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Violencia contra la mujer en el Perú

Resumen: Suele entenderse por “crisis” un momento decisivo en la vida de un organismo, de consecuencias inesperadas, que puede volverse a favor o en contra de él. Se trata de una situación nueva, relativamente pasajera, no experimentada anteriormente por el organismo, por la persona; de dificultad y de riesgo, pero a la vez de tránsito hacia un estado posterior muchas veces imprevisible.
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Autor: Hector Alejandro Lamas Rojas

1. Contexto social
Suele entenderse por “crisis” un momento decisivo en la vida de un organismo, de consecuencias inesperadas, que puede volverse a favor o en contra de él. Se trata de una situación nueva, relativamente pasajera, no experimentada anteriormente por el organismo, por la persona; de dificultad y de riesgo, pero a la vez de tránsito hacia un estado posterior muchas veces imprevisible. Su carácter súbito y acelerado pone en peligro el comportamiento habitual de los individuos. La crisis resuelve una situación problemática y, al mismo tiempo, designa el ingreso y el vivir en una situación crucial que desorganiza la conducta. Puesto que es propio de la vida humana buscar salida a los conflictos que la perturban, tan pronto el individuo entra en crisis es usual que busque alguna solución para salir de ella.

La crisis a la que nos referimos está relacionada con la crisis de la sociedad, tipificada por su sentido de decadencia de los valores formales tradicionales, la quiebra de ideologías y creencias firmes, que hasta hace poco dominaron la razón; el cuestionamiento de las entidades representativas de la democracia formal, el predominio de sentimientos represivos y destructivos de la vida de relación, la frecuente vulneración del fuero personal y la precariedad económica que atenta contra las condiciones materiales de vida y extiende el nivel de pobreza crítica, y otros quizás de menor relevancia, configuran lo que ( se denomina) crisis de la sociedad (Alarcón, 1998).

En un contexto así configurado, hay motivos para suponer que la solidaridad, conceptuada como la apertura positiva hacia el prójimo, está en serio riesgo por el predominio de percepciones negativas de la gente. Estas pueden traer como consecuencia la fragmentación de la comunidad social, la cual se construye por la congregación de personas que viven unidas bajo ciertas reglas formales, conectadas por vínculos afectivos solidarios. Pero si cuestionan las reglas, pues se considera que no son respetadas, porque se hacen en beneficio de un pequeño grupo y el nexo afectivo se destruye por la desconfianza, no es difícil presumir que el grupo social se fraccione. Esto puede conducir a una vida sin compromisos por el bien común y a la ausencia de comportamientos socialmente responsables. 

La pérdida de confianza en los demás y en los servicios de control social, se refleja nítidamente en la vida cotidiana. La gente busca protegerse de la gente y recurre a la seguridad personal. Cotler (1986, citado por Alarcón, 1998) sostiene que el deterioro de la vida y la falta de una disposición del sistema político para construir instituciones capaces de establecer formas consensuales de distribución de los recursos y oportunidades, ha producido una exacerbación de las percepciones y actuaciones sociales de enemistad, enfrentamiento y hostilización.

El incierto futuro del país, no es condición suficiente que pueda quebrantar las aspiraciones de realización personal, sobre todos de aquellos que no han perdido la confianza en sí mismos. Al fin, tener aspiraciones y fantasías sobre el futuro es absolutamente normal, como lo es también buscar el bienestar personal.

2. Sobre la violencia
La violencia es una dimensión social y es propia de la especie humana. Se la define como una acción u omisión que proviene de un grupo de personas en contra de otras personas o un grupo de personas con el ex profeso propósito de afectar sus formas de actuar y pesar para ejercer sobre ellas dominio y control.

La acción u omisión orientada a afectar y/o someter la voluntad de los individuos puede revestir recursos lícitos o ilícitos, racionales o irracionales, morales o inmorales, pero en ningún caso, la acción violentista deja de menoscabar la capacidad psicológica de los individuos.

Los comportamientos de violencia que se ejercitan no sólo agravian al destinatario de la acción dañosa sino a todos el conjunto de la sociedad y a sus valores consensualmente aceptados.

Las estructuras sociales que contienen formas violentas repercuten en todas las relaciones humanas. El hacinamiento, la carga física y psíquica originada en las formas deficientes de trabajo, el transporte inadecuado, son todas circunstancias que potencian las agresiones en el seno de la familia y se desencadenan a través de un cierto número de catalizadores como, por ejemplo, el alcohol.

También se ha sostenido que la cosificación de las relaciones, con desiguales condiciones de distribución de la riqueza, obliga a la familia a una función compensadora, es decir, a la reparación del stress cotidiano. Pero cuando lo esperado en este ámbito de cercanía e intimidad se frustra, se originan nuevas tensiones que incrementan las originadas en el medio externo, descargándose en el hogar, el cual es vivido como un lugar legítimo para la explosión tensional.

La violencia es aprendida y desarrollada dentro de un contexto social alcanzando determinadas características:
· Es intencional
· Se practica por acción o por omisión
· Tiene destinatario definido
· Busca o se propone alcanzar un propósito objetivo inmediato o mediato
· Se conoce a priori el efecto que puede producir y por esa razón se manipula su gradación
· Puede ser legitimada según la conveniencia social

3. La violencia contra la mujer 
Es posible definir la violencia contra las mujeres en la pareja como toda forma de coacción, o imposición ilegitima por la que se intenta mantener la jerarquía impuesta por la cultura sexista, forzando a que la mujer haga lo que no quiere, no haga lo que quiere, o se convenza que lo que fija el varón es lo que se debe hacer. Supone sentirse con derecho a un poder sobre la mujer -abuso de poder-, que autoriza a violar, invadir o transgredir sus límites, con el objetivo de vencer sus resistencias y tener control, dominio y posesión sobre ella para conservar el poder en la relación y encarrilarla según propios intereses y deseos.

Supone multiplicidad de actos, de técnicas y procedimientos de ataques u omisiones materiales o simbólicos, realizados a través del uso injusto de diferentes fuerzas -física, psicológica, moral, económica-, que buscan quitar poder, subordinar y anular a la mujer como persona. Es un medio para salirse con la suya –mantener la posición de autoridad que el sexismo permite al varón y lograr obediencia-, un atentado a la integridad personal (moral, corporal, mental, a la dignidad, privacidad, libertad) que busca anular las disidencias y las diferencias, un menoscabo a los derechos humanos y que provoca daño y perjudica diversos aspectos de la vida de las mujeres, siendo a veces un riesgo letal.

Breves datos de violencia contra la mujer
1. Una de cada tres mujeres en todo el mundo sufrirá violencia en su vida
2. En la mayoría de los casos, el abusador será un miembro de la propia familia de la mujer o un conocido.
3. Mundialmente entre el 40 y el 70% de los homicidios de mujeres son perpetrados por compañeros íntimos.
4. Entre el 4 y el 20% de las mujeres en los países en vías de desarrollo sufren violencia durante el embarazo.
5. Entre las causas de mala salud, la violencia contra la mujer es superior al total de los accidentes de tránsito y la malaria juntos.
6. La violencia contra la mujer es una de las causas de muerte e incapacidad entre las mujeres en edad reproductiva al igual que el cáncer.

Causas y circunstancias de la violencia contra la mujer
Si bien no existe una única causa de abuso, algunas combinaciones de factores personales, situacionales, socioculturales y jurídicos pueden incrementar las probabilidades de que un compañero abuse de una mujer 

• En el plano individual, el compañero puede haber sido abusado durante la niñez, haber sido testigo de violencia doméstica, no haber tenido padre, haber sido rechazado
por su padre, o haber consumido alcohol con frecuencia.
• En el plano familiar, el compañero puede tener el control de los recursos y tomar las decisiones dentro de la familia.
• En el plano comunitario, la mujer puede estar aislada por falta de movilidad y apoyo social.
• En el plano social, por lo general la masculinidad está definida por la dominación del varón y a la vez está reflejada por patrones de relaciones de honor y poder. Los castigos y la ‘corrección’ de mujeres y niños ‘descarriados’ a menudo están culturalmente aceptados.
• En el plano estatal, no se aplican las leyes de violencia contra la mujer. El Estado puede no sancionar la violencia, con lo cual, los perpetradores pueden cometer actos de violencia impunemente.

Forjada en un contexto social que la permite, es ejercida como una estrategia en forma de proceso de abuso y avasallamiento paulatino, de menos a más donde pueden combinarse formas leves, moderadas o graves de ejecución (maltrato, degradación y tortura), con el resultado de la creación, cuando es sistemática, de una víctima que al final ya no puede defenderse. La discriminación, ignorancia, desposesión, quebrantamiento, anulación y congelamiento de la identidad de las mujeres son los resultados comunes de esta estrategia, que puede terminar en su destrucción cuando el varón perdió la posibilidad de someterla.

Se incluyen en esta definición ampliada tanto las estrategias de refuerzo de autoridad (violencia física –que como amenaza es un horizonte posible de toda violencia-, sexual, económica, verbal, emocional, cognitiva y perceptual, psicológica –acoso, acecho e intimidación-, control de movimientos, demanda exigente de servicios, uso de niños), las de aprovechamiento (violencias por omisión y utilitarias) como las de búsqueda de nueva legitimidad (ensayos de invasión a los nuevos límites femeninos).Pueden pensarse todas ellas como estrategias directas (dominación agresiva o controladora que intenta desconfirmar y anular) o como usufructo de ventajas de género (dominación "civilizada" por omisión, despreocupada y explotadora). No todas son iguales en sus efectos (algunas –la física- pueden costar la vida-), pero todas dejan huellas. Muchas de estas huellas son percibidas como "problemas psicofísicos" en las mujeres, aunque sin detectar su origen, pero quienes trabajan en violencia y salud están descubriendo su conexión causal con el sometimiento a situaciones de diversas formas de domino crónico.

La violencia contra la mujer es cualquier acción o conducta, basada en el género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado. Se trata de un problema que afecta los derechos humanos de las mujeres y un importante problema de salud pública en todo el mundo, según está reconocido en diversos foros internacionales y en la Ley General de Salud vigente.

La violencia de género, y en especial la producida en el ámbito familiar, ha recibido un tratamiento prioritario por parte del Estado peruano en los últimos años; sin embargo, aún persisten ciertas situaciones que ameritan que se tomen medidas concretas en esta materia.

Son cinco los principales motivos de preocupación en torno a esta temática:
a) Inexistencia de un sistema intersectorial de registro de casos de violencia familiar y sexual que favorezca el diseño e implementación de estrategias eficaces de prevención y erradicación de la violencia.
b) La falta de campañas educativas lideradas por el Estado para la población en general, así como una campaña de sensibilización a los operadores de los distintos servicios de atención en violencia familiar.
c) Insuficiente número de servicios existentes para la atención de la violencia familiar, de manera especial en zonas rurales.
d) Debilidad en las sanciones a los agresores y
e) Ausencia de regulación de la violencia psicológica

4. Situación actual 
Las comisarías de Lima Metropolitana y la Región Callao, para el periodo 2000 reportaron un total de 28,265 denuncias por agresiones físicas y psicológicas, en tanto que el año 2001 la cifra se incrementó a 32,861

La violencia familiar afecta a seis de cada diez mujeres en nuestro país. El 41% de las mujeres alguna vez ha sido empujada, golpeada o agredida físicamente por su esposo o compañero.

Del tipo de violencia sufrida, el 31% reporta haber atravesado por violencia psicológica, mientras que el 69% por violencia física a nivel nacional.

El MIMDES a través de sus Centros de Emergencia Mujer (CEM) del Programa Nacional contra la Violencia Familiar y Sexual, ubicados en diversas zonas del país, reportaron un total de 29,759 casos atendidos13 de personas afectadas por una situación de violencia física, psicológica o sexual, mientras que un estudio realizado por el CMP FloraTristán y la Universidad Cayetano Heredia, revela que más de la mitad de las mujeres en Cusco (52.5%) y 1 de cada 3 mujeres en Lima han sido violentadas por su pareja en forma física o sexual incluso durante el embarazo (la violencia física durante el embarazo en Lima es del 14.8% y del 27.6% en Cusco).

Los datos oficiales con los que se cuenta no diferencian las estadísticas según zonas urbano/rural.
La ENDES, que proporciona las cifras más actuales y de mayor proyección a nivel nacional, no es una encuesta especializada en el recojo de datos sobre violencia familiar, por lo que sus datos no son especializados en la materia.

La carencia de cifras oficiales acerca de la prevalencia de la violencia en el país dificulta el diseño efectivo de políticas para su erradicación y prevención. Los datos proporcionados por investigaciones de organizaciones no llegan a suplir la necesidad de contar con un sistema nacional intersectorial de registro acerca de esta problemática.

La familia es la institución de mayor influencia en la socialización del ser humano, siendo la primera escuela de aprendizaje emocional y cognoscitiva a la que se enfrenta el\la niño\a; es en el núcleo familiar dónde se recibe el primer modelaje de conducta.(Nevarez, 1996). Por ser el agente de socialización primario, la familia tiene la responsabilidad de proveer a los\as hijos\as el desarrollo de actitudes apropiadas y comportamientos considerados importantes por la sociedad (Steinmetz, 1977). La familia se debate entre ser red de sostén económico y emocional, entre otros, y el ser instrumento de violencia entre sus miembros (Silva y otras, 1990). Lamentablemente, es la familia el contexto donde se encuentran los más altos niveles de interacciones violentas (Strauss, 1980; Steinmetz, 1977).

La violencia, tal como la expresamos, se desarrolla en diferentes ámbitos: social, político, económico, familiar, etc. Asímismo adquiere formas específicas de aparición, en función de los contextos en que se manifiesta, contextos que, además, están determinados histórica y socialmente.

La violencia familiar – en especial el abuso psicológico- continúa siendo uno de los mayores problemas para las mujeres en el Perú. Según ENDES 2000, el 41% de las mujeres alguna vez unidad ha sido maltratada por su esposo o compañero, la mayoría de ellas (83%) a veces y 16% frecuentemente. 

Luego que en 1993, se aprobó la Ley 26260 Contra la Violencia Familiar, estableciendo una política estatal contra la violencia doméstica el Ministerio de Promoción de la Mujer ( hoy MIMDES) creó el Programa Nacional contra la Violencia Familiar y Sexual. Durante el 2001 el nuevo Programa de Apoyo a las Casas de Refugio identificó y firmó convenios para apoyar a las creadas por iniciativa de la sociedad civil o de los gobiernos locales. El Programa creó cinco nuevas casas. En Diciembre, el Congreso aprobó la Ley 27637 que declara de urgente necesidad pública el establecimiento en el territorio nacional de hogares temporales de refugio para niñas y niños víctimas de violencia. 

Al igual que la violencia doméstica, el abuso de menores es uno de los mayores problemas – y al parecer el menos revisado – en el Perú; la ENDES 2000 señala que más de 40% de niños peruanos son golpeados físicamente por sus padres por que lo consideran un “método natural de disciplina y educación”. En Cajamarca 73% de los padres reconocen corregir a sus niños con golpe

Según la ENDES 2000, los resultados evidencian que un alto porcentaje de mujeres conviven desde pequeñas en un ambiente de agresión, donde la imagen de la madre golpeada marca a su vez, la aceptación de ser víctima ella misma de violencia por parte de su pareja y así mismo, la repetición de agresión sobre los hijos, como parte de un círculo de violencia al interior de la familia. 

La más reciente innovación de la Ley de Protección Frente a la Violencia Familiar es la Ley 27306, que fuera promulgada el 14.07.2000. En ella destaca la incorporación de la violencia sexual en el concepto de violencia familiar. La incorporación de nuevos sujetos como víctimas de violencia familiar: ex cónyuges o ex convivientes y quienes hayan procreado hijos en común, aún cuando no convivan al momento de producirse el acto violento. Amplía la gratuidad de servicios médicos y psicológicos a las pruebas complementarias, cuando la situación económica de la víctima así lo requiera. Incluye la posibilidad que cualquier persona que conozca los hechos pueda formular la denuncia ante la Policía Nacional la que, a su vez, tiene un plazo máximo de 15 días para poner el atestado en conocimiento de la Fiscalía Provincial de Familia. Amplía la potestad del fiscal de libre acceso a lugares públicos o privados donde exista peligro de perpetración de violencia o donde ésta haya ocurrido. Además, otorga facultades al Fiscal para dictar medidas de protección inmediata que la situación exija, aunque la víctima no las solicite.

El Ministerio de Salud brinda un conjunto de servicios para la atención integrada de la violencia familiar desde distintos programas y oficinas del Ministerio: Programas de Mujer Salud y Desarrollo, de Salud Mental, de Salud Reproductiva y de Planificación Familiar y Oficina General de Epidemiología. El Programa Mujer Salud y Desarrollo (PMSD) coordina la Mesa Intrainstitucional para la atención de la violencia familiar y capacita recursos humanos del sector. Se han realizado talleres para sensibilizar acerca de la necesidad de trabajar con enfoque de género y de abordar el tema de violencia familiar de manera multidisciplinaria. El PMSD ha conformado la Mesa Intrainstitucional de Género y Violencia y 33 Mesas Intrainstitucionales en el país.

A su vez, el Programa Nacional de Salud Mental presta servicios de consejería, de grupos de ayuda mutua para víctimas y victimarios y psicoterapia, trabajando en el país con 34 Direcciones de Salud: en la capacitación del personal de salud y el tratamiento del primer nivel de atención en violencia intrafamiliar: 16 Módulos de Intervención Psico Afectiva (MIPA), con especial dedicación a las zonas que sufrieron a causa del terrorismo y 22 Módulos de Atención al Maltrato Infantil MAMIs.

Del mismo modo, los Grupos de Ayuda Mutua (GAM) de este sector favorecen espacios de comunicación y desarrollo de vínculos entre sus miembros a fin de fortalecer la autoestima, la capacidad de toma de decisiones y la autonomía de las personas afectadas por la violencia familiar ( Perú y la herencia de una crisis política y moral. Informe Anual, CEDAL, 2001) 

La violencia familiar , debe preocuparnos e inquietarnos, por muchas razones, entre otras: por la importancia que tiene la familia en los formación de los sujetos, una disminución de los niveles de violencia en la misma puede tener efectos positivos en la sociedad; en segundo lugar, es relevante lograr una dinámica familiar exenta de hostilidad, pues el derecho de los ciudadanos a la integridad corporal – física y psíquica- que se defiende en todos los foros internacionales y se inserta en las fundamentales expresiones legales, debe, respetarse en el contexto familiar.

Con el fin de presentar información respecto a la magnitud de la violencia sexual y física contra las mujeres en nuestro país, en el 2002, la Organización Mundial de la Salud (OMS), en colaboración con la Universidad Peruana Cayetano Heredia y el Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, presentaron los resultados del “Estudio multicéntrico sobre la violencia de pareja y la salud de las mujeres en el Perú” Este trabajo , que se realizó durante todo el año 2002, reclutó una muestra representativa de 3 251 mujeres ( 1 414 de Lima Metropolitana y 1 837 del Cuzco) de entre 15 y 49 años

Los resultados más sorprendentes fueron que una de cada tres mujeres manifiestan no haber contado a nadie acerca de la situación de violencia familiar. De ahí se interpreta que el alto número de denuncias solo ofrece una visión parcial del problema, porque en ningún caso ofrece una visión panorámica de la magnitud social del problema.

Además, el 48% de mujeres de Lima y el 61% del Cuzco reportan haber sufrido violencia física por parte de su pareja y, consecuentemente, contrajeron lesiones (heridas, dislocaciones, fracturas, rotura de tímpano, quemaduras, entre otras). Además, el 23% de mujeres de Lima y el 47% de Cuzco indican haber sido víctima de violencia sexual por parte de su pareja. ( El Comercio, 24.11.02).

Según el Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social (MIMDES), de enero a setiembre del 2002, se han reportado en todo el país 22 103 nuevos casos de mujeres maltratadas – física, psicológica o sexualmente- en los Centros de Emergencia Mujer, en comparación a los 17 369 casos reportados durante la última encuesta del 2 000.

5. Otras manifestaciones de violencia contra la mujer
Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán: Investigaciones (2004- 2006)
Diagnóstico sobre trata de mujeres, niños y niñas en ocho ciudades del Perú

El estudio que se ha realizado es un primer acercamiento a la realidad nacional. Los datos recogidos nos revelan las deficiencias que, como sociedad y estado, presentamos frente a este problema. Uno de los principales obstáculos en ambos niveles es la falta de información adecuada que dificulta la identificación y un adecuado manejo legal, social y político de esta clase de problemas.

La trata de personas es un problema social y debe ser abordado, desde un enfoque de derechos humanos, como un atentado contra la vida, la seguridad y la integridad de las personas. La falta de atención a este problema deviene en su permanencia y extensión en nuestra sociedad.

Estudio sobre seguridad en mujeres del distrito de San Juan de Lurigancho 
La delincuencia es una de las preocupaciones de las mujeres que habitan San Juan de Lurigancho, cruzando todos los segmentos investigados. Sin embargo, están más presentes (por lo menos a nivel espontáneo) entre las mujeres que habitan la zona 3 del distrito.

Cuando el análisis se centra en los problemas de la zona aparecen claramente los problemas relacionados con la delincuencia, situación que confirma lo encontrado en las dinámicas de grupo.

Fundamentalmente la delincuencia se asocia espontáneamente con robos y asaltos. En menor medida con delitos sexuales o con violencia familiar. Esta debería ser tal vez la primera área de trabajo: lograr que las mujeres consideren que los planes de seguridad ciudadana deben tocar estos aspectos.

Estudios sobre seguridad en mujeres del distrito de Villa El Salvador 
La delincuencia es una de las preocupaciones de las mujeres que habitan Villa El Salvador, aunque aparece algo desplazada por las preocupaciones que tienen que ver más con la subsistencia diaria y, por tanto, con la situación económica.

Cuando el análisis se centra en los problemas de la zona, aparecen claramente los problemas relacionados con la delincuencia. Fundamentalmente la delincuencia se asocia con robos y asaltos. En menor medida con delitos sexuales o con violencia familiar.

Estudio sobre seguridad ciudadana. Percepción desde las mujeres de los distritos de San Junan de Lurigancho y Villa El Salvador 

Se constata que la sensación de inseguridad está relacionado con el crecimiento de la delincuencia, pero también con la forma cómo la sociedad se está insensibilizando frente a estos hechos, partiendo de las propias autoridades. La pobreza, la carestía son otros elementos que inciden en la inseguridad de las consultadas. Otro elemento que origina la inseguridad tiene que ver con problemas al interior del grupo familiar.

La violación resulta ser para las consultadas uno de los temores más grandes. En cualquier situación de robo, asalto o secuestro existe, a decir de las participantes, una probabilidad de violación.

Las consultadas viven en un clima de inseguridad. Sus condiciones familiares suelen ser precarias, así como la situación de su vivienda (invasiones), el contar o no con un trabajo e incluso las posibilidades de satisfacer o no las necesidades mínimas de sus familias.

En ese contexto el concepto de inseguridad es amplio y cuesta limitarlo solamente al ámbito de la seguridad ciudadana. En la medida que la inseguridad es la norma, se corre el riesgo que las personas busquen adaptarse a la delincuencia (sobrevivir en medio de ella) antes que combatirla.

La inseguridad puede estar definida como el estar expuesto a cualquier tipo de peligro que atente contra la integridad física o moral de la persona. La inseguridad no está únicamente referida a los espacios públicos. Ello en la medida que también al interior de los hogares se corre riesgos.

6. Resiliencia
En el campo de la violencia doméstica, nos refieren Jaramillo-Vélez1, D et al (2005), los estudios sobre resiliencia han encontrado factores que ayudan en la protección y recuperación del maltrato tales como: habilidad para aceptarse y pensar bien de sí, capacidad para hacer atribuciones externas de la culpa, tener locus de control interno, una filosofía positiva de vida y contar con recursos espirituales (Valentine, 1993). Estos últimos cumplen una función muy importante en la recuperación del maltrato ya que contribuyen a la disminución del distrés psicológico (Humphreys, 2000, Wagnild 1990). Sin embargo, y a pesar de las recomendaciones de terapistas de familia y de salud mental, la inclusión de la espiritualidad en el tratamiento de la violencia doméstica tiene poco desarrollo en el mundo (Senter, 2002).

La investigación realizada por Jaramillo-Vélez1, D et al (2005) Resiliencia, Espiritualidad, Aflicción y Tácticas de Resolución de Conflictos en Mujeres Maltratadas, nos reporta algunas conclusiones: 

1. La predominancia del uso de la violencia psicológica por parte del compañero de las mujeres de este estudio, concuerda con resultados de estudios previos, en los que se afirma, además, que este tipo de violencia es la menos denunciada, la más difícil de detectar y la más difícil de afrontar; causando graves problemas emocionales y de salud a las mujeres 
2. Los resultados con respecto al distrés y la violencia corroboran la difícil situación que experimentan las mujeres maltratadas. De ahí que pueda hacerse un llamado a considerar ambos factores cuando se realizan intervenciones con mujeres maltratadas.
3. En este estudio al igual que en otros que miden la violencia doméstica, no se observa asociación estadísticamente significativa de esta violencia con factores sociodemográficos. Sin embargo, llama la atención el hecho de que las mujeres que no trabajan, tienen bajo nivel de escolaridad y bajos ingresos aparecen como las más vulnerables al presentar altos niveles de violencia, de distrés y baja resiliencia. Por el contrario, aquellas mujeres de estrato 3 y 4 con mayores niveles educativos, tienen altos niveles de resiliencia y bajos de violencia y distrés. Son importantes los hallazgos con respecto a la resiliencia y la espiritualidad y la relación de la primera con la reducción del distrés. 
4. Los datos muestran que la resiliencia parece contribuir de manera importante a la reducción de la profundidad del distrés y al número de síntomas reportados. Los altos niveles de resiliencia y espiritualidad hallados sugieren la posibilidad de implementar intervenciones en las que se exploren los recursos personales y sociales que coadyuvan a la superación de la experiencia adversa. En este sentido, futuros estudios que indaguen sobre la manera de promover la resiliencia y la espiritualidad, considerados como factores que contribuyen al autocuidado y la adaptación exitosa, pueden aportar en la transformación de las intervenciones con mujeres maltratadas. 
5. Puede afirmarse que las mujeres de la muestra presentan características de personalidad que pueden conducir a las mujeres maltratadas, bajo adecuada orientación, a convertirse en personas resilientes. 
6. Lo mismo puede afirmarse con respecto a los altos niveles de espiritualidad, asociados a la resiliencia.
7. Los estudios que miden la violencia doméstica hacen énfasis en las características del agresor o de la víctima, logrando en la mayoría de los casos descripciones de los factores negativos o patológicos sin completarse con la descripción de factores positivos de personalidad que enriquezcan la mirada sobre el problema. En este sentido, se sugiere la utilización de escalas de tal manera que se pueda incrementar la descripción de las mujeres y las situaciones que enfrentan

Referencias bibliográficas
Bonino, L. (1999a). Violencia de género y prevención: el problema de la violencia masculina, en Actuaciones sociopolíticas contra la violencia de género, Madrid: UNAF.
Burin,M., Meler,I. (2000) Varones, género y subjetividad femenina. B.A:Paidós

Corsi j., y Bonino.L. (2003) La masculinidad como factor de riesgo, en Corsi y Peyrú (ed) Violencias sociales. Barcelona:Ariel
Humphreys J. ( 2000)Spirituality and Distress in sheltered Battered Women. J Nurs Scholarsh ; 32(3): 273-278.
Jaramillo-Vélez1, D et al (2005) Resiliencia, Espiritualidad, Aflicción y Tácticas de Resolución de Conflictos en Mujeres Maltratadas Rev. salud pública. 7 (3): 281-292
Korin, D. (2000). Hacia el nuevo siglo. Perspectiva de género en salud, en Medicina Infantil (Revista del Hosp. Garrahan de Buenos Aires - Argentina), Vol. VII, 1

OPS, Unidad de Genero y salud (2003). La violencia contra las mujeres: responde el sector salud. Washington:OPS

Senter K, Caldwell K. (2002) Spirituality and the maintenance of change: a phenomenological study of women who leave abusive relationships. Contemp. fam. Ther ; 24(4): 543-563.

Valentine LN, Feinauer L.L.(1993) Resilience factors associated with female survivors of childhood sexual abuse. Am J Fam Ther ; 21(3): 216- 224.

Velazquez, S (2003) Violencias cotidianas, violencias de género. Buenos Aires:Paidós

Wagnild G, Young HM. (1990)Resilience among older women. J Nurs Scholarsh;
22(4): 252-255.

AUTOR:
Dr Héctor Lamas Rojas
Psic Alcira Murrugarra Abanto
Sociedad Peruana de Resiliencia
sociedadderesiliencia@yahoo.es

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