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Deporte y Política en los tiempos de Fidel Castro
ÍNDICE
I - DICTADORES Y ATLETAS Nadie sabía a ciencia cierta que ocurrió con el deporte haitiano tras su época gloriosa en las Olimpiadas Modernas de París-1924 y Amsterdam-1928, donde la primera república negra del mundo se dió el lujo de ganar medallas olímpicas en las pruebas del atletismo y el tiro. Haciendo un recuento del pasado deportivo haitiano, en los Juegos de Vérano de Francia, los tiradores Augustin Ludovic, Destine Destin, Volborge Ludovic, Metullus Eloi y Roland Astrid ganaron una medalla de bronce, poco después de empatar con los anfitriones. Pero además de esta medalla, Augustin y Volborge Ludovic tuvieron magnificas actuaciones en una de las pruebas del calendario del tiro olímpico. Posteriormente, el 9 de septiembre de 1928, el atleta Sylvio Cator, quien fue miembro del equipo nacional de fútbol de Haití, llamó la atención universal al establecer una marca mundial en la especialidad del salto de longitud, una prueba en la cual ganó la medalla de plata en las Olimpiadas de Holanda-1928. Amante del karate, automovilismo, yatismo y el tenis de campo, "Baby Doc" recordaba con cierta amargura los comentarios negativos que lanzó la prensa internacional por el triste papel que realizaron los fondistas haitianos en el Estadio Olímpico de Montreal en 1976. En aquella oportunidad, los atletas afrocaribeños impusieron las peores marcas olímpicas de todos los tiempos: Lamothe registró en la prueba de los 5000 metros la marca de 18:50,07 minutos, mientras su compañero Charles Olemus corrió los 10000 metros en 42 minutos.Bajo este recuerdo, el jefe de la dinastía Duvalier no vaciló en jugar con la vida de un atleta. Sin embargo, a partir de este momento y hasta el presente, el olímpico Diedonnè Lamothe se convirtió en el símbolo de los atletas que viven silenciosamente bajo los caprichos de los dictadores. Desde luego que no hay excepciones en el universo de las dictaduras tercermundistas. Otro caso es el de Cuba.No hay nadie, entre los dictadores africanos, árabes, latinoamericanos y asiáticos, por ejemplo, capaz de igualar la historia de Fidel Castro. Los testimonios son concluyentes. Alex estaba totalmente agotado y con un rostro patéticamente deshidratado. Tras llegar a las costas del Estado de Florida por intermedio de una balsa, el beisbolista cubano Alex Sánchez había perdido siete kilos de peso a partir de su viaje clandestino desde una playa de la Provincia de La Habana. Durante la Guerra Fría, Alex fue uno de los jóvenes afortunados que no partió a combatir a las extensas junglas de Angola y a los desiertos del Sahel de la República Socialista de Etiopía, ambos países con los peores indicadores de desarrollo humano a nivel de las naciones del Tercer Mundo.Por orden explícita de Fidel Castro, miles de jóvenes cubanos fueron obligados a luchar en defensa de las jóvenes dictaduras pro-soviéticas del continente africano. Los pocos que se salvaban de ir a esta misión irracional eran exactamente los deportistas con destacada actuación en las ligas de la competencia internacional. En este lapso, cientos de jóvenes murieron durante guerras externas, pero otros llegaron a la Isla con enfermedades tropicales y el mortal SIDA. Ciertamente, era el precio que tenía que pagar Fidel Castro por la ayuda soviética. En esos tiempos,la URSS encontró en Cuba una mano de obra muy barata para destinarla dentro de su programa de expansionismo en el África. Al igual que los gimnastas norcoreanos bajo la tiranía maoísta de Kim Il Sung o los atletas sudafricanos en los años del régimen racista del Apartheid, el beisbolista Alex González era sólo un ejemplo del universo de los deportistas que huyen de la dictadura de la Revolución Cubana. Aparentemente, él había sido un joven, formado en el famoso ciclo de la Escuela de Iniciación Deportiva Escolar (EIDE) y la Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético (ESPA), que simpatizaba con los viejos ideales del Comandante en Jefe Fidel Castro, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estados y Ministros. Sin embargo, la verdad era otra: él estaba cansado de la mediocridad y las apariencias de la Cuba Socialista. Con un eterno sueldo de 20 dólares al mes, Alex tenía que hacer muchos milagros para poder sobrevivir en una Isla donde sólo la dinastía Castro Ruz, entre ellos Madame Vilma Espín y Raúl Castro Ruz, goza de un alto nivel de vida. Aquel día de la partida, Alex sabía perfectamente que exponía su vida, y el de su familia, si era descubierto por los agentes del departamento de Seguridad de Estado, quienes vigilan cada paso de los boxeadores, nadadores o ciclistas antillanos. Como el Angka Loeu en los años infernales de la Camboya Maoísta de Pol Pot o los tiempos del KAM de la Afganistán Prosoviética, los agentes de seguridad castrista son tristemente famosos por sus métodos terroristas. Su política represiva se dirige especialmente a los disidentes políticos, periodistas independientes, activistas y deportistas con un agitado calendario competitivo en el exterior. A decir verdad, no es un secreto que los deportistas cubanos se encuentren entre los más vigilados de la Tierra. Aparte de arrojar pérdidas económicas al Estado Socialista, la huida de un atleta antillano multiplica una pésima imagen a la Revolución Cubana. A esto debe añadirse, el atraso deportivo que ocasiona el éxodo de las principales figuras de un equipo: en el 2006, el baloncesto masculino de Cuba clasificó en el puesto cincuenta del ranking global, por debajo de la República Centroafricana (África), India (Asia), Costa de Marfil (África) y Kuwait (Mundo Islámico). Todo parece indicar que esta muy lejos la medalla de bronce que el baloncesto criollo ganó durante los Juegos Olímpicos de Alemania de los años setenta. La misma historia se repite igualmente en el área del fútbol que vive de fracaso tras fracaso en su intento por clasificar a un Mundial de Mayores. Pero lo peor de todo es que hay quienes han progresado con menos recursos que el presupuesto deportivo castrista: Togo, Ghana, Angola, Costa Rica, Trinidad Tobago, Jamaica, Ecuador, Costa de Marfil, Senegal y Paraguay. De hecho, el gobierno castrista ha adoptado medidas radicales para frenar todo intento de deserción atlética. Hace poco, Fidel Castro tomó la decisión de solo enviar a dos leales deportistas-revolucionarios a los tradicionales Juegos Mundiales Universitarios de Sudcorea, el tercer circuito más importante del ciclo olímpico del deporte cubano. Sin embargo, el Comité Olímpico Castrista decidió cancelar la participación nacional cuando la ciudad surcoreana de Jeje fue escenario del Campeonato Mundial de Judo Juvenil. Era la primera vez que los yudocas cubanos no participaban en una alta competencia mundial desde el año 1985.Con seguridad, las autoridades castristas temblaban de miedo por llevar una numerosa delegación deportiva, como siempre lo hacen, dentro del ambiente de una de las naciones de mayor democracia alrededor del Tercer Mundo. Sin embargo, la ola de nuevas deserciones incluyen a los futbolistas Odelin Molina y Mikel Galindo. Nacido en La Habana el 3 de agosto de 1974, el arquero Molina fue uno de los héroes de la clasificación antillana a los Cuartos Campeonatos Mundiales de Fútbol Infantil de Roma Italia-91, sin lugar a dudas el acontecimiento más importante en la historia del balompié de la época de la Revolución Cubana.
II-DEPORTE Y POLÍTICA EN CUBA Julio , 1987, La Habana, Cuba. La selección masculina de voleibol de Cuba se concentra para la gran final del Torneo Norte-Centro y del Caribe de Voleibol (NORCECA). Inmediatamente, llega el Comandante, vestido con su eterno traje militar-olivo. Si hay un personaje que encarne a la perfección el espíritu absolutista de un dictador tercermundista, ese es sin duda Fidel Castro, quien ya tiene 79 años de edad. El entrenador Gilberto Herrera reúne a los voleibolistas para oír los consejos del viejo líder. No era la primera vez, ni fue la última, que Castro intervenía en los destinos del deporte nacional. Su currículum es impresionante: En la década de los años ochenta, prohibió el envió de delegaciones atléticas a las Olimpiadas de los Estados Unidos-84 y Sudcorea-88.Con seguridad, el discurso de Fidel estará siempre sonando por el territorio antillano: "La Revolución Cubana ha logrado empujar al deporte nacional a los primeros planos internacionales. Ahora o nunca, ustedes tienen la alta responsabilidad de derrotar a los norteamericanos". De hecho, los voleibolistas estaban acostumbrados a las frecuentes visitas de Fidel Castro y de su hermano Raúl. Derrotar a los estadounidenses no era tarea fácil: el equipo de Doug Beal era nada menos que medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984, además de campeón del Campeonato Mundial Francia-86. Por supuesto nada cambio. Se inició con un plantel perfectamente diseñado desde los Mundiales de Buenos Aires 1982.Era un cuadro con gran experiencia en las canchas de las desaparecidas repúblicas socialistas de Europa del Este. Horas más tarde, en presencia de Fidel Castro, bloqueando fuertemente sobre la malla, Cuba lograba derrotar a los Estados Unidos por el marcador de tres sets contra dos...Era el resultado de una política dictatorial que concede al deporte el segundo mayor presupuesto gubernamental, sólo superado por el rubro destinado a las fuerzas armadas...Un punto muy valioso en la propaganda del Comandante, quien a pesar de ser el dictador más viejo del planeta, quiere maquillarse cada vez menos a un tirano extraído de las sangrientas páginas de la historia zaireña, tal vez al corrupto y despiadado Mobutu Sésé Seko, y cada vez más a un nuevo líder democrático las naciones del Sur. Para conseguir dicho objetivo, no dudo en adoptar al deporte como parte de su estrategia dictatorial. Al margen de las deserciones, el deporte cubano esconde un triste historial en materia de presiones gubernamentales, explotación propagandística, lesiones de por vida, pobreza, drogas, matrimonios forzados y el abusivo retiro de nacionalidades. A decir verdad, nunca se había visto nada parecido desde los tiempos del gobierno totalitario de la desaparecida Alemania del Este. De hecho, la mejor reflexión sobre el verdadero rostro del deporte cubano lo realizó el deportista desertor José Pérez : "Los atletas cubanos son esclavos del sistema. La mayoría de ellos le tienen que entregar al gobierno el dinero que cobran en campeonatos internacionales. Las autoridades deportivas les prometen casa, carro y comodidades.En estos momentos los dirigentes deportivos están explotando el rendimiento de los atletas sin mirar si el nivel de nutrición cae por debajo de las exigencias naturales. Esto trae como resultado que los deportistas corran el peligro de sufrir lesiones graves." No es ninguna novedad que durante los 46 años de gobierno unipersonal, Fidel castro explote sin piedad a los deportistas de la mayor de las Islas de la Cuenca del Caribe. Mientras que en todos los países civilizados de la Tierra, incluyendo Eritrea o Bulgaria, los deportistas tienen la libre opción de adoptar otra nacionalidad, esto en la Isla es considerado como un "acto de traición" contra la Revolución. A través de las últimas cuatro décadas, cientos de deportistas, entre ellos basquetbolistas, futbolistas, esgrimistas o karatecas, han adoptado diversas nacionalidades. A pocos años de la llegada del nuevo siglo, la extraordinaria atleta africana Eunice Barber, originaria de Sierra Leona, tal vez el país más pobre de la Tierra, se convirtió en ciudadana francesa. Más adelante, el pesista ruso Boris Burov, medalla de oro con el equipo soviético en los Mundiales Juveniles de Sarajevo, abrazo sin mayores problemas la divisa de Ecuador, un país democrático desde el año 1979.Bajo la bandera del país sudamericano, Burov ganó varias medallas en numerosos torneos internacionales, incluyendo los Juegos Panamericanos de Canadá-99. En esa misma década, Hungría, ex república socialista de Europa Oriental, no puso mayores obstáculos cuando uno de sus hijos, el tirador Atila Solti, decidió ser un ciudadano de Guatemala, uno de las naciones más pobres de Latinoamérica. Fidel Castro justifica la falta de libertad de los deportistas cubanos sobre la base de que el Norte se esta llevando a los mejores deportistas del Sur o el Tercer Mundo. A decir verdad, no es una teoría muy sólida. Primero, por que muchos deportistas tercermundistas nacionalizados estadounidenses o franceses han obtenido resultados discretos. Como el waterpolista puertorriqueño Carlos Stephens, la atleta guyanesa Inniss Jennifer, especialista en carreras cortas y salto largo, se nacionalizó norteamericana, pero lamentablemente en los siguientes años no pudo repetir sus marcas, especialmente en los Juegos Olímpicos de Los Àngeles-84, logradas bajo los colores de Guyana, una ex colonia británica al norte de Sudamérica. Segundo, existen algunos casos de deportistas del Norte que han representado con gran honor a numerosas naciones del Sur. A fines del siglo XX, las hermanas Sylvia y Claudia Poll, de padres germanos, defendieron la divisa nacional de Costa Rica con gran éxito internacional: entre los años 1987 y 1988, la nadadora Sylvia Poll fue nombrada la "Mejor Deportista de América Latina", desplazando a los ilustres Diego Armando Maradona, Anthony Conrad Nesty y Ayrton Senna. En los siguientes años, su hermana Claudia asombro a propios y extraños cuando finalizó en el primer lugar de la final de los 200 metros libres del Torneo de Deportes Acuáticos de la Olimpiada de Atlanta-96. Nadie podía creer que la hazaña deportiva de un pequeño país centroamericano guardaba sus raíces originales en Alemania
III -EL EJEMPLO DE COREA DEL SUR Eran los años en que Corea del Sur no solo vivía la fiebre de su éxito económico sino también una gigantesca ola de consecutivos triunfos deportivos internacionales en escenarios extranjeros y nacionales. A partir del año 1980, la República de Surcorea sorpresivamente empezó a escalar importantes posiciones en el circuito del deporte global, desplazando a naciones como Francia, Japón, Canadá e Italia. En Tokio, los surcoreanos lograron el segundo lugar del Campeonato Mundial de Béisbol, tras una inesperada victoria sobre los anfitriones. En tanto, los boxeadores anfitriones Oh Hwang Soo y Moon Sung-Kil se alzaron con las medallas de oro en el Torneo Mundial de Seúl-82. Todo parecía indicar que atrás quedaban los tiempos en que el pequeño país asiático solo era conocido por la astucia de sus voleibolistas y la magia ancestral de sus atletas del taekwondo. Como ningún otro país de la famosa corriente de los Dragones Asiáticos, Sudcorea no dudo un instante en invertir millones de dólares en beneficio de la construcción de supermodernos complejos deportivos y enviar delegaciones nacionales alrededor del planeta.Tras los Juegos Olímpicos de Verano de Seúl, el modelo deportivo surcoreano estimulo el desarrollo deportivo en China Continental, Hong Kong, Tailandia, Taiwan y Malasia. Así, Kuala Lumpur, la enigmática y moderna capital malaya, fue sede de varios eventos deportivos internacionales en los años noventa, incluyendo los Juegos de la Mancomunidad Británica. De hecho, el deporte surcoreano surgió a partir de la sombra de los gobiernos autocráticos, mas logró su consagración absoluta con la llegada de la democracia constitucional. A partir de ese entonces, se asistió a la presencia del mayor ejemplo deportivo en la historia de un país de la región del llamado Tercer Mundo, un paradigma que sepulta por completo el viejo modelo deportivo de la Revolución Cubana Con alrededor de diez títulos olímpicos y doce medallas de plata, el deporte surcoreano ocupo el noveno lugar en las Olimpiadas de Atenas-2004. Con anterioridad, en los Juegos de Sydney-2000, el equipo nacional de hockey sobre césped masculino ganó la medalla de plata, un hecho casi impensable hasta inicios de los años noventa, cuando los surcoreanos eran apabullados fácilmente en sus encuentros con la India, Pakistán, Malasia y Japón en el marco de los torneos regionales asiáticos. En tanto, el equipo de Sudcorea arraso con el 70 por ciento de las medallas de las competencias de la arquería, incluyendo los tres primeros lugares en la categoría individual mujeres. De la misma forma, el esgrimista Young Ho Kim se convirtió en el primer campeón olímpico no europeo desde los años del inmortal y legendario Ramón Fonst, el mejor deportista de Cuba y de América Latina de todos los tiempos. Sin embargo, lo mejor estuvo en el séptimo puesto logrado en los Juegos Olímpicos Invernales de Turín-2006. Con una tradición deportiva invernal inexistente, los atletas surcoreanos causaron el mayor milagro deportivo mundial al cosechar seis medallas de oro, tres de plata y dos de bronce, superando a fuertes y experimentados equipos de Suiza, Italia, Francia, Noruega y la República Popular de China. Hasta fines del decenio de los ochenta, el deporte invernal de Corea del Sur no había conquistado ninguna medalla en la historia de las quince primeras ediciones de las Olimpiadas de Invierno, pero la historia cambio por completo cuando el gobierno democrático de Kim Young-sam otorgo al deporte interés nacional. Con plena seguridad en el siglo XXI, Surcorea no solo tiene el mejor sistema educativo del mundo sino igualmente uno de los primeros sistemas deportivos.un ejemplo que deben emular muchas naciones del Tercer Mundo.-
FUENTES:-
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