasiones puede disparar el prejuicio, mientras que la deprivación relativa egoísta muestra síntomas de depresión. (Koomen y Fraenkel, 1992: 63-71). 

En el año 1975, Brunno Bettelheim y Morris Janowitz (Pág. 41) toman un conjunto de trabajos, todos realizados dentro de los Estados Unidos, los cuales confirman que la movilidad social tiene una relación directa con el prejuicio. En sus estudios se observan grupos con movilidad ascendente, descendente y estables, confirmando la hipótesis que a mayor nivel de movilidad social descendente mayor grado de prejuicio. Sin embargo se demuestra que también existen casos en donde la movilidad ascendente extrema correlaciona con el prejuicio de manera notable. En lo que al nivel de agresividad se refiere, mediante un muestra de ciento cincuenta veteranos de guerra, los autores demuestran que el grado de hostilidad es mayor en aquellos que están descendiendo en la escala social que en aquellos que están ascendiendo. Aunque muy limitados por el condicionamiento que implica experimentar en grupos conformados únicamente por veteranos de guerra, los autores demostraron como el individuo, en ciertos contextos, tiende a través del prejuicio a nivelar el sentimiento de frustración que implica la pérdida o el cambio del estatus social. 

En la década de los ochenta, los avances logrados por la tesis de la deprivación van a ser tomados por Tajfel y Turner y serán reformulados de la siguiente manera: “Tajfel y otros (1986) infieren que las personas en general tienen preferencia por verse a sí mismas positivamente más que negativamente. Si parte de nuestra propia imagen se define en términos de miembros de un grupo, también habrá preferencia para ver a nuestros endo-grupos con una aureola positiva en relación a aquellos grupos a los que no pertenecemos”. (Brown R, 2002: 191). 

La hipótesis central de Tajfel es que el logro de una identidad sin conflictos requiere de la diferenciación positiva de su propio grupo. No obstante, existen factores como el éxito y el fracaso que influyen directamente en la autoestima de los individuos. La privación en cualquiera de sus formas, puede entenderse como un aspecto que amenaza a la identidad del grupo, en ese contexto la respuesta del individuo hacia el exo-grupo será negativa. A mayor privación mayor será la cohesión del endo-grupo y por ende mayor su aversión por todos aquellos que no forman parte de él. No es extraño observar que ésta tesis encuentra algunos obstáculos si se la compara con la situación económica de otras sociedades, sin ir más lejos en Brasil las personas de raza blanca, aún con más deprivaciones que los norteamericanos, no muestran una agresividad tan manifiesta hacia los negros. (Hollander E,2000: 397). 

Otros autores (Hoggs y Abrahms, 1990) observan que cuando la autoestima se encuentra mutilada o disminuida se ponen en marcha mecanismos de nivelación que tienden a la comparación externa y a la diferenciación. Por ejemplo: cuando alguien es sancionado, se siente más seguro y tranquilo cuando la sanción es colectiva (Castro Smith, 2003). De esta forma la discriminación es funcional al aumento de la autoestima. Algunos experimentos, muestran que la autoestima es baja en grupos donde la discriminación es alta (Oakes y Turner, 1980). Pero en otros casos, la discriminación o el prejuicio también es alto donde la autoestima es alta. (Leymre y Smith). (En Brown,2002: 207). 

Desde otro punto de vista, Schmitt y Branscombe (2002) argumentan que para entender la tendencia al prejuicio, se debe comprender la posición en la estructura social. Los grupos humanos siguen diversas estrategias para convertirse en grupos privilegiados. Aquellos con estigmas no visibles tienen más probabilidades de convertirse en un grupo privilegiado. Por lo tanto, en esta lógica todos los esfuerzos del grupo estarán puestos a esconder cualquier signo por el cual ser rechazado en el orden social imperante de la estructura; por ende aquellos que son rechazados por el grupo dominante, experimentan sentimientos de depresión y merma en la autoestima los cuales funcionan como un mecanismo de control social. 

Los resultados empíricos de esta teoría son confusos y contradictorios. Por un lado, se ha demostrado que la deprivación puede ser causa de actitudes hostiles y despectivas hacia el exo-grupo, no obstante otros apoyan la idea de que el sentimiento hostil puede ser redirigido hacia el mismo endo-grupo o hacia su propia estructura normativa y por lo tanto no querer pertenecer más a él. (Merton R, 1965:302). El ejemplo más representativo son las migraciones que se derivan de crisis económicas, como las sucedidas en la República Argentina tras el estallido económico social de Diciembre 2001.

La teoría del Contacto: (La Naturaleza del Prejuicio)
En el año 1954 el psicólogo estadounidense Gordon Allport publica su obra “La Naturaleza del Prejuicio“, quizás una de las más completas y eruditas sobre el tema; en ella el autor aporta una recopilación de diferentes investigaciones e indaga sobre las posibles causas que condicionan el prejuicio en la sociedad. ¿Cómo define el problema el autor?.1

Para Allport, el prejuicio es “una actitud hostil o prevenida hacia una persona que pertenece a un grupo, simplemente porque pertenece a ese grupo, suponiéndose por lo tanto que posee las cualidades objetables atribuidas al grupo”. (Allport G, 1977:22). El hombre tiene una tendencia al prejuicio, y el motivo principal es el ahorro mental. La realidad es tan compleja para el individuo que debe organizarla cognitivamente en forma estructurada y por lo tanto tiende a agrupar los conceptos en forma general. (ibid: 43) El prejuicio comienza cuando el tipo de categorización basado en el estereotipo es irracional, emocional e injustificado y por otro lado excesivamente generalizado. 

Sin embargo, el autor es sumamente cauto al respecto y aclara “he aquí precisamente el criterio que nos ayudará a distinguir entre el error común de juicio y el prejuicio. Si una persona es capaz de rectificar sus juicios erróneos a la luz de nuevos datos, no alienta prejuicios. Los prejuicios se hacen prejuicios solamente cuando no son reversibles bajo la acción de conocimientos nuevos”. (ibid: 24). Los prejuicios se entienden como tales en el momento en que se afianzan a pesar de las evidencias que lo contradicen y se justifican generalizando irracionalmente un aspecto constitutivo de la percepción del otro. 2

El prejuicio posee tres componentes, definidos como a) el estereotipo, b) el afecto y c) la actitud aunque muchas veces, la interdependencia de algunos de estos componentes no es tan clara, sobre todo entre estereotipo y afecto. El afecto, por llamarlo de alguna manera, es el que otorga al estereotipo un valor (positivo o negativo) y la actitud es aquella que permite expresar el sentimiento. Uno puede ver a una persona de raza negra robando un negocio, su interpretación puede ser que el comerciante puso un negocio en una zona insegura y que por lo tanto es responsable del robo o que el ladrón por ese hecho debe ser aprehendido y encarcelado. 3

Así como hay prejuicios de amor también los hay de odio y muchas veces estos últimos son producto de la conversión de los primeros. Puede entonces definirse dos tipo generales de prejuicio: el prejuicio positivo (amor), y el prejuicio negativo (odio). El prejuicio positivo sigue la misma dinámica y tiene los mismos componentes que el negativo. Parte de un sesgo perceptivo basado en un estereotipo cognitivo previo, un componente “afectivo” que nos llevan a idealizar al otro, y finalmente un componente actitudinal que manifiesta ese estereotipo en forma generalizada. 

En muchos casos es precisamente porque se estima cierta particularidad de nuestro grupo que se odia a aquellos que no concuerdan con esa categoría, “cuando una persona defiende un valor categórico propio puede hacerlo a expensas de los intereses o de la seguridad de otras personas. Si eso ocurre, se hace visible su prejuicio de “odio”, aunque no nos demos cuenta de que brota de un prejuicio de amor equivalente que yace debajo de aquel”. (Allport,1977:42). La hostilidad hacia el otro se sustenta en el amor por lo nuestro. 

La comprensión del rol que juega la ignorancia como barrera para las relaciones intergrupales es un concepto central para comprender la génesis del prejuicio. La introspección y la auto-punitividad entre otras son piezas necesarias para el estudio y la investigación de las formas más comunes de xenofobia según el autor. (Allport, 1954: 471). 

A pesar de lo que muchos piensan, Allport ve en el método histórico una herramienta vital para la compresión del prejuicio, sobre todo para comprender la relación entre los “diferentes chivos” emisarios y las diferentes sociedades a lo largo de los años. No obstante, el autor es muy crítico y no cree que la descripción del contexto histórico sea suficiente: “a pesar de que la historia proporciona el amplio contexto social, no puede decirnos porque dentro de este contexto una personalidad desarrolla prejuicios y otra no”. (ibid: 233). En efecto para Allport, el prejuicio es un fenómeno individual y no necesariamente deba repetirse en dos individuos de la misma manera. Esta forma, de ver el fenómeno desde una postura individual, lo distancia del objeto social. 

Para los psicólogos y sociólogos que abordaron el prejuicio desde el prisma de la tesis de contacto, el fenómeno iba a adquirir indefectiblemente un carácter negativo. Si bien, no descartaban que la capacidad de prejuzgar era innata en el individuo, veían en el prejuicio una forma de relación social totalmente corrosiva y patológica para las sociedades modernas. 

Según el mismo Allport, existían cuatro condiciones que eran necesarias para la reducción del prejuicio: un fin u objetivo en común, apoyo de las instituciones, cooperación intergrupal e igualdad de status entre los actores involucrados. 

Allport estaba convencido que el prejuicio se reducía cuando el contacto se daba bajo estas condiciones en igualdad de status, hecho que permitía entre otras cosas la concreción de objetivos conjuntos entre las partes antagónicas. En resumen cabe señalar entonces que la disminución del prejuicio y sus tipologías se enfocaba por el descubrimiento de similitudes que los grupos compartían entre sí. (Castro Smith, 2003) (Allport, 1954) (Hollander E, 2000:405). 

En lo que refiere a la Naturaleza del Prejuicio, podemos decir que su contenido teórico es invalorable pero muestra una falla sustancial en su articulación. Sus treinta y un capítulos no tienen una misma conexión entre sí, sino que por el contrario han sido una recopilación de diferentes artículos que el autor ha escrito en su carrera profesional. Eso dificulta mucho precisar las causas primordiales que generan los prejuicios; mas aún al final de su obra habiendo admitido previamente que el prejuicios tienen una naturaleza multicausal, el autor intenta presentar soluciones universales validas para cualquier tipo de sociedad que según él ayudarán a reducir el problema. 

Por otro lado, al introducir el “psicoanálisis” el autor no puede justificar con evidencia empírica o experimentos como pueden la ansiedad, el sexo y el complejo de castración formar el prejuicio en la edad temprana. Los casos y la evidencia que se presentan en estos capítulos no son lo suficientemente decisivas y cae en las mismas generalizaciones que se le han cuestionado a Theodor Adorno. 

Entre los científicos sociales que apoyaron la tesis de Allport podemos citar a Paul Mussen (1950) y a Marian Radke Yarrow (1958). Ambos, habían realizado experimentos con grupos de jóvenes en una colonia de veraneo y admitían que los grupos en donde imperaba el contacto el grado de prejuicio era menor que en los grupos en donde existía poco o un contacto casi nulo. 

Sin embargo, esta tesis no escapó a las críticas de algunos psicólogos y sociólogos de la época. Entre ellos, quien originalmente esbozó su oposición a los fundamentos de la tesis del contacto fue Robert Park; para el autor los conflictos raciales eran simplemente una lucha de intereses no regulados normativamente y el contacto por sí mismo era insuficiente para controlarlos o reducirlos; según sus ideas Park afirmaba “se ha supuesto que el prejuicio que ciega a las gentes de una raza a las virtudes de la otra y les lleva a exagerar las faltas de los otros tiene la naturaleza de un malentendido que un conocimiento más profundo disiparía. Eso está muy lejos de ser cierto y sería más exacto decir que nuestro malentendido racial es simplemente la expresión de nuestras antipatías raciales … Las antipatías raciales representan la colisión de fuerzas invisibles, el choque de intereses, que se sienten oscuramente pero no se perciben con claridad. Están presentes en todas las situaciones donde los intereses fundamentales de las razas y de los pueblos no han sido regulados aún por alguna ley, costumbre o cualquier modus vivendi que exige el asentamiento y el apoyo mutuo de ambas partes. Odiamos a la gente porque le tememos, porque nuestros intereses, al menos como nosotros los entendemos, están encontrados con los de ellos.” (Puigbó R, 1966:275)

¿La interacción con el otro disminuye el prejuicio?.
En el año 1991, un grupo de punks, disfrazados de nazis destruyeron un hogar de refugiados gitanos en Hoyerswerda, Baja Sajonia. La policía no intervino, y los vecinos del lugar vitorearon al acto vandálico. Unos meses después, la socióloga alemana Irena Runge realizó un trabajo de campo interrogando a un grupo de niños del lugar sobre sus sentimientos respecto a los extranjeros. Las frases más comunes fueron “hay que matar a todos los comunistas, todos los judías, todos los extranjeros y todos los negros”, casi por unanimidad. Sin embargo, ninguno de los encuestados había tenido contacto ni con judíos ni con negros ni con extranjeros en toda su vida. De hecho, muchos de ellos ser vieron sorprendidos cuando la investigadora les reveló que ella misma era judía. (Sorman G,1993: 48). La realidad de esta investigación mostraba que todas estas manifestaciones no sólo eran infundadas sino que también no estaban avaladas por ningún tipo de conocimiento previo del otro al cual se referían. 

Los máximos exponentes actuales de la teoría del contacto, Stephan y Stephan (1985) señalaron el hecho que la interacción y el contacto entre los miembros de dos grupos son hecho provocadores, en algunos casos, de ansiedad. A veces provocados por conflictos ya existentes, otras generada por la ignorancia o una percepción errónea. Por otro lado, entendemos que es muy difícil poder medir empíricamente hasta que punto el fin común, la cooperación y el apoyo institucional ayudan a su disminución.

Sin lugar a dudas, Allport fue un pilar de apoyo para muchos de los investigadores sociales que han tratado el tema del prejuicio. Sin embargo, en la actualidad la teoría del contacto y del conocimiento se ve seriamente amenazada por la falta de casos empíricos. 

La teoría de la personalidad autoritaria
Influido por Wilhem Reich, puede considerarse a Theodor Adorno como el padre de la teoría de la personalidad autoritaria y ayudado por prestigiosos investigadores de la talla de Frenkel-Brunswik, Levinson y Sanford. 

“Los autoritarios suelen pensar jerárquicamente y distribuyen la humanidad de acuerdo con la escala social; poseen patrones firmes, traban excelentes relaciones con los que en cada caso existan ya, están contra toda indecisión y exigen que se tome por sorpresa al poder; son incapaces de buscar seriamente en ellos la culpa en ningún caso; les ha sido negado al reírse de sí; cuanto menos poseen en tela de juicio el propio sujeto, tanto más prontos están a incriminar a los demás; tienen un olfato muy fino para las condiciones del poder y disponen su vida con arreglo a ellas”. (Adorno T. y Horkheimer M., 1966: 122-123)

Adorno (1950) comulgaba con la idea que las actitudes sociales son parte de las tendencias de la personalidad individual. La represión que implica el desarrollo del niño y su constante redirección de los impulsos deben ser modelados por los agentes socializadores. Aquellos niños que fueron criados en hogares con reglas de disciplina estricta y estrictamente severas desplazan sobre objetos sustitutos esa agresividad en su edad adulta. El autor aplica en su estudio del prejuicio la famosa escala F para medir “tendencias pre-fascistas, que Brunswik, Levinson y Sandord (1940) ya habían trabajado en la Universidad de California. Según los autores, existía una correlación alta entre aquellos que tenían un marcado antisemitismo y los valores que decían compartir. Por ejemplo, descubrieron que la mayoría de los que registró un antisemitismo alto escogían como cercanos valores políticos y económicos mientras que aquellos que menos antisemitismo mostraban elegían valores estéticos y sociales.

Uno de los problemas teóricos que Adorno no pudo superar fue el distinguir entre prejuicio, autoritarismo y fascismo.4 Esta falta de claridad a la hora de definir su objeto de estudio lleva a que su método sea seriamente cuestionado por la comunidad científica. 

En efecto La escala F fue muy criticada por psicólogos y sociólogos de la época, principalmente por tres motivos: la muestra, si bien era considerable en número los participantes pertenecían únicamente a organizaciones formales de estrato socioeconómico medio. Según la construcción de la escala F, los ítems estaban redactados en forma tendenciosa y no eran mutuamente excluyentes. Por último, los procedimiento para validar las entrevistas clínicas no ofrecían garantía desde el momento en que los entrevistadores conocían de antemano la puntuación individual de cada entrevistado con riesgo de inferir involuntariamente en la respuesta que se requerían a los participantes. Empero el punto más flojo de esta teoría estaba en considerar a “los fascistas” como el único movimiento autoritario sin tomar en cuenta los autoritarismos de izquierda. 

Uno de sus discípulos M Rokeach introduce un nuevo elemento al que denomina “dogmatismo”. Particularmente, define a éste último como una “mentalidad cerrada” con creencias que generalmente se derivan de la personalidad autoritaria. Un dogmático entre otras cosas, resiste en aceptar ideas que contradigan su sistema de creencias, y se siente menos predispuesto a entablar relaciones intimas con quienes considera diferentes. Rokeach asegura que se es dogmático en relación a una cantidad infinita de temas que no necesariamente deban estar vinculados a la tolerancia étnica o racial; bajo esta distinción cabe señalar que un individuo con personalidad dogmática puede seguir cualquier tendencia ideológica y no sólo la fascista como presuponía Adorno. (Hollander E, 1962:302). 

Por ejemplo al estudiar los resultados que arrojó una encuesta de opinión pública, Roper afirma que los antisemitas tienen ciertas dificultades para responder “no se”. Las personas prejuiciosas parecen sentirse más seguras cuando conocen las respuestas. (Allport, 1977:436) 

Por otro lado, también se le cuestionaba a esta escuela, la falta de casos recogidos de la observación participante para describir la dinámica del prejuicio. Uno de sus críticos afirmaba “Las mejores ideas de la psicología social se desarrollan con frecuencia a partir de la experiencia directa. Como sureño blanco me di cuenta al leer La personalidad Autoritaria, cuando era estudiante de pre-grado, de que el libro no explicaba la mayor parte de lo que pensé que sabía respecto a los prejuicios contra los negros del sur”. Thomas Pettigrew (University of California, Santa Cruz) (Myers D, 2000: 357).

En la Argentina, es Gino Germani quien adapta la escala F y la aplica en 2078 casos para estudiar el antisemitismo en la sociedad. En concordancia con Adorno, el autor establece dos tipos de antisemitismo con origen en la “clase social” a la cual pertenecen los entrevistados. La primer tipología, el “Antisemitismo tradicional” obedece a la influencia del ambiente sobre el grupo, más precisamente a la actitud pasiva del grupo para absorber el estereotipo dominante. Esta modalidad de prejuicio se ve comúnmente en la clase baja. La segunda en cambio está relacionada con el “antisemitismo ideológico” y se deriva de un “síndrome autoritario” característico de la personalidad de las clases medias y altas. (Halperin Donghi y Di Tella: 473). 

La tesis de la personalidad muestra ciertas deficiencias. Sin ir más lejos, Pettigrew (1958) muestra como muchas veces la correlación entre personalidad autoritaria y prejuicio no se manifiesta sino inversamente. (Brown, 1998:51). 

* El prejuicio en Buenos Aires. La Segregación negada 
En uno de sus últimos trabajos de investigación titulada “la segregación negada“, Margulis y Urresti (1999) proponen la tesis que el prejuicio hacia el inmigrante latinoamericano sigue el mismo modelo que hacia aquellos que provienen de las zonas rurales del interior del país. El fenómeno muestra dos aspectos importantes de señalar: el primero, es la negación del mismo por parte de los actores sociales; el segundo es lo que ellos denominan “Racialización de las relaciones de clase”; una selección o segregación étnica con base en ciertas diferencias de carácter socio económicas. 

Para los investigadores, uno de los mayores obstáculos que encontraron en su investigación daba con el ocultamiento y la negación de las actitudes etnocéntricas y discriminadoras por parte tanto de aquellos que discriminaban como aquellos que eran discriminados. “En nuestra época ser discriminador es socialmente descalificado y nadie quiere recibir ese mote (Margulis y Urresti, pp 9). 

En su construcción histórica argentina, siempre han coexistido dos discursos antagónicos: una cara sonriente a la migración europea y otra preocupada por el vínculo con lo americano, lo mestizo y lo indígena. “En nuestra cultura están instaladas clasificaciones jerarquizadas, enquistadas en las construcciones históricas del sentido, que descalifican a la población de origen mestizo, incluyendo a los que provienen de la inmigración de países limítrofes” (pp17)… ”Sobre un fondo histórico que lleva muchos años, los inmigrantes de países limítrofes son comúnmente usados como chivos expiatorios de los fracasos” (pp 29)…”En un contexto de desempleo y distribución regresiva del ingreso, bolivianos, paraguayos, chilenos y peruanos se erigen en presentes culpables de la creciente pobreza, la inseguridad, el desempleo y la exclusión”. (pp 30)

Las raíces de este pensamiento se encuentran en las ideologías de superioridad racial del siglo XIX, en pensadores como Alberdi, Sarmiento, Mitre y Jose Ingenieros. Según estos pensadores, la raza indoeuropea sobre todo la nórdica es superior al resto. El sentido de racialísimo esta presente en todos ellos, y se ha transmitido de generación en generación hasta nuestros días. La distinción parece clara a grandes rasgos, una raza blanca portadora de civilización contrapuesta a lo autóctono como símbolo de atraso y barbarie. 

Margulis y Urresti afirman “hemos tratado de investigar y fundamentar el proceso que caracterizamos como la racialización de las relaciones de clase en nuestro país … desde el período colonial, las relaciones de clase se constituyeron sobre una base fuertemente racializada y junto a las categorías legales, económicas, y sociales se fueron articulando sistemas simbólicos y escalas de valoración que impregnaron los códigos culturales”…” los villeros, los cabecitas, los bolitas y, en general, aquellos que provienen de la inmigración desde el interior y de países limítrofes … ellos son herederos de la larga historia de descalificación y oprobio con la que se ha ido construyendo la genealogía de los estigmas en nuestro país, la que es consistente con los mecanismos de simbólicos que han operado, también, en la génesis de nuestros sistemas de clase”. (Margulis y Urresti,1999: 121). 

Según una muestra de 244 casos realizada en diversos barrios de la Capital Federal y localidades del Gran Buenos Aires durante marzo y abril de 1996. En ellas se observó que los chilenos tenían uno de los índices de etnocentrismos más elevados y los brasileros de los más bajos. La preparación estadística de la muestra estuvo a cargo del sociólogo y filosofo Carlos Belvedere. El autor divide, la disposición etnocéntrica se divide en frontal y encubierta.

La frontal corresponde a quienes creen que los inmigrantes son usurpadores y no tienen derechos a vivir donde lo hacen y siguieron con calificaciones extremas. En el caso de la categoría encubierta, los encuestados ponían algún tipo de reservas al ingreso de extranjeros en forma sutil. (Margulis Y Urresti, 1999: 278).

La disposición etnocéntrica hacia los extranjeros en forma encubierta es del 27.9%, mientras de forma frontal es de 63%; hacia lo que se denominan “los provincianos” la disposición encubierta es 29.5%, y frontal 20.9%. Por último hacia los villeros la disposición encubierta es en un 17.2% y 32.10% frontal.

El cuadro que a continuación se detalla demuestra la disposición etnocéntrica de los encuestados desagregados por nacionalidades. 

Proporción entre disposición etnocéntrica frontal y encubierta hacia distintas colectividades. 

 Proporción entre disposición etnocéntrica frontal y encubierta hacia distintas colectividades.

                                                 Bolivia                                Brasil                                Chile                Paraguay              Perú                Uruguay                                           2.29                                1.7                                2.31                2.0                                3.8                2.36

 

Fuente: La Segregación Negada. 1998. Pág. 284.

Los peruanos (3.8), uruguayos (2.36), chilenos (2.31) y bolivianos (2.29) registran un mayor índice de rechazo en comparación a paraguayos (2.0) y brasileros (1.7). 

El segundo cuadro muestra en porcentajes el etnocentrismo, desagregado en cuatro categorías: no se observa, encubierta y frontal y no sabe. 

Disposición Etnocéntrica hacia diversas colectividades (en porcentajes).


Puede notarse claramente como en Chile la disposición etnocéntrica frontal y encubierta supera al resto de las colectividades, incluso a Bolivia y Paraguay. También, debe mencionarse que Perú es la colectividad que menor disposición etnocéntrica encubierta registra. Afirma Belvedere “llama la atención que el rechazo de los peruanos, hacia quienes el prejuicio es cualitativamente muy fuerte, no se encuentra muy difundido cualitativamente. Es decir: se trata de un prejuicio muy intenso pero no permeable para el grueso de la población” (pp284). Siguiendo la misma lectura, es Brasil la colectividad que menor disposición etnocéntrica frontal observa.

Otras inferencias muestran como a mayor nivel educativo menor es la tendencia al “prejuicio frontal” pero mayor es la tendencia al “prejuicio encubierto“. 


Asimismo, por profesión puede notarse que “Los profesionales, estudiantes y empleados son quienes menos discriminan. Los obreros y trabajadores manuales junto con los comerciantes resultan sujetos más discriminatorios” (pp286). Sin embargo “Si nos detenemos en la discriminación encubierta las distancias se acortan.” (pp 287). Los obreros (60%), los comerciantes (50%) y las amas de casas (55.6%) son aquellos que mayor disposición etnocéntrica frontal registran en comparación con estudiantes, profesionales y empleados en general. Por el contrario, profesionales (44%), estudiantes (42.1%) y empleados (41.7%) muestran una disposición etnocéntrica encubierta mayor en comparación a los obreros, amas de casa y comerciantes. Puede por eso deducirse, que a mayor nivel educativo más encubierta es la disposición etnocéntrica. 

La Segregación Negada es una obra muy útil tanto en lo teórico como en lo empírico. No obstante, tiene dos limitaciones a la hora de explicar las causas del problema, que creemos importantes de destacar. La primera de ellas es el hecho de querer estudiar y explicar indistintamente un mismo tipo de prejuicio que toma por objeto a grupos que no necesariamente tienen que ver entre sí. Es un error, intentar juntar a los “inmigrantes de países limítrofes“, a “los villeros” y “los provincianos“ y afirmar que la segregación hacia estos grupos es producto de una “racialización de clase“ como lo hace Margulis.

Esto parece contradecir, no sólo la conclusión de los propios autores cuando advierten “En síntesis, podemos afirmar que el principal criterio discriminatorio es la nacionalidad, seguida por la clase”… ”Es consecuente con el carácter eminentemente nacionalista del etnocentrismo porteño el hecho de que los sujetos más discriminados son los extranjeros; en segundo lugar los provincianos y finalmente los villeros” (Margulis y Urresti, 1999: 290), sino también los datos recolectados por cuanto el índice etnocéntrico en el grupo “brasileros”, un grupo latinoamericano por excelencia, es considerablemente menor en comparación con las otras nacionalidades. 

La segunda limitación se encuentra en la interpretación de las causas que explican el prejuicio. Para los autores, esta clase de prejuicio es una continuación histórica de las ideas que enarbolaron los dirigentes argentinos como Alberdi o Sarmiento en el siglo pasado anclados en una exacerbada admiración hacia los europeos, especialmente nórdicos. Si bien es innegable que tanto Alberdi, Sarmiento y el mismo Ingenieros parecían admirar ciertas particularidades de la cultura anglosajona e inversamente demostrar desprecio para con “el criollo”, no necesariamente esa ideología debe ser la causa univoca del prejuicio hacia los colectivos latinoamericanos y otros en la actualidad. Si así fuera, entonces los datos empíricos de campo son insuficientes para explicar como la ideología de esa época se ha transmitido de generación a generación hasta llegar a la actualidad. 

Carlos Belvedere se da cuenta de esta limitación y propone una explicación alternativa para comprender la dinámica del problema en la fenomenología de Schutz y Luckmann. En las relaciones sociales se dan en dos esferas bien definidas, la “orientación tú” en donde se originan las interacciones interpersonales y la “orientación ellos” en la que se establece una relación abstracta con el otro. 

La discriminación, señala Belvedere (2003:84) se aloja en la orientación ellos y aún cuando exista un trato en la orientación tu, el prejuicio no se diluye. El autor señala “esta perspectiva, a su vez, nos permite comprender porque la familiaridad con personas pertenecientes a los tipos discriminados es incapaz de producir una suspensión decisiva de los dispositivos discriminatorios … esto cuestiona toda una tradición que sostiene que es la alteridad lo que despierta los prejuicios discriminatorios. En ocasiones es así pero, al menos en el espacio y el tiempo en el que hemos realizado nuestro trabajo de campo, percibimos que toma mayor virulencia contra quienes se encuentran más próximos: el boliviano o el paraguayo cuando compiten en un mismo mercado laboral con los argentinos, el peruano cuando toma la casa de al lado, y el chileno cuando se recuerda las disputas por un mismo territorio … expresado esto en otros términos, inspirados en la obra de Schutz y Luckmann, podríamos decir que la discriminación se suspende en “la relación tu” (ya que la mayoría no discrimina a sus conocidos) pero es persistente a nivel de la orientación “ellos”.” (Belvedere C, 2003:85).

De esta manera, el autor enfrenta a la teoría del contacto al sugerir que no necesariamente el contacto interpersonal ayude a reducir prejuicio, hace lo propio con la teoría de la identidad y entabla un puente directo con la teoría del conflicto del grupo realista. Esta construcción teórica es clave para abordar como los procesos de competencia o conflicto influyen en los prejuicios. 

Teoría del conflicto del grupo realista
(El conflicto y el surgimiento de estereotipos negativos). 
El estereotipo fue un término acuñado por Walter Lippmann durante la década del 30. El sentido que el autor le dio al vocablo fue para simbolizar las imágenes que las personas tienen en su mente. Estereotipar, a un individuo o grupo significa reducir el resto de sus cualidades a una imagen general sobre todos aquellos que entren en dicho molde. Al igual que el prejuicio, existen estereotipos positivos y negativos. Pero ¿dónde se forjan los estereotipos?. 

La respuesta más sencilla y consensuada está relacionada con el proceso de socialización y transmisión cultural, los medios masivos de comunicación u otro agente socializador como la familia o la escuela. (Brown, 2002: 103). En ese punto estas instituciones funcionan como forjadores de diferentes clases de estereotipos en relación a lo complejo del mundo social que envuelve al individuo. No obstante, muchos de los estereotipos que terminan fomentando el prejuicio se forman a causa de hechos externos a los grupos. Seago (1947) encontró que los estereotipos se vuelven menos favorables tras un hecho negativo que conmocione a la vida de una nación, como el caso de los estereotipos japoneses en universitarios estadounidenses antes y después del bombardeo a la base de Pearl Harbor.

Asimismo, en algunas ocasiones la competitividad entre los grupos aumentan los prejuicios entre ellos, esto parecían observar Sherif y Sherif (1953) cuando afirmaban que la agresividad intergrupal podía ser provocada por la incompatibilidad de intereses reales o ficticios. Estos autores, realizaron un experimento con chicos de doce años de edad, en una colonia de vacaciones. Ninguno de ellos se conocía previamente antes del campamento. Los organizadores realizaron diversas pruebas de competición entre los grupos, fijaron un premio para el ganador y ninguno para el perdedor. Rápidamente, observaron una hostilidad manifiesta elevada entre los dos grupos. Luego, para reducir el conflicto subordinaron un objetivo conjunto los dos grupos antagónicos. Los resultados, finalmente, fueron que la agresividad y la imagen negativa (estereotipos) en los participantes se vio disminuido. Brewer y Campbell (1976) mostraron como en África se descalificaba más a las tribus geográficamente vecinas que a las más lejanas. El ser vecino, se asume, implica una lucha por los recursos básicos de alimento y agua. En otros casos, como también muestran los autores, la correlación puede ser inversa y mostrarse grados elevados de cooperación. Se denominó a esta corriente teórica del prejuicio como “Realistic Group Conflict Theory” (Teoría del conflicto del grupo realista). 

En esta misma línea, MacIver y Page (1966:434) sostienen “los fenómenos de los prejuicios, las tensiones y las discriminaciones entre los grupos son extremadamente variables; disminuyen, aumentan o giran en nuevas direcciones según las circunstancias. A veces, estas fluctuaciones son notablemente rápidas; otras, se da un movimiento más lento y extenso con la culminación o la reducción de las tensiones. La escena internacional nos ofrece un buen ejemplo de la rapidez de estos cambios bajo ciertas condiciones. En un breve período, a veces casi de la noche de la mañana, puede transformarse el cuadro mental que un pueblo posee acerca de otro. En épocas recientes, por ejemplo, esta transformación se ha producido en repetidas ocasiones con respecto al retrato de los rusos vistos a través de los ojos del espíritu de los norteamericanos.” 

Otro ejemplo lo puede proporcionar, el caso de los estereotipos entre argentinos y chilenos después del conflicto del Beagle o entre argentinos y británicos durante la Guerra de Malvinas.Ruppert Brown señala “los estereotipos nacionales dominantes a menudo experimentan cambios importantes a mejor o pero, según se forjen nuevas alianzas o haya declaraciones de guerra en las relaciones internacionales. Recuerdo muy bien cómo, en las breves semanas que siguieron a la excursión de los militares argentinos a las islas Malvinas, en el Atlántico Sur en 1982, los estereotipos populares británicos de los argentinos se plagaron rápidamente de una imaginería despectiva y belicosa” (Brown R, 2002: 187)

Siguiendo una tipología similar a la de Sherif y Sherif, Lewis Coser clasifica al conflicto en dos tipologías: por un lado los “conflictos reales“, por el otro “los irreales“; mientras el primero representa un medio concreto para la concreción de un fin, el segundo es sólo una manifestación que ayuda a liberar las tensiones entre una de las dos partes no implicando necesariamente determinantes que estén relacionados con el origen de la disputa (Coser,1961:55). Una disputa territorial en un momento dado entre dos estados es considerado un conflicto real, sin embargo pasado cierto tiempo si ese conflicto es usado por algún movimiento político para reivindicar pretensiones que no están directamente relacionadas con ese territorio estamos en presencia de un conflicto irreal. Los prejuicios raciales o religiosos entran dentro de la segunda clasificación. 

En la realidad social la dinámica de estas dos clases de conflicto muchas veces se entremezclan y no son tan simples de discernir. De todos modos, lo expuesto hasta el momento no explica ¿porque hay conflictos que unen y otros que separan?. Según pensaba George Simpson existe una tendencia a la unión cuando el conflicto es comunal, esto quiere decir cuando ambos grupos aceptan o descubren objetivos comunes; esta clase de conflictos son integradores y socializantes. Al contrario, el no-comunal es un conflicto destructivo y que al no estar regulado por un objetivo común entre las partes provoca la desintegración y la separación de los grupos en pugna (ibid: 81). 

En muchas ocasiones el contacto, o mejor dicho la falta de él, es un medio por el cual se reducen la intensidad de los conflictos (Boulding K,1962: 306). En efecto, la hostilidad ha de ser más intensa cuando la estructura social no pueda institucionalizar el conflicto. La disgregación es más factible cuando los conflictos o las disputas no son contenidas por una estructura normativa común a los dos o más grupos. 

Por último cabe señalar el hecho que no todos los conflictos generan distanciamiento, existen algunos en los cuales se generan nuevas alianzas con otros grupos de los cuales hubiera sido impensado afiliarse antes de sucedido el conflicto. 

La Teoría económico-estructural
El padre fundador de esta tesis, fue Carl Marx. Obviamente, en la actualidad sus seguidores sostienen que el prejuicio debe entenderse como una necesidad funcional de la clase dominante. Precisamente, la mano de obra inmigrante sirve como reserva a los procesos de producción capitalistas, reduciendo al mínimo los costos y aumentando al máximo la plusvalía. El continuador más importante de esta tesis es Immanuel Wallerstein. El autor sostiene el prejuicio no sólo es el rechazo al otro que no es como yo por motivos hereditarios o socialmente adquiridos, sino que debe ser entendido con lo que ello implica en la práctica de la Economía-Mundo. Es a través del prejuicio o el racismo, que una sociedad alcanza la eficiencia económica al menor esfuerzo y costo posible. En la edad media, la significación de lo bárbaro debía ser expulsado para lograr el objetivo de alcanzar la pureza, para un sistema donde el objetivo es el aumento del capital, la expulsión ya no es funcional. 

El prejuicio permite una distribución diferenciada y una clasificación jerárquica de la mano de obra en el mercado de trabajo. Esta clasificación no siempre implica los mismo grupos; por el contrario el proceso es dinámico. Aplicado a nuestro estudio, si no existieran inmigrantes de países limítrofes, la clase dominante debería de usar otro grupo para sostener el sistema. (Margulis M, Urresti M y otros,1999:229-232). Sassen-Koob (1979) afirma que la concentración de capital es una de las causas de atracción de flujos migratorios. La demanda del mercado de trabajo en sociedades capitalmente desarrolladas exige un aumento de mano de obra por lo tanto un incremento en las fuerzas productivas. La desigualdad de acumulación entre las naciones es una de las diferencias que obliga a miles de inmigrantes de países en vías de desarrollo a viajar a los centros económicos del mundo.(Marmora, 2004:127). 

Aún cuando muy ilustrativa la teoría Económico-estructural tiene muy pocos componentes que puedan vincularla con la base empírica.

La religión y el prejuicio
Algunos autores aunque no lo han podido comprobar a certeramente especular que los miembros de religiones tradicionales son más proclives al prejuicio que aquellos que son ateos o pertenecen a una religión no tradicional. “En casi todos los países, los líderes invocan la religión para consagrar el orden presente. El uso de la religión para apoyar la injusticia ayuda a explicar un par de hallazgos constantes referentes al cristianismo, la religión dominante en Norteamérica: 1- los miembros de la iglesia expresan más prejuicios raciales que los no miembros y 2-los que profesan creencias cristianas tradicionales fundamentalistas expresan más prejuicios que los que profesan creencias menos tradicionales”. (Myers G, 2000:350). 

Para Allport (1979: 478) “el papel que desempeña la religión es paradójico. Crea prejuicios y los desbarata”. Por un lado, cada religión tiene la posibilidad de articular prejuicios y arraigarlos en el seno de su tradición cultural. Pero por el otro, existe la creencia que todos los seres humanos gozan de una misma igualdad ante su creador. Allport (1979: 484) reflexiona sobre el tema de la siguiente manera “el prejuicio comienza solamente cuando la religión se transforma en apología de la superioridad del endo-grupo y traspone sus límites estrictos para rebajar a los exo-grupos por razones que van más allá de una desviación en el credo”. 

Por ejemplo, Dorothy Spoerl (1951) realizó una investigación aplicando la escala de distancia social de “Bogardus” a 900 alumnos; sus resultados arrojaron que no existía ninguna diferencia en el promedio entre católicos, protestantes y judíos. Otra investigación realizada por Allport en el año 1946 sobre 400 estudiantes, arroja resultados interesantes. Ante la pregunta ¿en qué medida la religión ha constituido una influencia en su educación? se observa que en aquellos que dicen que la religión fue un factor leve en su formación el grado de prejuicio es mucho menor que en aquellos que respondieron que la religión ocupó un lugar importante en su educación. (Allport: 485). Los estudios de Bettelheim y Janowitz (1975:158) encontraron que la intolerancia estaba más concentrada en grupos cuyos individuos que eran indiferentes a las normas religiosas que en aquellos que no lo eran. 

Por el contrario, un estudio reciente en La Universidad de Santiago de Chile, con motivo a una investigación sobre el grado de no discriminación en las ciudades de Iquique y Temuco, ha notado que de 400 casos existe una relación entre vínculo religioso y la tolerancia. Los encuestados con afinidad católica registran un índice de tolerancia del 54.4%, los encuestados de afinidad protestante 23.7% y finalmente los ateos de 74.8%. (Aymerich Jaime, 2003). 

Según nuestro punto de vista, no significa que sea la religión en sí la que genere el prejuicio, de hecho la mayoría de ellas lo prohíbe moralmente. Tal como lo había notado Allport, muchas veces cuando los hechos o los acontecimientos son repetidos sistemáticamente se crean prejuicios que ayudan a procesar esa información y a evitar el esfuerzo de tener que aprender ese hecho por primera vez todo el tiempo. Lamentablemente, la evidencia empírica que se ha presentado a favor de la idea que la religión condiciona el prejuicio es poca, insuficiente o contradictoria. Se cree, que las personas vinculadas a regímenes tradicionales y repetitivos son más proclives a tener ideas preconcebidas y generalizadas. Bajo este contexto, si puede ser real que los fieles de las religiones tradicionales muestren una tendencia a prejuzgar mayor a aquellos que pertenecen a religiones menos tradicionales, pero esto es sólo otra conjetura más. 

El prejuicio y la composición familiar
Emmanuel Todd (1996:72) estudia la asimilación cultural de los inmigrantes en Estados Unidos, Alemania, Inglaterra y Francia. Sobre la segregación y la marginalización asume que existen pueblos “universalistas” y “diferencialistas“. Los primeros muestran una tendencia a la idea de igualdad mientras que para los segundos una idea a la diferencia. El sistema matriz, preponderante en las sociedad alemana y japonesa, como así mismo el sistema nuclear absoluto, en la sociedad americana, establecen diferencias entre el trato a los hermanos. La explicación de Todd, es que con un sistema familiar asimétrico donde no se considera iguales a los hermanos, habrá una tendencia “diferencialista“ en el resto de la sociedad. Por el contrario el sistema nuclear igualitario de las sociedades latinas considera que no habiendo diferencias entre los hermanos a un nivel consciente, todos los hombres deben gozar de la misma igualdad de derechos en un nivel inconsciente. En estas últimas sociedades, la tendencia es universalista. Para este autor, el prejuicio obedece a causas adscritas sobre las cuales el individuo o el colectivo no tienen ingerencia.

El punto débil de este trabajo es que no toma el concepto de cambio social como condicionante del prejuicio, se le asigna a la discriminación una causa fija y bajo ningún concepto se toman las variables contextuales en consideración. Por el sólo hecho de nacer en el seno de una familia matriz el individuo no está sujeto a discriminar como así tampoco su contralor, nacer en el seno de una familia nuclear tampoco garantiza la asimilación. Esto equivale a decir que todos los alemanes segregan a los extranjeros por estar determinados en un sistema matriz, postulado que se desvanece cuando uno lo relaciona con la realidad cotidiana. Sin embargo, el trabajo de Todd provee un conjunto de indicadores que son interesantes para seguir siendo investigados y que demuestran los diferentes grados de asimilación de diversas minorías en distintas sociedades. 

El prejuicio como mecanismo de conservación
Uno de los primeros estudios que intentaba dilucidar la relación que existe entre el prejuicio y el cambio fue Robert Park, para él el prejuicio era una manifestación de resistencia al cambio social. Sin embargo, su trabajo tenía algunas limitaciones ya que su enfoque se basaba exclusivamente en las competencias interpersonales.

La resistencia al cambio social estaba relacionado con un intento del propio grupo de no competir con el grupo ascendente. Quienes toman esta idea y la desarrollan con más profundidad son Brunno Bettelheim y Morris Janowitz (1975:41); los autores recogen un conjunto de siete estudios hechos por diversos sociólogos y psicólogos (entre los que se encontraban Thomas Pettrigrew, Malvin Tumin y Richard Curtis). 

Los trabajos, todos realizados dentro de los Estados Unidos, confirman que la movilidad social tiene una relación directa con el prejuicio. En sus estudios se observan grupos con movilidad ascendente, descendente y estables, confirmando la hipótesis que a mayor nivel de movilidad social descendente mayor grado de prejuicio, sin embargo se demuestra que también existen casos en donde la movilidad ascendente extrema correlaciona con el prejuicio de manera notable. En lo que al nivel de agresividad se refiere, mediante un muestra de ciento cincuenta veteranos de guerra, los autores demuestra que el grado de hostilidad es mayor en aquellos que están descendiendo en la escala social que en aquellos que están ascendiendo. El individuo muestra una tendencia a conservar el status social y esto lleva a entender el prejuicio como un intento de conservación del orden social frente a un cambio. 

En esta misma línea, el sociólogo español Andrés de Francisco (1997:72-75) afirma que el prejuicio racial es un proceso de cambio social no reproductivo cumulativo. ¿Qué significa esto en realidad?. La estructura social cambia siguiendo dos tipos de procesos bien diferenciados: los procesos reproductivos y los no reproductivos. A su vez, los procesos reproductivos se dividen en simples, cuando el resultado (output) se mantiene igual a su ingreso (input), y ampliado cuando el resultado (output) haya sido ampliado en relación a su ingreso (input) y al proceso interaccional (procesamiento). Dentro de los procesos no reproductivos, tenemos el cumulativo, el cual se caracteriza por la transformación del sistema de interacción y de su output aún cuando las variables contextuales se mantienen estables. “se trata de procesos de espiral , en gran parte irreversibles dada su naturaleza de circulo vicioso , los procesos cumulativos … son muy frecuentes en la realidad social, pero tal vez sea especialmente ejemplar el proceso de desarrollo de un prejuicio racial”. Una minoría es excluida y segregada a ocupar ciertos roles dentro de la sociedad, al encontrar esta limitación día a día la minoría termina por aceptar su posición y de esta manera se afianza el prejuicio y la discriminación racial. En sí, la discriminación es un proceso que tiende a perpetuar un orden tradicional y a evitar el cambio social, cuando estos procesos cumulativos se rompen surge una nueva tipología dentro de la misma clasificación que son los procesos no reproductivos por transformación, surge el conflicto y deviene el cambio. 

Sin embargo en otros casos, cuando la segregación es muy marcada, los daños psicológicos en aquellos que son rechazados parecen no permitir que se rompa el “status quo” del grupo dominante. En Estados Unidos el ejemplo más claro, era el desinterés que mostraban los negros hacia las instituciones “blancas“ tanto en el campo de la política o de la educación a mediados de los 50; estos hechos llevan a marcar aún más las diferencias y a segregarlos del mercado laboral. Ante la posibilidad de ser negado, surgen diversos mecanismos protectores que llevan a marcar los propios límites excluyendo a los demás, antes que sean ellos los que excluyan al sujeto. Este juego lleva a la “auto segregación”, hecho por el cual permite que el poder social de la clase dominante pueda continuarse. 

En Estados Unidos, el “afro americano”, que compite directamente con los blancos y tiene éxito, no se comporta en forma tan diferente a aquel que no lo tiene. Por un lado no resuelve su problema como miembro de una minoría apartada y por el otro busca siempre la distinción a través de diferentes mecanismos; debe en cierta forma mantenerse a distancia de los demás, hecho que produce un aumento en su productividad laboral y marca aún más las diferencias tanto con otros negros de posición inferior como con los blancos. Se hace presente el mismo efecto antes mencionado de intentar imponer los límites y no profundizar en las relaciones sociales por miedo a ser rechazado. (Clark K, 1968:87). Paradójicamente, si bien por un lado el sujeto segregado intenta por todos los medios romper el orden social a través de su desempeño, por el otro las consecuencias psicológicas de haber sido rechazado en forma continua y sistemática lo llevan a perpetuar ese orden mediante su propia auto segregación. 

La narrativa como elemento de análisis 
Conviene dedicar un apartado al papel que la narrativa histórica juega en el análisis del prejuicio o de la discriminación. Muchos concuerdan en que la narrativa constituye un elemento ideológico en el control social. Desde las historias familiares, que nos condicionan, particularmente, hasta los grandes discursos políticos reivindicando territorios perdidos o purezas étnicas, los procesos discursivos y sobre todo aquellos reflejados en la narrativa de un grupo social evidencian las influencias de grupos normativos que custodian el orden social.

Teun Van Dijk aporta un método para analizar empíricamente la narrativa del prejuicio. El autor ha tomado una muestra de 144 historias de altercados étnicos en Holanda y Estados Unidos. En los estudios se establecen por lo menos cinco nodos de análisis discursivo. El entrevistado introduce la narración en una escena, donde se detallan los participantes y el tiempo en que transcurre la historia. Una segunda estructura hace referencia a la orientación la cual es de tipo espacial y ubica al narrador dentro del relato. La tercera estructura, llamada Complicación, se vincula directamente con la narración del hecho conflictivo que varía según el narrador. Luego, la resolución cuenta como se termina la historia y la forma en que se soluciona el supuesto conflicto. Le siguen la evaluación, la cual evidencia los estereotipos y valoraciones personales del narrador como por ejemplo. “es patético que ocurra algo así”. 

Finalmente, una conclusión denota el trasfondo del discurso prejuicioso o discriminatorio tal que “todos los inmigrantes son iguales, deberían deportarlos”. El 50% de los encuestados muestra, según Van Dijk, que los relatos carecían de una categoría de Resolución; esto se debe a “una representación esencialmente problemática de acontecimientos étnicos en modelos mentales, como una dificultad para la cual no hay solución para el narrador”. (Mumby, 1997: 187).

Otro de los rasgos de este tipo de discursos es la capacidad del narrador de ponerse en papel de víctima y de establecer una valoración negativa para quien él supone “su victimario”. Obviamente, la gran mayoría de ellos dicen una y otra vez que no son racistas, sino sólo victima de una situación por demás injusta. 

Una discusión crítica sobre la normativa 
Si se entiende que las leyes garantizan el convivir de los seres humanos entre sí. ¿Qué relación existe realmente entre norma y hecho dentro del mismo grupo?, ¿Qué tan coherente es la normativa a la realidad social?. El siglo XX ha sido testigo de diferentes regímenes totalitarios, discriminadores o segregacionistas que han ido en contra de los derechos básicos del hombre empero todos ellos han sido legitimados según diferentes ordenes jurídicos, sin ir más lejos las conocidas leyes de Nuremberg durante en Gobierno nacionalsocialista que declaraban la superioridad racial de ciertos tipos sobre otros, o la instrumentación de Apartheid en Sudáfrica donde los negros tenían terminantemente prohibido vivir entre los blancos. 

Obviamente, debe entenderse la relación entre prejuicio y normativa en aquella discusión académica entre Hans Kelsen y Carl Schmitt sobre la norma en sí misma y el lugar que ella ocupa dentro del ámbito político. 

Hans Kelsen debe emigrar a los Estados Unidos tras el advenimiento del Nazismo al poder; es allí donde posteriormente desarrolla su tesis o teoría “pura del derecho”. Para este autor, toda norma es valida aún sin ser eficaz por cuanto se remite al orden o a la norma fundamental, la Constitución. Bajo ningún punto de vista, debe la normativa vigente subordinarse a la decisión individual o ideológica de un partido, y mucho menos al orden político dominante. “La validez de un orden jurídico subsiste aún si algunas de sus normas están desprovistas de eficacia, y éstas permanecen validas si han sido creadas de la manera prescripta por este orden. La validez de una norma, aislada se determina en relación con la primera constitución”. (Kelsen H,2005:117). Seguidor del pensamiento kantiano, intenta construir una ciencia basada en herramientas propias de otras ciencias como la sociología. El poder de la norma es tal que la realidad o los hechos deben someterse al “deber ser”. 

El jurista y filosofo alemán Carl Schmitt, adhiere al partido nacional socialista en el año 1933 y delinea los principios teórico-jurídicos que fundamentan la acción del nuevo régimen. La tesis del “decisionismo” schmittiano consiste en sostener que la normativa jurídica debe subordinarse a la decisión política por cuanto de ello depende su eficacia, otorgando a un solo hombre la facultad de tomar decisiones en representación de una nación.

Frente a una “situación existencial” el papel de la norma juega un rol secundario. Ya nada puede decidirse “imparcialmente”. “Y una vez que una situación a sido considerada como existencial, todos aquellos que no participan de su realidad tienen que callar. Aquí son sancionadas como existenciales principalmente las situaciones y relaciones políticas; y dentro de la dimensión política, la relación amigo-enemigo”. (Marcuse H, 1970:37). 

En la actualidad, la discusión se centrará entonces: cuando por un lado, kelsenianos acusen a los schmittianos de fomentar teóricas autoritarias y concebir a la política en la necesidad de sumisión a un Estado con presencia Total en la Sociedad; apoyados, obviamente, en el binomio amigo-enemigo donde el individuo es visto como conflictivo y destructor, subordinando la normativa al ejercicio real del poder. Por ser externa al individuo la normativa para los kelsenianos no debe bajo ninguna circunstancia subordinarse a la política. A entender de los kelsenianos “Schmitt plantea un falso dilema: la norma como mandato o bien como valor, lo cual distorsiona la naturaleza de la norma jurídica. La cuestión es grave en el caso del jurista alemán, porque este opta por el primero de los términos dilemáticos, con una mota de posición insostenible” (Dotti JE, 2000: 333). 

Por el otro, los schmittianos acusarán a los kelsenianos de promulgar una teoría hueca que no tiene asidero en la realidad social. Es imposible (según ellos) negar los aciertos de Schmitt en evidenciar como el juego de amigo-enemigo incide en el campo político, en toda estructura existe la necesidad de subordinar en la decisión política el poder de la norma antes de evitar precisamente el colapso total del sistema jurídico frente a un estado de crisis. En la Argentina, los defensores de Schmitt, niegan terminantemente su vinculación con el nacionalsocialismo alemán de mediados de siglo veinte. 

La división entre el hecho y el derecho es clave para poder comprende el vínculo que existe entre la ley y el prejuicio negativo o la discriminación. En primer instancia, el orden político en muchas ocasiones subordina a sus intereses toda la normativa vigente de un estado. Modifica, cambia, promulga y deroga diversas leyes que hacen a la vida social. A lo largo de la historia, y según cada contexto social han existido “leyes antidiscriminatorias y leyes discriminatorias“, leyes que fomentaban o prohibían la segregación por diversos motivos como ser raciales, religiosas o de nacionalidad. No es una cuestión de discusión entre “positivismo” y “decisionismo” normativo, ya que los contextos sociales e históricos son un fuerte condicionante para el tratamiento de las leyes. Es decir, Las leyes de Nuremberg si bien han sido el resultado de la decisión de una elite política, no han surgido sino a través de diversos y complejos factores sociales que primero facilitaron el asenso al poder de esa elite (los nazis), y segundo permitieron la implementación de esas leyes. ¿Alguien imaginaría un nacionalsocialismo sin crisis del 30?, ¿alguien puede pensar en una segunda guerra mundial sin la primera?. Existen una sucesión de hechos históricos que dentro de ciertos contextos tienen un grado de condicionamiento que excede a las proposiciones autoritarias de Carl Schmitt e incluso a las positivistas de Kelsen. En lo que respecta a la legislación antidiscriminatoria, se aplica el mismo modelo de pensamiento. En muchas ocasiones, este tipo de leyes están sujetas de diversas interpretaciones por partes de los jueces quienes condicionados por su costumbre histórica se ven influidos al momento de aplicar la normativa. 

En lo que respecta al prejuicio, podemos afirmar que ninguna ley lo regula en sí, sino a través de algún tipo de manifestación actitudinal. Para tal caso, entonces no hablaríamos de prejuicios sino de manifestaciones discriminatorias. Quizás, sea pertinente no hacer generalizaciones muy extensas pero no existe ley en el mundo que prevenga el prejuicio en su estado ideológico. Allport es evidentemente claro al respecto: “La legislación no intenta en absoluto disminuir los prejuicios, por lo menos directamente. Su propósito es igualar los beneficios y disminuir la discriminación (pp 504) … el establecimiento de una normal legal crea una conciencia pública y una norma para la conducta esperada, que sirve para controlar el prejuicio, sino sólo su expresión abierta. Pero cuando la expresión cambia, es probable que también los pensamientos. (pp505). La legislación, si se asegura su vigencia, puede ser un arma contundente en la batalla contra la discriminación. También puede serlo las decisiones judiciales que invalidan la legislación discriminatoria que viene del pasado. La acción legal, sin embargo, sólo tiene un alcance indirecto sobre la reducción real del prejuicio personal. No puede imponer maneras de pensar ni infundir la tolerancia subjetiva”. (pp512).

El prejuicio en la actualidad
Algunos teóricos sostienen que en la actualidad existe una cierta tendencia a la disminución del prejuicio en comparación a la mitad del siglo XX. No obstante, no queda claro si el prejuicio ha cambiado o se está reduciendo. El prejuicio del hoy difiere del prejuicio del ayer. La discriminación abierta y descarada ya corre contraria a las normas institucionales y sociales. McConahay (1986) a definido entre “racismo Anticuado” y “racismo moderno” a los diferentes construcciones mentales que se manifiestan hoy en día. A modo de ejemplo un item, que el autor utiliza para describir el prejuicio moderno es Los medios de comunicación y el Gobierno han mostrado más respeto por los negros de que se merecen, mientras ejemplifica como prejuicio anticuado ¿cree usted que los negros son más inteligentes, menos o igual que los blancos?. Según el autor, ambos prejuicios pueden coexistir hoy en día en nuestra vida cotidiana. 

Dovidio y Gaertner (1986) advierten que la forma del prejuicio ha cambiado; los autores creen que el prejuicio abierto está en disminución, mientras que surgen en una nueva forma “el prejuicio aversivo”. Los autores, sostienen que muchas personas blancas pueden sugerir cierta tolerancia y sincerarse con los principios básicos de igualdad étnica verbalmente, pero cohabitan con una ansiedad, una tendencia a las imágenes negativas hacia las minorías que fueron y son socializadas a través de la cultura. Para ellos, es insuficiente medir el prejuicio mediante encuestas o entrevistas como soporte. El fenómeno, es en esencia situacional y está vinculado a las expectativas normativas y roles del grupo. 

Para Kleinpennig y Haagendorn (1993) el prejuicio obedece a una lógica acumulativa. Puede comenzar evitando discretamente a la persona estigmatizada (prejuicio aversivo), continua con la convicción de superioridad del propio grupo y la idea de que la minoría en cuestión merece más de lo que tiene (Prejuicio moderno), y finalmente termina con la declaración abierta de la inferioridad genética de la minoría y la demanda de su inmediata repatriación o discriminación (prejuicio anticuado). 

Uno de los errores más comunes a la hora de estudiar el prejuicio y la discriminación radica en confeccionar entrevistas o cuestionarios que resalten exclusivamente la percepción que tiene el sujeto que es discriminado sobre el fenómeno. Esto lleva a que muchas veces, por un tema de defensa, el entrevistado niegue absolutamente haber sido victima de prejuicio o discriminación. En otras ocasiones, el intentar medir el prejuicio con grabaciones u otros métodos intrusivos producen que los entrevistados respondan por lo que es socialmente correcto. Hubo casos de entrevistados que se abstuvieron de manifestar comentarios racistas durante la entrevista, pero una vez terminada y apagada la grabadora se suscitaban una cantidad considerable de manifestaciones prejuiciosas. (Tylor y Bogdan,1992:79-80)

Por otro lado, es común utilizar entrevistas poco profundas en distintas minorías o grupos de inmigrantes en donde queda plasmado que el trato que reciben a diario de la población local es mejor que aquel que recibían en su propio país. Es obvio, quien ha de emigrar está disconforme con algún aspecto de su comunidad original, y que aún siendo discriminado en la nueva sociedad, a la que aspira pertenecer, manifiesta su conformidad con respecto al trato que recibe. Sin embargo, este hecho no significa que no exista prejuicio o discriminación sino por el contrario que está ha sido asimilada por quien es prejuzgado o discriminado. 

EL PREJUICIO EN EL TURISMO
“En países que se precian de una tradición de tolerancia, es raro que no existan, bajo la tranquila superficie, corrientes subterráneas de prejuicios raciales. En Inglaterra el negro tiene tanto derecho como cualquiera a ser admitido en un hotel pero puede encontrar todas las habitaciones alquiladas”. (Bybby C). (en Klineberg y Jahoda, pp133). 

Cuando se observa el turismo como actividad comercial, por deducción simple, asume que no debería haber ningún tipo de prejuicio ya que el hábito a tratar con personas de diversas nacionalidades y costumbres reduce a mínimo el grado de prejuicio hacia ellas. De hecho, su desarrollo y manifestación parece atentar contra las normas mismas del mercado: ya en palabras de Max Weber (1978:173) quien en consonancia con esta idea afirmaba “En sus inicios fue el comercio un fenómeno interétnico; no se presenta entre miembros de la misma tribu o comunidad, sino que es, una manifestación exterior de las comunidades sociales más antiguas, porque sólo se dirige a personas ajenas a la tribu. En esta forma puede surgir como consecuencia de una especialización interétnica de la producción”. Sin embargo, esto no ha de ser tan así. 

En 1934, R. T LaPierre plantea serias dudas cuando, a través de un novedoso método, cuestiona que no necesariamente debe existir una relación lineal entre la conducta y la actitud. El autor, comienza un viaje con una pareja china, parando en 66 hoteles y 184 restaurantes a lo largo de Estados Unidos. Solamente en un caso se le negó abiertamente servicio a la pareja. Seis meses después, el autor extiende un cuestionario a los mismos hoteles y restaurantes, preguntando si atenderían a huéspedes de origen chino. De 128 personas que respondieron un categórico 92 por 100 dijo que no lo haría. Se precisa de esta investigación, que no necesariamente alguien que tiene prejuicios actúa acorde a ellos. (Collier G y otros, 1996: 279). En investigaciones similares, Kutner, Wilkins y Yarrow (1952) encontraron que muchos propietarios de restaurantes que en una etapa previa habían manifestado su idea de no atender a individuos de ciertas minorías, en situaciones reales lo hacían sin ningún tipo de problemas (Hollander E, 2000:157). De esta forma se confirma que “aunque el prejuicio es con frecuencia, la base de la discriminación, los dos elementos pueden existir por separado” (Giddens A, a1999:285). 

El sociólogo canadiense S. L Wax (1948) durante el verano emprendió un experimento por demás interesante. Escribió y envió simultáneamente varias cartas pidiendo reserva hotelera, solicitaba las mismas comodidades, para fechas idénticas y los mismos establecimientos. Una de las solicitudes estaba firmada como el Sr. Greenberg y la otra como el Sr. Lockwood. Mientras al primero sólo el 52% confirmó la reserva, al segundo lo hizo un categórico 95%. (G.W Allport, 1954:19). 

De alguna manera se supone que aquellas personas que trabajan en alguna actividad turística, por su constante contacto con público deben tener un grado de prejuicio bajo en comparación a otros rubros. Sin embargo, esto es puesto en tela de juicio por los investigadores que han analizado el problema. No necesariamente el asiduo trato con otros hace disminuir el grado de prejuicio. Mr Greenberg podría ser un caballero tan honorable como Lockwood pero al primero le negaron la estadía en la misma fecha que al segundo le confirmaban. 

En el Brasil “a principios de la década de los setenta, el congreso brasileño, promulgó una ley prohibiendo la discriminación en los lugares públicos, después que una turista estadounidense negra, Katherine Dunham, se quejase por no haber sido admitida en un hotel de Sao Paulo” (Giddens A,1999a:289). 

El periodista Alan Cowell del diario New York Times publicó el 26 de mayo de 1995 un articulo titulado “German Accuses Tourist Office of Prejudice”. En efecto, un oficial de la oficina turística del gobierno alemán en la ciudad de Nueva York afirmaba haber sido despedido después de hacer pública una instrucción directa de la oficina central en la ciudad de Frankfurt, en donde quedaba claro que se debía desalentar los viajes a Alemania de judíos, negros, hispánicos y asiáticos. El hecho llegó hasta Ulrich Geisendorf, un oficial del ministerio de economía, quien desestimó el documento que probaba la declaración original de este empleado y que según él, no reflejaba las prácticas reales del turismo alemán. Todo esto se agravó cuando salió a la luz que una empleada de la cuestionada oficina, Christa Willibald había presentado una demanda ante la justicia estadounidense por discriminación racial por un monto de un millón de dólares. En ese mismo mes, otra empleada, Elke Berg fue despedida tras traducir en inglés un articulo de su marido denominado “el holocausto, una historia absurda”. El periodista concluía que entre denuncias por discriminación y acoso sexual la oficina afrontaba demandas por al rededor de quince millones de dólares. 

Cuando uno menciona la paradisíaca isla de Cuba, inmediatamente vienen a la mente un conjunto imágenes de playas, arena, mar y descanso. Desde la caída de la Unión Soviética en 1991,y con la ayuda de España, el turismo ha sido una de las mayores fuentes de riqueza de la Havana y toda la isla. El régimen castrista decretó el fin de la segregación racial en el año 1959. Sin embargo, el 18 de mayo de 2001 el periódico estadounidense “Chicago Tribune” hizo pública una nota en donde quedaba expreso que las posiciones de jerarquía dentro de las grandes hoteles o resorts estaban ocupados por individuos de raza blanca. Los mulatos o negros eran, en su mayoría ubicados en puestos que no tuvieran contacto con el turista. Pedro Rodriguez, un investigador asociado al “Center for Anthropological Studies” afirmaba “los blancos predominan en sectores de servicios turísticos. Hemos entrevistado muchos negros, y más y más nos dijeron que es más fácil para ellos conseguir un puesto en el interior del establecimiento, como cocinero o lavador, que conseguir uno donde este en contacto con turistas”. Esta posición privilegiada de los blancos permite acceder a propinas en dólares por parte de turistas americanos y por tanto se aumenta la brecha entre ellos y aquellos que cobran en pesos. Si bien el turismo ha creado un sinnúmero de puesto de trabajo las diferencias económicas son notables entre blancos y no blancos. Thomas Brown, es un músico afro-americano local afirmaba en calidad de entrevistado “One has to notice when ONE goes into de hotels that out all the people working in the front and in management, may be one, may be two, may be none will be black … everywhere else in Cuba a black person can rise to assistant manager OR manager of a enterprise … but in tourism no. The people who area running the tourism business is white, and they prefer to have their own people working there”.5 El informe apuntaba a que en la mayoría de los casos, los alegatos de discriminación eran sobre hoteles propiedad de compañías extranjeras como la cadena Sol Meliá. Esto fue avalado por el profesor de la Fuente, de la Universidad de Pittsburgh quien además afirmaba que según una investigación propia se podía afirmar que los administradores de hoteles le confesaron que preferían contratar blancos o mulatos de piel clara por la “buena apariencia” que deben mostrar hacia los turistas de Canadá y Europa. (Jim Hunter, BBC News) (Ron Howell, Chicago Tribune) (De la Fuente, 1998: 6).

Existen otros contextos, en los cuales los clientes o los turistas parecen ser quienes acusan haber sido victimas de algún tipo de prejuicio, sin embargo estos casos en muy pocas ocasiones salen a la luz o si lo hacen no encuentran la suficiente evidencia que permita una sentencia acorde. Por ejemplo, recién en el año 1999, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos aplicó por primera vez en su historia el Acta de Derechos Humanos de 1964 en contra de la cadena hotelera Adam´s Mark, tras encontrar evidencia de discriminación racial por parte de los empleados hacia dos huéspedes de raza negra, según éstos el servicio que habían recibido fue inferior por parte del establecimiento (OAH, 2001).

En esta misma línea no se puede dejar de citar el caso de los “Travellers”, una minoría étnica de Irlanda caracterizada por una forma de vida nómada. Según un reporte del National Consultative Comitee On Racism and Interculturalism, entre octubre de 2001 a abril de 2002, se registraron 22 casos en los cuales un huésped de origen “Traveller” fue rechazado por algún establecimiento hotelero con la excusa de no tener ninguna reserva al momento del chequeo o bajo el pretexto de señalar al cliente haber cancelado la reservación en forma previa (NCCRI, 2002).

San Petesburgo es una apacible comunidad de la costa oeste de la Florida, en Estados Unidos. Para la ley en la actualidad “los negros” o “afro americanos” gozan de los mismos derechos que “los blancos“, sin embargo no reciben los mismos beneficios. Desde una perspectiva etnohistoria, en su tesis doctoral, Evelyn Newman Phillips (1994) presentó evidencia que demuestra que los negros son discriminados a residir en zonas especiales a fin de no afectar la imagen de la ciudad hacia el turismo. Asimismo, los puestos laborales que desempeñan son de baja categoría en comparación con “los blancos“. A través de diferentes mecanismos sociales como la policía, la educación “la comunidad blanca” ha impedido por todos los medios que los turistas tengan contacto con los negros que residen en la región, por el otro a generado un sentimiento de inferioridad en la misma “comunidad negra” que la lleva hacia la auto segregación; en este contexto no sólo el turismo ha fallado en su misión a mejorar la relación entre blancos y negros sino que por el contrario ha persistido como mecanismo de separación racial. Según palabras del propio autor “Racism and tourism have been persistent factors in St. Petersburg. Although, as social conditions changed, the city also altered its strategies to extract profits from tourists and to restrict african american contact with them”. (Newman Phillips ,1994: cap 8).6

En resumen podemos afirmar por los casos presentados que el turismo es una actividad donde se dan dinámicas de prejuicio como en cualquier otro rubro o industria. Sin embargo, la dinámica en que se manifiestan dependerá en gran parte del estatus o el rol social entre los actores. En casos en que el prejuicio se de entre profesionales del sector y turistas, éste será encubierto y no frontal; por el contrario la evidencia presentada da que pensar que cuando la relación se da entre los mismos profesionales puertas a dentro de cada establecimiento las prácticas discriminatorias y el prejuicio puede manifestarse en forma frontal y abierta. No obstante, en ambos casos la negación es una figura presente sin lugar a dudas.

UN EXPERIMENTO PARTICULAR
Las islas Malvinas han estado en pugna entre los gobiernos de Argentina y Gran Bretaña desde 1833 (con un conflicto bélico a cuestas). Sus habitantes comúnmente llamados “kelpers” son en su mayoría de origen escocés e inglés. 

A fin de confirmar si existía algún tipo de prejuicio o “diferencia en el trato” hacia los turistas argentinos se llevó a cabo un experimento similar al que Wax realizara en Canadá. Se tomaron como objetivo dos empresas de viaje con domicilio en las islas; ellas eran Falkland Island Holiday e International Tours and Travel. A estas agencias se enviaron cuatro formularios pidiendo asesoramiento sobre un “supuesto” viaje de cuatro clientes interesados. Tres de ellos de nacionalidad argentina: Roberto Lencinas, Fernando Sicarone y Maximiliano Korstanje; el último un británico con residencia en Alemania, Patrick Loockwood. Los pedidos se realizaron el mismo día 17 de mayo de 2006, y los resultados fueron muy interesantes. Por un lado, la empresa “Falkland Island Holiday respondió a los cuatro interesados en forma personal y les recomendó visitar la pagina oficial de la empresa en lo que respecta a alojamiento y costos de servicio; la respuesta de esta empresa no fue automática se recibió al otro día de enviada la petición, 18 de mayo. 

Lo curioso fue el trato que se dio a los cuatro interesados por parte de “International Tours and Travel”. Tanto Sicarone, Lencinas como Korstanje recibieron una respuesta inmediata a su pedido pero no de forma personalizada. Un email de tipo standars les mencionaba las principales excursiones, periodos de visita y costos de alojamiento. Se agradeció los pedidos pero quien envió esos emails no respondió nunca. En el caso de Loockwood, la respuesta de esta empresa y particularmente de Sally (la agente de viajes) fue diferente. Si bien Loockwood recibió el mismo email Standard que los argentinos en su encabezado había unas cinco líneas decían “hola Patrick. Muchas gracias por tu pedido - para nosotros poder darte una cotización más cercana a tus necesidades, sería útil si nos dices cuando estas pensando viajar a las Falklands, y entonces cuantos de ustedes llegarán y las edades de tus niños. Mientras tanto te voy informando como sigue la siguiente información general.” Patrick respondió este email y la conversación epistolar entre ambos continuó hasta que Patrick mencionó a Sally que se iba a estar contactando con ella en breve. 

Este pequeño experimento, mostró que si bien no se les negó servicio a los cuatro interesados en una de las empresas en cuestión el trato fue evidentemente diferente para con los argentinos en comparación para con el británico. Mientras los tres primeros recibieron sólo un mensaje con información general, al cuarto se le intentó ofrecer un opción acorde a las necesidades de su viaje aún cuando este no tenía claras las fechas del mismo.

CONCLUSION
El prejuicio en la actualidad es un tema que implica una sanción moral muy fuerte. Quienes son víctimas de prejuicio o discriminación le dan al fenómeno un carácter oculto y negado. Por ese motivo, se debe dejar a un lado las herramientas clásicas para medir el prejuicio e implementar un conjunto de nuevas técnicas que no sólo contextualicen el entorno social sobre el cual se está conduciendo la investigación sino que también establezcan una causalidad con el menor sesgo posible. Por otro lado, cabe advertir que el prejuicio clásico continua coexistiendo con el moderno. 

Aun cuando es un oculto, aversivo y a veces sutil, en el turismo como en cualquier otro ámbito el prejuicio se encuentra presente. Los casos relevados nos llevan a la conclusión que en primer lugar existe una disociación entre el prejuicio estereotipado y la conducta. Individuos que frente a un cuestionario abierto o en una entrevista informal afirman no darle servicio a una minoría, en la vida cotidiana lo hacen sin ningún tipo de problemas. 

El segundo aspecto, es que los procesos históricos de la sociedad en la cuales están imbuidos los actores juegan un papel fundamental en la dinámica que se da el problema. En definitiva como afirmaba Emanuel De Kadt “La conclusión, aunque difícilmente sencilla, es ciertamente clara a grandes rasgos. El que el encuentro con los turistas y especialmente la relación de servicio, se experimente como rebajante y como expresión de servilismo y, por tanto, el que provoque hostilidad, depende, al menos en parte, del contexto socio-histórico”. (pp109). De esta manera, cabe advertir que el análisis histórico debe convertirse en una herramienta fiable para poder describir y explicar los procesos sociales por los cuales se originan y afianzan los prejuicios en esta actividad. 

Por último, el prejuicio toma dos formas de manifestación diferentes con respecto al rol de los involucrados. En casos en los que exista igualdad de rol o estatus social el prejuicio podrá tomar una forma abierta y descarada. Por el contrario, cuando quien prejuzga está en un status inferior a quien es prejuzgado el prejuicio adquiere una naturaleza encubierta. 

Sin embargo, esta investigación debe concluir con una cuestión ¿Existe algún tipo de prejuicio en los profesionales del sector turístico de la ciudad de Buenos Aires?, ¿se cumplirán las premisas de Margulis y Urresti en el turismo?. 

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AUTOR:
Lic. Maximiliano Korstanje


1   Allport define y separa los conceptos de prejuicio, estereotipo, discriminación y racismo. El que nos atañe particularmente es el de prejuicio. 

2   El prejuicio positivo sigue la misma dinámica que le prejuicio negativo. Un ejemplo de prejuicio positivo nos remite al turismo si consideráramos que todas las mujeres brasileras son amorosas y efusivas. Parte de un estereotipo fijado que lleva a percibir parcialmente la realidad en forma generalizada. Como su nombre lo indica el prejuicio positivo no es hostil.   

3   Entiéndase afecto no como sentimiento sino como capacidad de afectar.

4   Theodor Adorno escapa al nazismo alemán en 1933, y se radica en Gran Bretaña. Su nombre real Theodor Wiesengrund, había sido cambiado adoptando el apellido de su madre (Adorno). En 1938 emigra definitivamente a los Estados Unidos donde junto a Max Horkheimer desarrollan la redacción de Dialéctica del Iluminismo. Luego, ambos regresaron a Alemania (Fankfurt) en 1949 donde enseñaron hasta 1951. Tan Adorno como Horkheimer, eran sobrevivientes de lo que fue el régimen nazi, y esa influencia los acompañó en todos sus escritos. 

5   De traducción propia “uno debe darse cuenta cuando entra a un hotel que toda la gente que trabaja en los mostradores o en puestos gerenciales, quizás uno, quizás dos, no deben ser negros en cualquier otro sitio dentro de Cuba una persona negra puede aspirar a puesto de dirección pero no en el turismo. La gente que maneja los asuntos del sector son blancos y prefieren a su propia gente trabajando con ellos.

6   De traducción propia “El racismo y el turismo han sido factores constantes en St. Petesburgo. Aún cuando la situación social cambió, la ciudad modificó sus estrategias para extraer beneficios de los turistas, y para restringir a los afro americanos el contacto con ellos”.

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